Eleutherios como salto hacia el abismo

Los cultos micénicos y minoicos añadieron a su panteón a un dios que ellos llamaban “el extranjero”. Esto se sabe por tradiciones orales y por fuentes que apenas recogieron lo que se sabía; es decir, esto solo puede saberse se de oídas y jamás tendremos certeza de su veracidad. Así que si usted gusta solo sígame la corriente.

Los antiguos griegos supieron de ese dios “extranjero”, que era llamado así porque fue asimilado, adoptado de otras culturas… un dios que se pierde en las arenas del tiempo, de quien no puede tenerse noticia primigenia y pareciera ser que siempre estuvo ahí, desde que habitaron los primeros seres humanos. Cariñosamente los antiguos griegos le llamaban Eleutherios, pero los siglos se encargarían de asimilarlo, sincretizarlo, darle genealogía y añadirle origen y propósito. Le adjudicarían proezas y virtudes, juicio y capacidad de premio y castigo, y todas las características que un culto necesita como los rituales, oraciones, iniciaciones y consagración para los más devotos. Hasta antes del advenimiento del cristianismo llegó a ser uno de los más importantes de todo el panteón mediterráneo y gozó de muchos nombres.

Los griegos le llamaron Baco y los romanos Dioniso. Eleutherios (“el liberador”) se convirtió en un adjetivo y uno de sus atributos (del cual gozaría también el dios Eros), y todos comprenderían en cualquier contexto el porqué.

El estado de la embriaguez, el cual solo puede experimentarse a nivel individual y que nadie puede contarle a otro, se consideró un proceso que toda persona debía vivir. Es como cuando alguien nunca ha nadado, navegado, besado: quien nunca había pasado por eso, se le consideraba “chiquillo”, porque no sabía que en el culto dionisíaco había algo de purificador.

Con la llegada del  cristianismo se aniquiló a Dioniso de un tajo. Bueno… se aniquilaron a todos los dioses de los distintos panteones y se sustituyeron por nombres de santos, y etc. No quiero entrar en polémica al respecto y prefiero no ahondar en ello por ahora.

Pero sí quiero destacar el proceso que los griegos documentaron, el cual seguramente comprendieron todas las civilizaciones que nos anteceden, pero que solo los griegos dejaron ampliado para la posteridad (y otras culturas con pequeños aportes). La embriaguez como breve acceso a otro yo, un yo diferente al que provoca el Soma y cualquier otra sustancia psicotrópica. Un yo de ensueño (que no por ello deja de ser peligroso), el cual nos lleva en un alegre hechizo a todo sentimiento que somos incapaces de afrontar cotidianamente, porque tenemos un superyó que nos impone las reglas de la moral y de la ética que asumimos, en una eterna lucha de lo que está bien hacer y lo que no. Una lucha individual donde entra en juego la integridad y donde muchas veces la mente dice una cosa y el cuerpo hace otra, porque la sociedad lo exige o vaya uno a saber en cuanto a las verdaderas motivaciones.

Pero el yo del Eleutherios… ese yo licencioso que permite la aparición no necesariamente de las bajas pasiones o del “verdadero yo” como prefieren categorizar quienes no beben, como una forma de descalificación a quienes se prestan al juego del vicio. No. El yo del Eleutherios nos da acceso a un yo que actúa diferente en circunstancias diferentes, pero que se encuentra desinhibido. ¿Un verdadero yo? No lo creo. Esa es una calificación injusta. ¿Un yo fuera de control? Es tentador el sí contundente, pero sí: un yo que se sale de los parámetros cotidianos de control, sí. ¿Un yo que la sociedad condena? Desde el siglo XIX hasta la actualidad, sí, y con mucha fuerza… y sin embargo es un yo que ha sobrevivido a Leyes Secas, prohibiciones y condenas. Es un yo que sobrevive desde el principio de la comunidad humana.

No apruebo ni desapruebo la búsqueda del Eleutherios. Creo que a otros les atañe emproblemarse en esos embrollos y perdóneme si eso le cambia el punto de vista sobre mi persona. Lo que sé (y soy de los que abogan por el supremo derecho al conocimiento y que no se me oculte nada) es que es un yo que nos ofrece un punto de vista hermoso (sí, hermoso), pero que es equivalente a acercarse a la vista panorámica de un abismo, en el cual si nos descuidamos y nos seguimos acercando cada vez más, nos espera únicamente la inevitable caída. Y no es un punto de vista moralista. Todos sabemos que es la verdad y siglos de historia de caídas y destrucción respaldan ese argumento.

¿Entonces cuál es el meollo de la cuestión? Ya sabemos lo malo y sus consecuencias. Lo siguiente que voy a mencionar no es “lo bueno” ni es una posición clara sobre apoyar esto o lo otro. No. Es solo conocimiento. Nunca he probado drogas fuertes, por ejemplo, pero conozco los pormenores y lo necesario que se puede saber mediante fuentes documentales clásicas. Es conocimiento. Solo conocimiento. Y el conocimiento no se juzga per se, aun si este viniera de primera mano.

Se cree que un porcentaje superior al 50 % de quienes beben (me atrevo a pensar que debe ser  superior al 75 %) solamente se marean y a veces vomitan, y otras veces crean resistencia a la bebida y se mantienen mareados durante un buen tiempo, el cual a veces puede ser horas. Pero eso es todo. Su mareo puede servir como excusa para comportarse como se les dé la gana y muchas veces es un ancla para justificar toda clase de comportamiento. Estoy seguro que usted conocerá el caso de alguien que tomó la excusa de hacer o cometer algo. Y que se acuerda perfectamente.

Pero el porcentaje restante (digamos que el 25% o menos) se marea y bla, bla, bla… le ocurre todo lo anterior mencionado… pero llega un tiempo, en una de esas ocasiones en las que se embriaga, que tiene acceso a un mundo diferente… y las cadenas se caen y ve la realidad con otra óptica, donde las cosas no duelen, donde el sentimiento parece claro y las emociones pueden dominarse al menos en el interior, porque muchas veces de lo que se pierde el control son de las acciones prácticas, como si la persona fuera un niño de 4 o 5 años, quien actúa por lo desdibujado que se encuentra en su interior, lo que lo empuja a actuar sin medir las consecuencias. Muchos borran “el tape” o “el cassette” (como escuchará en la jerga tabernera). Otros tendrán escenas borrosas. Otros tendrán la conciencia vaga y no comprenderán de corazón por qué hicieron esto o lo otro. Más de alguno cometerá una locura y se arrepentirá. A veces será tarde.

Otros lo lamentarán de corazón y se molestarán consigo mismos, como regañando a ese yo.

Pero ese pequeño porcentaje ha marcado en su interior un antes y un después, y por eso puede considerarse como un abismo, independientemente del punto de vista moral, o si se quiere, para ser más rigurosos, desde el punto de vista científico, ya que beber trae graves consecuencias para la salud y crea una peligrosa adicción.

Ese pequeño porcentaje sentirá la terrible tentación de buscar el otro yo. Solo una vez más. Solo una vez. Muchos de ese porcentaje terminan en las calles (aunque también hay quien termina en las calles porque solo conocieron el mareo, sin haber tenido acceso al otro. No se crea. Hay demasiadas variables en juego y por eso es legítima la lucha de quienes condenan la bebida, ya que se han visto demasiadas tragedias no solo en lo inmediato, sino a lo largo de la historia) y otros como mínimo hasta se alegran el día que planearon beber.

Justificar si beber o no beber… en ningún momento me daría un chapuzón en semejante fango. Que otros lo hagan. Y si alguien siente el deber moral y espiritual de hacerlo, lo felicito. Es una acción contundente, es tomar parte en un bando. Eso siempre es loable. Pero yo me aparto y espero que mi comentario no se preste a malinterpretaciones. Creo en ambas caras de la moneda y por eso nació la idea de escribir esto. Ni aprobar, ni condenar: tengo ese derecho. Si no sabía mucho de lo mencionado, ahora comprenderá un poco lo que siente esa persona que lo hace, aunque eso esté moralmente incorrecto o no se justifique.

Ojo… es aprendido distinguir entre quienes se marean y quienes encuentran al Eleutherios. Esto lo digo no para que se tome la tarea de aprender a distinguirlos. Lo digo para que nadie lo engañe. El conocimiento es poder y es bueno estar consciente incluso de estas trivialidades. De todos modos, si en su entorno y su mundo usted ve a estas personas allá, detrás de un muro de cristal, a lo mejor aprendió algo nuevo. Y eso también es importante.

Lo más fundamental de todo eso, más allá de su punto de vista moral y espiritual, es no juzgar. Todos tenemos distintas formas de aprendizaje. Algunos necesitamos sobrevivir a ciertas caídas. Lo sé por experiencia. Todo consejo siempre es bienvenido. Pero toda condenación le corresponde a alguien más.

Es bueno estar consciente de eso.

3 comentarios en “Eleutherios como salto hacia el abismo

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