Recuerdos e incertidumbres escolares – parte II

Si tiene interés en leer la primera parte, puede redirigirse desde aquí. Sin más que añadir, continuemos…

Un amigo me dijo, a título personal, que todo lo descrito en el post anterior le recuerda un poco a los sistemas educativos europeos con influencias fascistas, ocurridos durante la primera mitad del siglo XX. En específico, me dijo que le recuerda el aplicado en la España de Franco.

En efecto, la monja que fungía como directora de la escuela en aquel momento vino desde España. No sé en qué año vino a El Salvador, aunque entiendo que fue en la década de los setenta. Quizá su formación académica tuvo una herencia grandísima del Franquismo (consciente, inconsciente o a nivel de remanente).

No es el tema central del post, aunque era importante (y un mal necesario) afirmar la condición de posibilidad. Abonará como parte del análisis estructural y de posibilidades. Al fin y al cabo, la educación católica que recibí era verdaderamente estricta (todavía alcancé a jalar la cola de quienes sufrimos reglazos, empellones, castigos físicos, castigos arbitrarios y todo eso).

Pero antes de perder el rumbo, terminaré de hacer la descripción del post anterior, acerca del sistema deportivo que se nos aplicaba (estoy seguro que ayudará a hacerse una mejor idea de los usos pedagógicos). Así que en este punto reanudaré las explicaciones farragosas. Las disculpas del caso.

Después del día de Intramuros, que es básicamente una fiesta, un día de convivencia sana con la familia, para completar el torneo escolar y que la experiencia deportiva sea completa para todos los grados de la escuela, el torneo se dividía en dos (y desconozco cómo será el proceso actualmente):

  1. El primero era con estudiantes de 1.º a 6.º. Es decir, el torneo anual escolar lo tenían por aparte. Solo podían jugar grado contra grado y de la misma categoría. Por ejemplo: la 1.º “A” de tercer grado sección “A” contra la 1.º “A” de tercer grado sección “B”. Todos jugaban con sus respectivas categorías deportivas y de su mismo nivel de grado. No sé si eso habrá cambiado.
  2. El segundo era con estudiantes de 7.º a 9.º, con la posible intención de hacerlo más emocionante (es decir, ver jugar a los niños más grandes), ya que en este caso jugaban de la misma categoría deportiva, pero todos contra todos. Por ejemplo: estaba el partido de la 1.º “A” de séptimo grado sección “C” contra la 1.º “A” de noveno grado sección “A”, pero lo mismo estaba ocurriendo con la 1.º “A” de octavo grado sección “A” contra la 1.º “A” de noveno grado sección “B”… y podía llegar a ocurrir que en la otra ronda se enfrentaran unos contra otros. Espero no estarlo enredando, pero digamos que el esquema podía llegar a ser así de básico:

torneo tercer ciclo

Este esquema aplicaba para todas las categorías en tercer ciclo, además que se hacía tanto en masculino como en femenino. Eso garantizaba la participación de todos y hacía sentir a cada estudiante que formaba parte de su propio torneo.

Para añadirle emoción, todavía se agregaba el sistema de eliminación directa, tras reunir todos los puntos generales. Pero ¿quién iría a ver una final de 2.º “A” o 2.º “B”? Así es: si ya le va pillando el truco a la cuestión, al final, en el sistema de categorías quienes tenían relevancia eran las categorías mayores, ya que ahí se encontraban los mejores. A una final de 2.º “B” solo podrían asistir los mismos miembros de las categorías aunque de diferentes grados, además de alguno que otro compañero que brindaba apoyo moral. En cambio una final de 1.º “A” no se la perdía ningún estudiante de la escuela.

En el 90 % de los casos tengo entendido que a una final de 1.º “A” siempre llegan dos novenos grados. Eso no ocurrió con mi generación, en la que la final fue de noveno grado sección “A”, contra octavo grado sección “B”. Dicen que al año siguiente la final fue un noveno contra un séptimo, aunque esa historia nunca la pude confirmar.

Ahora bien, el meollo de la cuestión es que bajo este sistema había un par de inconvenientes.

Por un lado tenemos a un grupo de estudiantes que solo siguen y seguirán siendo los mejores, a fuerza de convivencia de los unos con los otros. Es decir, si comparamos el esquema expuesto en el post anterior, los inteligentes con los inteligentes crearán sinergia, creando con el correr de los años estudiantes ejemplares, por no decir excepcionales. Por ejemplo: hace unos años la escuela comenzó su bachillerato, y al menos en los últimos 5 años ha destacado en los primeros lugares de la PAES a nivel nacional. Eso también podemos aplicarlo al deporte: si solo practican entre los mejores, cuando esos niños sean los mayores solo les espera encontrar oportunidades de acuerdo con las ventajas de su entrenamiento año con año.

Y es así que por el otro lado tenemos a quienes se quedan atrás en este proceso. Si los deficientes solo estudian con regulares o con estudiantes problemáticos, ¿cómo podrían alcanzar la excelencia, aunque tuvieran los mejores maestros? Hay ciertas condiciones de desarrollo y validación por pares que difícilmente podrán alcanzar a comparación de los otros grupos. Lo mismo sucede con el deporte: ¿cómo un niño podría mejorar sus habilidades con los años, si siempre le tocará jugar en las categorías menores? Como usted puede imaginarse, esto de que alguien lo encasille a uno en una categoría tiene sus inconvenientes.

El sistema de categorías (en el caso mencionado de los deportes) permitió siempre la participación e inclusión de todos, además que a nivel de proyecto macro contribuyó a encontrar y seleccionar talentos para poderlos impulsar después. Dicen que de mi escuela salieron bastantes estudiantes que destacaron en diferentes áreas (es una obviedad, por supuesto, pero la idea de elegir lo mejor es para entregarlo al mundo y que rinda fruto, ¿verdad?). No puedo afirmarlo ni negarlo: soy muy ignorante al respecto y jamás me he puesto a investigar. En realidad tampoco lo considero importante, ya que la única motivación escolar siempre fue la de forjar mi propia historia.

Supongo que a todo esto se preguntará: ¿A qué escuela me refiero? ¿Por qué no la he nombrado en ningún momento? No lo consideré pertinente, porque al fin y al cabo, en mi ciudad natal es casi un pecado hablar mal de esa escuela. No le tengo miedo a exponerme a críticas, pero le soy honesto al decirle que las pocas veces que he conversado sobre esto, incluso con adultos mayores, me he ganado un par de insultos y enemistades. Todavía desconozco por qué ocurre esto.

Hasta el momento creo haber sido lo suficientemente justo con mis reflexiones. No he exaltado ni satanizado: he expuesto algo que fue. Sin embargo, quiero ahondar un poco más en esa idea vaga de si hubo o no fascismo implicado.

Pero para eso tendré que escribir una tercera parte. Continuará…

Un comentario en “Recuerdos e incertidumbres escolares – parte II

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