El rostro que no fui capaz de describir

¿Alguna vez tuvo una pesadilla tan vívida que pasó días pensando en ella?* ¿Ha soñado con personas que nunca ha visto en su vida? Bueno, si es así a lo mejor comprenderá mi caso, aunque considero que el mío es bien particular, no porque sea único (investigando por mi cuenta me he encontrado con cientos de casos peores y algunos verdaderamente graves) sino por las características y porque no conozco a una sola persona, al menos de primera mano, que le haya ocurrido algo similar. Me ha pasado que hay a quienes les cuento lo ocurrido y luego resulta que si no lo han vivido al menos conocen a alguien que pasó por algo 10 veces peor y que está bien, y que todo blue. Nunca entendí la razón del porqué hay personas que hacen eso, pero no negaré que me da la impresión que quien actúa así intenta invalidar mis sentimientos. Curiosa la idiosincracia nuestra, ¿verdad?

Toda mi vida he tenido crisis del sueño. Desde mi más remota memoria (y mis papás me lo han confirmado, así que hablo con fuentes verificables) vi cómo apagaban las luces de la casa, luego de un buen rato escuchaba gente roncar, y luego de un rato más largo e “infinito” veía apagarse hasta las luces del pasaje (seguramente los focos exteriores de los pocos vecinos alrededor), y ya en la completa oscuridad meditar, meditar, hasta que por fin de puro cansancio cerraba mis ojos. Tengo recuerdos de algunos de esos sueños de infancia, pero no son el tema de esta ocasión.

Más de alguna vez (de esas cuando era niño) comenzaba a recordar lo hecho durante el día y jugaba con cualquier cosa que me llevara secretamente a la cama: corcholatas, fósforos, calcomanías sucias y pegajosas que sustituían muñecos… en fin… quizá llegó un punto en que hacía demasiada bulla, aunque procuraba susurrar o jugar en silencio. Un día mi mamá me descubrió y me castigó por no dormirme. Pasó una temporada (lo recuerdo muy bien) donde ella esperaba a que me durmiera y yo no lo lograba. Incluso llegó a excederse un poco, pero a la fuerza, ¿quién puede dormirse? Pero no es justo que hable de ella sin que pueda leer esto. Mejor paso a lo mío.

Pasaron los años y para todos llegó a ser normal mi vida nocturna. Eso pueden preguntárselo a mis papás, hermanos y amigos más cercanos. También puede ver las eternas ojeras que me acompañan. El mal del sueño es algo que no pudo solucionar ningún médico.

Pero entre el año 2008 y 2012 el problema del sueño se convirtió en un verdadero martirio. Como dije al principio, hay personas a quienes les he contado acerca de esas fechas y optan por no creerme o contarme casos peores, como si eso fuera consuelo. Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato.

Casi todos los días, salvo un par de excepciones, tuve pesadillas. A veces hablaba dormido y otras me lamentaba profundamente. Lo correcto habría sido ir a un psicólogo o algo así, pero esa época coincide con otra etapa de mi vida que muchos ya conocen. No había tiempo para enfermarse. Mi vida era una emergencia constante, una lucha cuesta arriba.

Comencé a escribir cada pesadilla. Aún tengo el cuaderno donde las llevo todas y espero que algún día sirvan como material para escritura.

Pero hay una en particular que me trae aquí. Es la pesadilla más larga y que no se remonta a una sola noche: volvía una y otra vez, con ligeras variaciones y luego aprendí a identificar lugares, elementos que se repetían, vestimentas, rostros. Toda una saga.

Y llegó un tiempo en que ya no quería dormirme…

Llevé ese mal en silencio por un tiempo, pero luego opté por contárselo a mi pareja. Como soy bien dramático (tendrán que perdonarme quienes me hayan tenido que aguantar ese defecto toda la vida) ella quedaba igual de horrorizada que yo, y un par de veces ella también tuvo pesadillas. Pero ella no es el tema ahora.

Me puse a estudiar todo lo que intelectualmente estaba a mi alcance acerca del sueño. No soy supersticioso, pero cuando la ciencia no me daba respuestas “concretas” (nada que soy un gran pato y no entendía nada) investigué y leí sobre cosas esotéricas, significados de los sueños en las distintas culturas y un largo etcétera. A todo esto el problema seguía ahí.

Entonces comencé a practicar el sueño lúcido. Fue relativamente infructuoso (al menos en aquel momento), pero ahora me sirve mucho. De la pesadilla larga e infinita recogí cerca de 70 relatos y me puse a dibujar un mapa con todos los lugares. Llegué a identificar callejones, lugares particulares, negocios, kioskos, puestos callejeros, un cementerio y hasta la callejuela que me llevaba a una especie de laguna. En todos esos escenarios ocurrieron pesadillas atroces, unas más traumáticas que otras. Lo sé, a estas alturas quizá le sea difícil creerme, pero es mi verdad. Es lo que me pasó.

En todas hacía un esfuerzo grande por despertarme, pero por más que lo intentaba no podía lograrlo. Excepto una vez. Comencé a soñar y de nuevo estaba en una de esas calles empedradas (el día que fui a Concepción de Ataco le dije a unas amigas que esas calles eran idénticas a las de mis pesadillas, y que no podían evocarme otra cosa que no fuera una tragedia. Debo añadir que hasta ese momento nunca en mi vida había estado en Ataco), las reconocí casi de inmediato. Así soñando comencé a caminar rápido y de repente se detuvo una furgoneta Van (escena clásica de película rezagada, supongo) y se bajaron cuatro hombres, quienes no perdieron el tiempo y me inmovilizaron. Me amarraron a la Van y comenzaron a conducir, a modo que yo fuera arrastrándome por la calle empedrada.

Traté de concentrarme, de pensar que eso no era real y finalmente me desperté. O eso creí. Vi hacia la oscuridad y no reconocí el techo de mi cuarto. Traté de levantarme y me di cuenta que estaba inmovilizado. Era un sueño sobre otro sueño. Entonces alguien encendió una candela y más o menos vi el lugar. El hombre se puso encima mío y más o menos vi su rostro. Sonrió de una forma que no podría explicar y comenzó a poner una cuerda a mi alrededor con un nudo corredizo. Es obvio que estaba a punto de estrangularme. Mientras ocurría todo eso comencé a respirar fuerte, lo más fuerte que podía, y cuando comenzó a estrangularme grité con todas mis fuerzas, con todo lo que me dio el cuerpo, y entonces me desperté.

Me dolía profundamente la cabeza, estaban encendidas las luces de la casa, y a mi alrededor estaban mi mamá, mi hijo y mi pareja. Todos estaban preocupadísimos y ellas me dijeron que estaban intentando despertarme y que no reaccionaba. Me dijeron que comencé sudar de forma exagerada y que les preocupó a todos que estuviera convulsionando o algo. Y cuando grité se despertó mi hijo.

Y sé que no era culpable en un sentido estricto, pero me sentí avergonzado por la situación y no hallaba que hacer. Y ahí estuvieron todos consolándome y me negué a contar la pesadilla. Pero el rostro de ese hombre nunca pude olvidarlo, aunque hasta la fecha no me he puesto a describirlo. Ni siquiera por salud mental. Pero de vez en cuando, al ver películas, series o lo que sea, de repente aparece algún gesto, algún tipo de reacción que me lo recuerda. Aquí le añado tres ejemplos:

pulpfiction
La mirada morbosa de quien tiene expectativa de lo que va a ocurrir.
sawiii
La resolución de quien sabe lo que está a punto de hacer.

 

chigurh
La sonrisa triunfante de quien está a punto de hacer algo malo y que de verdad lo va a disfrutar.

Es más o menos una aproximación de lo que estas películas me hicieron sentir y cual si fuera recurso mnemotécnico me recordaron el rostro del hombre de mis pesadillas. En mis tiempos de supersticioso habría pensado que algún tipo de demonio quiso llevarme. Ahora no sé qué pensar, porque le he restado un poco de importancia.

Quizá ahora sería capaz de describirlo, ¿por qué no? Pero creo que no lo he hecho, porque lo que viví y sentí en esa pesadilla no podría hacerle justicia ni con 10,000 palabras. Lo sé.


*La publicación original de este post fue en 2016. Es por eso que su redacción le parecerá demasiado deficiente. Pero no quise alterar el post original.

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