Lo verdaderamente importante

“Escapar no es difícil. Lo difícil es decidir cruzar la puerta”. Por un ingenuo sentido de la responsabilidad he googleado para tratar de encontrar el origen de esta frase (con las miles de variantes que debe poseer). No encontré autor, por lo que la dejo así, sin crédito.

En fin…

Una vez caminaba en la calle a eso de las 2:30 a. m. (es una larga historia como para intentar justificarme). Pasé frente a una delegación, me detuvieron, revisaron mis documentos y me golpearon todo. No opuse resistencia, no hice nada. Ni siquiera me quejé cuando lo hicieron. Me quedaron un par de moretones, pero nada del otro mundo. Mi familia quería que pusiera la denuncia. Yo no quise hacerlo. Eso sí: el hecho se convirtió en un recordatorio importante, porque vivo en un país que es tierra de nadie, en un western moderno, donde esa clase de cosas sirven para esclarecer de una vez por todas el nivel de submundo en el que vivimos. Nada de tercer mundo, cuarto mundo o lo que sea: a esa hora a usted le puede quedar más que claro que vivimos en un país de último mundo, en una selva de cemento donde si no hubieran sido policías tal vez no estaría contando la historia.

Eso me hizo recordar una pregunta que una vez me hicieron en una reunión particular: “Ah, te gusta escribir. ¿De qué escribes?” —sí, así me lo preguntó, en un lenguaje menos vernáculo—. Respondí que de todo, pero que realmente nada del otro mundo, nada importante. Su respuesta tendría que haberla grabado, ya que fue un poco larga, pero en esencia fue más o menos así: “¿Nada importante? Pero si tu deber como intelectual —así me dijo— es hablar solo de cosas importantes. Si no lo haces, entonces le haces el juego al sistema”.

Pude haber sacado el armamento marxista y situacionista, pero lo dejé estar porque no quería arruinar tan interesante reunión. Eso sí, no evité preguntarme qué era lo verdaderamente lo importante.

Hablar de lo verdaderamente importante (LVI, para ahorrar espacio) es una camisa de once varas que no me arrogo el derecho a ponérmela. Podemos conversar días enteros, si quiere, pero que exponga mi punto de vista por escrito implicará reducir a unas cuantas líneas una lista de cientos de cosas que podemos considerar importantes. ¿Vendré yo a inventar el agua hervida? Este no es espacio para eso. Y estoy seguro que si me pusiera de pretencioso a intentar hacer algo así, entonces los únicos 4 lectores que me visitan se marcharían. No vivo de lo que escribo ni de los lectores, por supuesto, pero todo diálogo será inútil, infructuoso.

Si estuviera hablando de LVI no tardaría en conocer el peso del sistema. Y no lo digo ni en broma ni en el sentido conspiranoico, aunque reconozco que es inevitable que exista una delgada línea. Pero antes de que me tache de exagerado o de alguien que no sabe de lo que está hablando, quiero que piense en lo siguiente…

¿Qué cree que pasaría si comenzara a politizar mi blog? Y no hablo de calumniar o hacer politiquería, sino investigar, recoger distintas fuentes y reproducirlas, revisar informes de labores, comenzar a presionar para tener acceso a información pública —y que en este país uno queda en la mira por solo denunciar el tema—. ¿De quién cree que llamaré la atención? ¿De las sombras, de quienes se ocultan o por el contrario están camuflados siendo normales y estando a simple vista?

Suponga que soy alguien con capacidad de espionaje informático (a lo Assange o Snowden, pues) y después de meses de exhaustiva investigación y de revisar bases de datos, escuchas telefónicas, espionaje simple, observación y etc. —porque sé que ya me entendió—, y se me ocurre publicar los resultados a través de un proxy en un blog anónimo, donde coloco todas las pruebas y resultados. ¿Cuánto cree que tardarían en encontrarme? ¿Cree que sería exagerado afirmar que mis días estarían contados? ¿Cómo cree que intentarían justificarse todos aquellos que se vieran implicados en las supuestas publicaciones?

Y no hablo de partidos políticos, parlamentarios o simples funcionarios del Estado. Es largo de explicar, pero la mejor forma de comprender cómo funciona lo que estoy diciendo es que pudiéramos ponernos todos (y todos es todos los ciudadanos) de acuerdo, anular todos nuestros votos en la siguiente elección (de preferencia de diputados y alcaldes) y esperar a ver qué hacen las autoridades. Ya sé que nada cuesta revisar el Código Electoral y revisar lo que procede en el caso, pero no me negará que el mensaje les causaría el mayor desconcierto posible. Y esa reacción producto de una gran acción es la invaluable. En lo personal me encantaría ver cómo se lo toman. Saldrían a la luz reflexiones que por el momento me rebasan.

Si mencioné al principio esa anécdota donde me golpearon era para destacar dos cosas: primero, solo con ser un ciudadano anónimo, a quien no se le podía probar en ese momento si había hecho algo malo, recibí el recordatorio del tipo país en el que vivo; segundo, si de anónimo recibí eso, ¿se imagina lo que ocurriera si me convirtiera en una personaje incómodo para el sistema? No estoy acusando a ninguna autoridad, sino que quiero que piense cómo pueden llegar a incomodar cierto tipo de figura denunciadora. Si sabe algo de historia de El Salvador estoy seguro que le vendrán a la cabeza muchos nombres. Llámeme enfermo paranoico, pero sabemos que así es. Ser desacreditado o acusado de algo es lo mínimo. Lo peor ya se sabe.

No es fácil dedicarse a hablar de LVI sin poner en riesgo el pellejo. Bastaría con dedicarse a ser un denunciador crónico para darse cuenta del país del último mundo al que pertenecemos. ¿De qué cree que serían capaces todos aquellos que quieren mantener el país así como está? Y con solo decirlo es posible que ya me haya etiquetado con un color político o con el otro. Pero no es eso y seamos francos: aquí, en este país, y quizá en cada país del mundo, hay un submundo, una estructura invisible que tiene su propio funcionamiento orgánico. No me haga poner ejemplos, solo medite un segundo y sé que me entiende. Lo vemos todos los días, está ahí. Lo demás es parafernalia, el mal necesario llamado Estado y que nos mantiene funcionando como sociedad, porque no hemos encontrado todavía un paradigma que lo supere.

Paraísos fiscales y los miles actos de corrupción tanto de funcionarios como empresarios y organizaciones tanto legales como ilegales. Siempre el dinero. También está el comercio humano con toda la sangre que conlleva. Y venir e intentar exponerlo en un simple blog. ¿No es básicamente un acto de suicidio? Los casos de Assange y Snowden son mundialmente conocidos. ¿De cuántos anónimos jamás sabremos nada? Allí están los millones de cables desclasificados. ¿Y los países que eliminan todo vestigio de información?

Quizá me hayan hecho daño las novelas y películas de espionaje, o el conocimiento de historia, los casos mundialmente conocidos y el atroz final de quienes denuncian. Sería bueno que apareciera alguien que se dedique a contar las verdades incómodas y todo eso, y posea consigo todas las formas de protegerse y volverse indetectable. Pero eso no ocurrirá. No en en el país que vivimos. No en el mundo que vivimos.

Solo unidos seríamos fuertes y capaces de acabar con todo aquello que nos corrompe. Pero realmente no sé si eso ocurrirá. Las redes de cooperación humana es una cosa demasiada compleja. Así que no me imagino a la humanidad completamente unida para acabar con la basura. No sé si pasará. No lo sé. Es una lástima.

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