El legítimo derecho a desaparecer

El mundo de aquí y de ahora, sin importar de qué parte del planeta provenga, tiene un elemento que nos es común a todos: el sistema de dar y recibir, el sistema de hacer y obtener; o bien, puede denominarse el sistema de la recompensa: yo hago algo a cambio de algo… no puedo hacer algo sin obtener nada, ya que si no obtengo nada por ese algo, sería totalmente injusto. Pero de hecho, no obtener nada es algo bastante común, por lo que muchas veces decidimos no hacer algo, precisamente porque de ese algo no obtendremos nada. Y se nos ha enseñado que siempre debemos obtener algo, sea como sea, porque en teoría es lo justo.

Pienso en todas esas ideas redundantes justo ahora, porque un día decidí a cerrar casi todas mis cuentas de redes sociales, hasta llevarlas al mínimo necesario: aquellas que justamente me están siendo útiles para mi trabajo y en las que no necesito publicar nada (excepto esta, pero no tengo ni un mes de tenerla y sus motivaciones son otras). Pero en un momento determinado, pensé: “Pero por qué cerrarlas, igual, de aquí obtenés información que te resulta útil y podés estar pendiente de familiares y amigos”. Y luego me resultó difícil dilucidar las razones por las que estaba haciendo eso (en su momento, cuando cerré otras cuentas), y solo pude llegar a las siguientes conclusiones:

  1. La mayoría de redes sociales son tan adictivas, que en verdad me estaban haciendo perder mucho de mi tiempo.
  2. Cada día, aunque no con mucha ansiedad, pero sí con un poco de acondicionamiento, esperaba que mis publicaciones generaran ruido, un like, un comentario o algo. La indiferencia es la muerte de cualquier publicación.
  3. En un momento determinado, las redes sociales me hicieron sentir más solo.
  4. Llegué a un punto en que quería ejercer mi derecho a borrar mi pasado. No es que me avergüence de las publicaciones de hace seis o siete años, pero creo que tengo derecho a olvidarlas, a que desaparezcan todas como parte del flujo natural de las cosas.
  5. Entre mis agregados, seguidores y todo lo demás, ya habían demasiadas personas que ni sé por qué tenía una sola vinculación siquiera. Hace tiempo que están fuera de mi vida y no siento que sea importante mantener un solo vínculo con ellas. Y eliminar personas en las redes sociales siempre es mal visto… y como eran demasiados, mejor decidí marcharme: ¿no es eso más práctico?

Quizá para quien esté leyendo esto me haga ver inmaduro: tanto las razones, como el hecho de estarlas escribiendo en una entrada de blog perdido en la nada, y mucho más en la plataforma a la que tanto se alude. A lo mejor le dé la razón y realmente todo esto sea tonto. Pero, ¿sabe? Desde que lo hice me sentí mucho mejor. No encendí mi computadora por las mañanas esperando notificaciones de algo o mensajes inútiles. Dejé de experimentar la ansiedad de quienes deciden ignorar mis mensajes porque tal vez están más ocupados en los juegos o respondiendo tonterías en publicaciones relacionadas a los espectáculos. Ahora me pongo de acuerdo de otras formas, o si tengo cerca a las personas, procuro disfrutarlas más, porque no soy un simple agregado y trato de remarcarlo. A veces me da por dejarme extrañar y dejo que las cosas se den a su tiempo.

Quizá para quien esté leyendo esto me haga ver inmaduro: tanto las razones, como el hecho de estarlas escribiendo en una entrada de blog perdido en la nada, y mucho más en la plataforma a la que tanto se alude. A lo mejor le dé la razón y realmente todo esto sea tonto. Pero, ¿sabe? Desde que lo hice me sentí mucho mejor. No encendí mi computadora por las mañanas esperando notificaciones de algo o mensajes inútiles. Dejé de experimentar la ansiedad de quienes deciden ignorar mis mensajes porque tal vez están más ocupados en los juegos o respondiendo tonterías en publicaciones relacionadas a los espectáculos. Ahora me pongo de acuerdo de otras formas, o si tengo cerca a las personas, procuro disfrutarlas más, porque no soy un simple agregado y trato de remarcarlo. A veces me da por dejarme extrañar y dejo que las cosas se den a su tiempo.

Cuando cerré mi cuenta pasada, al principio me sentí profundamente solo, pero por otro lado noté que tenía más tiempo… tanto fue así, que por poco me animaba a un par de cosas que antes ni consideraba. Quizá era muy adicto a las redes (considero que no, pero no debo descartarlo del todo, ya que uno mismo puede pasar  desapercibidos esos detalles), pero ahora, además de mi trabajo, hago tiempo para leer, escribir y realizar otros oficios cotidianos que me corresponden. En suma, me di cuenta que también debo aprender a disfrutarme de formas que había dejado de lado. He aprendido a mesurarme.

Cuando cerré mi cuenta pasada, quedó mucho de lo que no me estoy enterando… y si me entero, lo hago tarde. Pero, ¿será importante enterarme a los dos minutos de algo que no puedo cambiar? Si algo atañe a mi realidad inmediata, al menos hasta ahora, confío en que existen muchas otras maneras que no necesariamente están relacionadas a las redes sociales. El resto de cosas, que están fuera de mis manos, pueden esperar hasta que salgan en el periódico, las vea en mi casa o trabajo, o bien, hasta que alguien me asombre y me lo cuente, como podía ocurrir con normalidad hasta hace unos 10 años.

Supongo que seré más ignorante de los chistes, memes y publicaciones de moda… estaré anticuado con todo ese incesante flujo de absurda información. Pero a cambio, me daré un poco más de espacio, paz y tranquilidad. La vida no nos alcanza para saber tanto y con propiedad. La información puede disfrutarse si la aprendemos bien y si lo hacemos a nuestro ritmo. Sobreviviré sin tantas conexiones a las redes sociales: ellas no pueden ni deben determinar mi vida o la condición de mi existencia.

Por eso mencioné la idea de las recompensas al principio: nos volvemos adictos a los likes, a la aprobación, al flujo infinito de dar y recibir, aunque el ejercicio sea estéril e inútil. Si no somos recompensados entonces nos da una ansiedad, al principio pequeña, pero luego más y más grande e incontrolable.  El sistema de recompensas se aplica a otros aspectos de la vida… pero esa, por ahora, es otra historia…

Aunque la tentación es fuerte para estar aquí (y ni yo entiendo a veces por qué me levanto cada día y sigo escribiendo), y más fuerte la tentación de caer de nuevo en las todas las conexiones que se me ocurran (hoy las mantengo al mínimo), la principal razón que me hizo volver aquí fue que mi hijo me comentó un día de estos: “Papi, te busqué en Facebook y no te encontré”. Al principio me molesté porque me pareció ilógico que él tenga acceso a las redes sociales, por las mil y un razones que no discutiré ahora. Pero con él me tragué la molestia y solo le dije: “Vaya, hijo, voy a abrir una cuenta para que podás ver tus fotos y para que podás verme cuando querrás (sic)”.

No me gustan las fotos y todavía no actualizo la de mi perfil. De todos modos la que tengo no quiero quitarla porque forma parte de uno de los momentos más gratos que he vivido. Pero por Ulises, en su momento, quizá llene estos espacios con estampas que él también pueda disfrutar.

6 comentarios en “El legítimo derecho a desaparecer

  1. “Sobreviviré sin tantas conexiones a las redes sociales: ellas no pueden ni deben determinar mi vida o la condición de mi existencia” te cito porque estoy totalmente de acuerdo contigo, de hecho coincido con la mayor parte de lo expuesto en esta entrada pero no voy a copiar todo XDD. También creo que si debes enterarte de algo lo harás de una u otra manera, prefiero la sorpresa a la inmediatez. La reflexión a la indiferencia por la saturación de información. Muy buen artículo, saludos 🙂

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    1. ¡Gracias! Lo cierto es que la angustia por los likes, o esa necesidad de conectarse con todo el mundo, ver cientos de vidas, estar al día con los memes… todo eso nos quita un poco de ese espacio íntimo de la autorreflexión. Creo que por eso muchos huimos a plataformas como WordPress. Por cierto, me gusta tu blog. Gracias por pasearte por esta isla.

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      1. Gracias, también me gusta tu espacio 🙂 Siii por eso vine a WordPress donde me puse en contacto con bloguers que admiro y conocí a otras personas geniales. Saludos.

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