Pertinencia, bendita pertinencia

No importa qué escriba y cómo lo escriba. No importa el esfuerzo supremo que haga para no dejar ningún vacío discursivo o escribir la expresión perfecta. No importa si cree que sus ideas tienen el máximo de coherencia y cohesión, y que podrán defender con audacia su punto de vista. Si logra tal cosa, a lo mucho, se convertirá en una cosa admirable, en una moda impresionante, pasajera. Y tal vez tarden décadas, quizá siglos —hay muchos ejemplos en la historia—, pero tarde o temprano sus ideas caerán. Siempre caen. Todas caen. Pero eso ya lo sabe. Recordemos que ya Sócrates estuvo discutiendo sobre eso con el ilustrísimo Fedro (uno de los grandes estetas de su época), hace muchos siglos:

Pero, cuando llegaron a lo de las letras, dijo Theuth: “Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un…

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