Buceando debajo del iceberg

Buscando archivos para una investigación —de esas galladitas que salen de repente— me topé con un foro de la deep web (del cual espero que a estas alturas ya no quede ni el menor rastro) donde compartían de los temas más variopintos: teorías de la conspiración, supuestos avistamientos, “pruebas” de la planificación de futuras guerras, fotografías “reveladoras” de cosas que están ocurriendo en el mundo, videos de crueldad animal y en fin… todo un caldo de cultivo para perder fe en la humanidad. Yo había llegado a cazar cables (que en ese momento eran toda una sensación, pero faltaba que salieran a la surface) y necesitaba un par de PDFs. Buscar de foro en foro —y en sus respectivos subforos— fue toda una lección de resistencia y estoicismo personal. En alguno de todos esos sitios oscuros, uno en particular donde encontré atrocidades que me reservaré comentarlas, me topé con el comentario de alguien que usaba un avatar de Harley Queen y su alias eran caracteres al azar. Palabras más, palabras menos, la idea era más o menos así:

La vida duele y al final solo somos un pedazo de carne. Siempre he creído que venimos de otra parte y que quizá allí fuimos malos y que por eso nos condenaron a este infierno que llamamos vida. Somos megalómanos, orgullosos, vanidosos y egoístas. Todos somos malos, así que todos estamos condenados a estar aquí y sobrevivir. Y a pesar de eso, a todos nos espera la muerte, a la cual tememos o ignoramos, y los que estamos aquí la vemos todos los días para recordarnos que esa es la que nos espera, ya sea por una simple bacteria o por una forma cruel de morir.

Ese comentario tenía por lo menos 700 respuestas. Es obvio que no iba a ponerme a leerlas todas, aunque leí algunas y también me sentí movido a responder. No lo hice, porque siempre estuve consciente que sin un buen proxy y otros sistemas básicos de encriptación, lo más lógico era quedarse como buen observador y no dejar ninguna huella por aquellos lares. Mi conclusión personal era que él seguramente pasa demasiado tiempo en ese lugar y ahora su fe en la humanidad estaba perdida. Y no lo culparía, porque no hay que ir a la deep web para darse cuenta que estamos mal. En un país como el nuestro basta con ingresar a cualquier portal de noticias, o encender la televisión, o mirar los periódicos. Y conocemos sitios como… naaah, mejor no mencionar nombres ni hacer publicidad.

La idea de considerar esto que llamamos vida como una existencia infernal o celestial es demasiado seductor, y sin embargo se me antoja la idea demasiado maniqueísta y reduccionista. La vida es deseo, impulso, persistencia y resiliencia, como bien creyeron Chaplin y Walt Withman desde diferentes puntos de vista. La moral la ponemos nosotros y solo nosotros podemos responder por esos actos. Nosotros decidimos si será celestial o infernal.

Considero que ya he visto demasiadas cosas como para creer en las personas como bien lo habría hecho hace solo siete o nueve años. En el camino he perdido demasiada inocencia hacia la vida, aunque de vez en cuando me reconozco ingenuo e idealista, no sé hasta qué punto con vergüenza interior o esa pequeña espinita del sentido del ridículo. Y a pesar de todo eso, no puedo evitar querer, creer, esperar y amar. Y una y otra vez sentiré decepción, me sentiré defraudado (“me habéis timado” decía con la voz casi quebrantada y a punto de llorar un personaje “X” en una película “X”), pero como un río que no se detiene, de nuevo volveré a querer. ¿Qué nos dota de esta clase de sentimientos? Aunque si usted con facilidad olvida, deja de querer y todo lo demás, me imagino que le resultará difícil creerme, ya no digamos comprenderme. Entender sí, comprender va más allá… sé que ya lo sabe pero debo reiterarlo, porque es bueno ponerse en los zapatos del otro antes de solo pensar “este sigue pensando como un niño”.

Ese día encontré lo que buscaba y jamás volví a ese sitio. Recuerdo que ese día completé los anexos con el material que necesitaba, lo envié por correo y le dije a la persona que el material que conseguí implicó demasiado de mi parte, por lo que no podría volver a responder por un encargo así. La persona comprendió y no solo eso, sino que días después me pagó con suficiente generosidad. Como había confianza le conté mi experiencia y me dijo que no conocía a nadie más que le pudiera encontrar esa clase de información. Me lo hubiera tomado como un halago, pero comprendí que en verdad no conocía a ningún topo.

Volviendo a esa noche, después de la entrega, jugué con mi hijo hasta las 10 p. m. y esperé a que se durmiera. Esa noche no pude navegar, ni leer, ni escribir y ni siquiera pude cumplir mis deberes maritales. Esa noche nacieron muchas ideas pero de la misma forma en que nacieron las dejé morir. Hasta el momento no me arrepiento de eso. Como dije arriba, las ideas del tipo maniqueístas suelen ser seductoras… y si uno tuvo su etapa sartreana el absurdo puede verse todavía más claro. Pero el mismo Sartre habla de la responsabilidad individual (no puede faltar la frase de cajón: “Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros”), por lo que debo comenzar por creer en lo que soy.

Es por eso que aunque esté equivocado, aunque la humanidad se vaya a pique, aunque usted me considere ingenuo e idealista, no puedo evitar apreciarlo, quererlo, pensarlo y tenerlo en mente. Y si tiene cinco o más años de conocerme, quiero que se dé cuenta que yo sigo aquí y sigo creyendo en usted. Si tiene 10 años de conocerme, dese cuenta que más del 30 % de mi existencia lo he pasado a su lado, y que no es solo un hecho trivial, una vivencia más. Y a quienes tengo más de 15 años de conocer y compartir, ¿qué les puedo decir? En verdad, en verdad se me acaban las palabras… me entra un extraño calorcito en la garganta y siento vértigo. Sé que eso me hace ver sentimentaloide, pero qué le voy a hacer: a estas alturas no puedo avergonzarme de mis sentimientos.

Y resulta que este día me levanté demasiado pleno y con deseos de abrazar. A mis más allegados, ya lo saben: los amo demasiado y no pierdo la fe en ustedes. Si esto es infernal o celestial, me alegra que formen parte de este viaje. Y si solo es lo que nosotros hacemos con lo que hicieron de nosotros, entonces creamos un poquito más. A veces eso es un buen inicio para tratar de mejorar un poco las cosas.

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