El creer y el sentido de pertenencia

Siempre me lo repito: carecer de la suficiente inteligencia emocional es un problema, ya que de repente puede ocurrir una caída y uno entra en crisis. Lo sé por experiencia.

Cuando tenía 12 años me dio por buscar a Dios con todas mis fuerzas. Pasaba por algo que yo consideraba como dolor de mundo. Había un sinsentido que me corroía desde el fondo de mí y sentía que me agobiaba. Ahora sé que eso se llama angustia… y ya más alcanzativo podría considerar eso como una protocrisis existencial. Comencé a orar por las noches, a escuchar predicaciones y a leer la Biblia, hasta que me la terminé y sentí que todavía no era suficiente. Así que decidí comenzar a congregarme.

En definitiva asistir a la iglesia es una de las experiencias más importantes de mi vida. Hay un antes y un después en todo sentido. Ahí conocí a mis amigos y aprendí a socializar como no lo había hecho en la escuela ni en el pasaje donde vivía. Es decir, de ambos lugares tenía —y tengo— amigos, pero en la iglesia aprendí que los amigos no solo son para hacerse bullying mutuamente, sino también para hablar, para exteriorizar lo que uno pueda estar sintiendo.

Y aunque suene exagerado, en la iglesia aprendí que a las amistades se les abraza, se les dice y recuerda que uno los quiere mucho, que se les extraña, que uno las lleva en sus oraciones. Al principio no hallaba que hacer con tanta cordialidad y es por eso que mencioné al inicio del post lo de la inteligencia emocional: llegó un momento en el que de verdad creí en las palabras de todas esas personas y  pensé en que todos los gestos eran de genuina honestidad. Creo que realmente estaba falto de algo y tenia una ceguera extraordinaria. Pero bueno, siempre me lo autorrepito: tardo, pero de un momento a otro caigo en la cuenta. De que caigo, caigo.

El despertar suele ser muy duro.

Hubo un momento en el que no soportaba pertenecer a una organización donde el 80 % es representación y el otro 20 % cordialidad. En ese estado aguanté 5 años, hasta que mi fe no dio para más. Hay honestidad, por supuesto, pero no hay diferencia con otros círculos  o causas sociales, donde hay honestidad solo entre los amigos, entre los pequeños grupos, en esos donde uno no cabe. Y cuando me doy de frente contra la pared de ladrillos… bueno… en aquellas circunstancias me comporté como un completo idiota.

Al menos hoy sí estoy consciente de mis rarezas… es decir, no me asumo anormal, pero antes creía que de verdad encajaba en el grupo cuando en verdad era solo representación. Así que eso, sumado a mi angustia y a la estupidez supina propia de dicho contexto, debió provocar que le hiciera puñetera la existencia a cuantas personas que tenía a mi alrededor. La mayoría de quienes conocí han tenido la amabilidad de no echármelo en cara, pero estoy seguro que resulté insoportable para muchos. Y claro, aún no he perdido la habilidad para caer mal: esa es una de mis principales virtudes.

A estas alturas podría estarse preguntando (y si no es así me tocará poner como prejuicioso palabras en su boca): “¿Y este idiota que es demasiado ingenuo o qué?”. Bueno, algo así… al menos asumo la parte que me corresponde. No soy todo inocencias, por supuesto, pero en principio creí en la pureza de la sal. Me entregué en cuerpo y alma como nunca lo había hecho en ninguna cosa o aspecto de mi vida. Mi relación con Dios fue de lo más fenomenal, porque no hay nada más maravilloso que bajar la mochila invisible llena de cargas espirituales que todos nos arrogamos llevar en la espalda, porque de locos nos ponemos a cargarla más y más a lo largo de la vida.

Creo que un cristiano que con honestidad tiene fe en Dios lleva una vida menos desdichada, porque carece del dilema sartreano y de todas esas angustias que solemos añadir en este valle de lágrimas a quienes nos gusta complicarnos. El buen cristiano deposita sus cargas en Dios y con eso resuelve en lo espiritual… al menos quien de verdad tenga fe. Si hay verdad o falsedad en lo espiritual es cosa de cada quien. Yo no me meto en la relación con Dios de nadie. Y si su relación con Dios es inexistente eso también es cosa suya. Todos tenemos una escala espiritual de valores y eso se respeta. Mi punto en este post es otra cosa.

Es ingenuo creer en la pureza de las instituciones, eso lo sé… es lamentable que yo tuve que aprenderlo a puros golpes. No hubo nadie que me aconsejara o me dijera esto o aquello. También me faltó boca para hablar, por supuesto, pero con los años he llegado a la conclusión evidente de que hay personas que somos proclives a caer en esta clase de cosas. No sé si hay un problema emocional implicado en esto (aunque de seguro sí), pero trataré de ser breve para exponerlo. No sé si ahora podré alumbrar donde antes fui incapaz de comprender qué es lo que ocurre en este proceso. De todos modos la experiencia enseña.

Igual, hay que distinguir entre los casos de fanatismo y enajenación extrema, como los planteados de una forma muy ilustrativa en la película La ola, de Dennis Gansel (película que, por otra parte, da para mil ensayos, sin contar la novela y los experimentos reales). Ese tipo de alienación corresponde a un perfil muy concreto, peligroso en lo inmediato por supuesto, pero radicalmente distinto al otro tipo de alienación.

Si de repente conocemos a alguien extraordinario, determinado y que es capaz de cumplir con éxito cualquier idea o proyecto que tenga, suele pasar que de repente dan ganas de seguirlo, apoyar su causa, contribuir para que las cosas de verdad cambien (¿cambiar el qué? No lo sé… solo dan ganas de creer que por fin algo cambiará). Fue así como terminé convenciéndome de servir en un par de causas a lo largo de mi vida… iba a enlistarlas, pero mejor me ahorro la autobiografía.

Luego de un modo infantil terminé decepcionado. El error, por supuesto, es mío, no de las instituciones humanas. No todas las personas creen en entregarse a una causa y eso también merece respeto. Hay personas que se unen a grupos o causas para adquirir sentido de pertenencia, por lo cual no hay ninguna diferencia entre pertenecer a una institución  que desea ayudar, que a un club social cualquiera.

Lo mismo ocurre con los estudios o con otros ejemplos que se le ocurran. Cuando hacíamos trabajos en grupo yo era de esos que leen todo, investigaba material y todavía quería saber acerca de temas periféricos o eje transversal. Y dentro del grupo había quienes solo querían pasar la materia y ya, que agarraron la carrera porque había que estudiar algo. Visto así, ¿qué derecho tengo para echarles en cara si hay o no mediocridad? Lo correcto es que cada quien decide si tomar a broma o en serio su proyecto de vida. Y la navaja sartreana indica que cada quien lo resuelve y no tengo por qué invadir o juzgar el proyecto del otro. Sin embargo, por años me dejé afectar.

Si me convierto en voluntario de algo, no solo leeré el material que me proporcionen, sino que investigaré todo lo relacionado con mi futura labor. Y no quiero que se confunda, que no es diligencia o querer quedar bien: es pasión… una pasión irrefrenable, que de repente se convierte en una luz celestial. Pero tarde o temprano caigo a tierra y el golpe entonces duele. Lo explico con muñequitos por si usted no conoce el perfil del que le hablo. Pero si ha pasado por el mismo padecimiento, entonces todo lo dicho está de más.

Y como ya puse demasiados ejemplos, mencionaré el esclarecedor de siempre, la vieja confiable, solo para llegar al punto que espero me esté siguiendo. En el clásico ejemplo nazi, si bien eran peligrosos aquellos fanáticos radicales que eran capaces de hacer vandalismo o quien sabe que otras barbaridades, lo cierto es que desmoralizados solían caer, al menos una buena parte. Pero quienes de verdad eran y son peligrosos son aquellos que con suma tranquilidad defienden a muerte el ideal, son capaces de convencer a los demás, y han llegado a asumir de tal manera, que es casi imposible sacarlos de ahí, porque han llegado a la etapa donde filtran la realidad a través de esa creencia.

No juzgo si la ideología nazi estaba o no en lo correcto, que eso es un punto aparte. Pero espero que me esté siguiendo en ese punto: hay personas que somos proclives a caer en esos idealismos peligrosos, de esos de los que nadie nos puede sacar, porque somos apasionados, nos gusta profundizar, creemos en la causa de verdad, como si fuéramos a salvar al mundo de algo. Y me incluyo porque hasta que estuve observándome, hasta que vi atrás y todo lo que dejé, me enteré de cuántas veces me entregué en cuerpo y alma, y cuántas veces me “defraudé”.

No digo que lo he superado. Nada me convence más que ver a alguien que está con todos los poderes y que quiere formar un buen equipo de trabajo. Si es una buena causa yo digo “vamos” y de verdad colaboro con todo lo que puedo. Pero ahora, con menos enajenación (siempre está, pero la iré minimizando con los años), creo que puedo comenzar a servir a futuras nuevas causas con el equilibrio correcto, con la justa medida.

Espero que otras personas que estén pasando por lo mismo hagan autoanálisis y puedan sanar un poco su corazón: decirlo es una obviedad pero todos fallamos y por ende las organizaciones también lo harán. Eso no debe hacer que perdamos las convicciones o el sentido de pertenencia. Tal vez siempre se necesita cambiar el rumbo, pero a veces solo debemos movernos un par de escalones y las cosas pueden mejorar. Suena a superventas, pero a varios años de estar alejado de cualquier causa me doy cuenta y hago balance.

Siento que veo con más claridad lo recorrido y los siguientes pasos que quiero dar.

2 comentarios en “El creer y el sentido de pertenencia

  1. Todo en su justa medida, pero sucede y mucho que instituciones de todo tipo enajenan a las personas, las sectas son un claro ejemplo. Es cierto que cada uno hace su proyecto de vida como quiere, mencionas que tenías compañero que solo querían pasar la materia en la carrera y ya y bueno es válido pues es su vida el asunto es cuando se meten en docencia por ejemplo y vuelven tediosas las clases así como desmotivan a los alumnos y alumnas que quieren realmente aprender, vamos el típico chanta de toda la vida. Saludos.

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    1. Coincido totalmente. De hecho, me parece que es un buen tema, como para abordar la contraparte de lo expuesto aquí: ¿cuántos potenciales debieron ser ahogados porque cayeron en malas manos? Es un tema complejo,claro está, pero debe ser fascinante y valioso leer o escribir al respecto. Gracias por tu opinión.

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