Nada, de nada, de nada

Es horrible querer escribir y que no salga nada.* Hoy no es un día emocionante. No sé cómo es que todo debería estar en su lugar. Solo sé que no lo está. Este es otro de mis momentos de emocionalismo, donde me pongo a hacer lo que creo que debería de hacer y no hago lo que de verdad tengo que hacer. Como siempre, todos los bloqueos vienen a mi mente y mis manos se entorpecen con el teclado y presiono cualquier cosa, por lo que debo estar retrocediendo casi con cada palabra que escribo. En este momento no tengo ninguna opinión de nada y mi mente se pone en blanco mientras estoy escribiendo todas estas letras. Escucho todos los sonidos a mi alrededor, pero nada viene y fluye a mi mente; por el contrario, todo estorba y todo llama mi atención para que deje de estar haciendo esto, donde mi cerebro abona y dice que es inútil y que no debería de estar haciéndolo. Ni siquiera recuerdo las más elementales reglas de redacción ahora mismo. Es debido a todas esas sensaciones que acabo de mencionar, que a veces abandono todo intento por escribir. Mientras camino, todas mis ideas acuden a mi mente y desearía tener una grabadora interna para recoger todo eso. Pero cuando me siento a intentar recuperar cada una de esas ideas, mi mente me traiciona y entonces dejo la página en blanco.

Supongo que en este punto es donde decidí incurrir en “la inspiración forzada”.

¿Cómo hacer para escribir en días como estos? Es en este punto donde suelo decirme que estoy cansado y que no tendré deseos de hacer nada. O estaré haciendo la simulación de ejercicios que suelo hacer y luego cenaré, y argumentaré estar agotado o comprometido a lavar y completar otros oficios, y así, hasta entrar en esa cadena de círculo vicioso, donde no pasaré de mi zona de confort y continuismo, de tal manera que así se me irá el tiempo, el dinero y la vida. ¿Qué voy a hacer al respecto? ¿Qué es esa manía que me impulsa a seguir tecleando? Escribir sobre mis sueños, frustraciones, dudas, sentimientos… lo que sea… solo no hay que detenerse. Y por supuesto, no hay que dejar de trabajar en los otros proyectos en los que me encuentro. ¿O es que de verdad tengo proyectos?

Me encuentro rodeado de una gran cantidad de estímulos. Ahora mismo, estoy sentando en un rincón donde veo a unas niñas pequeñas tomar clases de ballet. Quisiera conocer el nombre de esa pieza que tanto danzan y practican. Suena como un vals clásico, pero al mismo tiempo me suena como una de esas últimas piezas del posclasicismo alemán. No me atrevo a preguntar, pero quiero saber de verdad cómo se llama. En ese sentido, tengo el mejor de los fondos musicales para escribir.

Como segundo plano tengo el fondo de las personas. Tengo ante mí un teatro humano de lo más interesante. Yo mismo he formado parte de él innumerables veces. Todo el ritual que representa el día a día en un gimnasio, creo que puedo llegar a escribirlo y redactar una entrada de blog. Pero ahí va de nuevo mi impulso soñador y entonces volvemos al principio. Pero no es mala idea, ¿eh?

No soy fan de los reduccionismos, pero creo que por deporte puedo enlistar un par de estereotipos sobre personas que vienen a los gimnasios. Haré mi mejor intento.

En primer lugar tenemos a los amantes del deporte. Estas personas tienen el objetivo en la vida de llegar a ser verdaderamente buenos en alguna disciplina. Para eso usan el gimnasio como una herramienta más para alcanzar la meta. De estos se pueden subcategorizar a los vanidosos y a los todoterreno: los primeros vendrán con ropa deportiva “de marca” y hasta cuidarán sus niveles de sudoración. Los segundos usarán cualquier tipo de ropa que tengan (desteñida, rota, etc.), ya que no entrenan para que otros los vean, sino para obtener un resultado; y por lo mismo, tampoco les importa si empapan las máquinas y la alfombra con sudor, porque para ellos lo importante es alcanzar la meta autoimpuesta para cada día.

En segundo lugar, tenemos a quienes aman su imagen. Estos nunca han estado interesados en el ejercicio. La verdad es que ni siquiera irían al gimnasio, de no ser porque en algún momento de sus vidas se descuidaron de la belleza natural que poseían, por lo que ahora (para mantenerla) deben comenzar a hacer ejercicio, para recuperar todas las características que alguna vez tuvieron. Aquí aplican las subcategorizaciones anteriores (es decir, quienes aún en el gimnasio se dan ínfulas de hermosos; y quienes, con tal de alcanzar la meta a la brevedad, dan todo de sí en cada entrenamiento), pero también tenemos aristas y variantes. Por ejemplo, tenemos a aquellos dispuestos a aturrar la cara en una serie de ejercicios… pero también tenemos a los que ponen la cara de “yo soy bueno, guapo y fuerte”, por lo que jamás muestran su vulnerabilidad, ni muchos menos un rostro de apuros y dificultad a la hora de hacer su rutina. Dirá que estoy estereotipando, pero quien ha ido por mucho tiempo a un gimnasio sabe de lo que estoy hablando.

En tercer lugar, tenemos a quienes buscan una distracción o un desestrés. Esta clase de personas se caracterizan por perder el tiempo, hacerle perder el tiempo a otros, buscar amistad en el gimnasio, descansar demasiado tiempo entre series, hacer los ejercicios de mala gana o aburrirse de la rutina y quedarse conversando, cambiarse constantemente de las máquina, en fin… creo que aquí también hay muchas aristas y variantes. Por ejemplo, hay personas que por naturaleza no pueden pasar demasiado tiempo sin socializar. Tal vez desean de corazón limitarse a ir a entrenar a un gimnasio, pero resulta que se sienten extraños si no tienen la posibilidad de conversar con alguien más. Yo creo que me sumo a ese tipo de personas. Además soy del tipo que usa la ropa más viejita para entrenar. Así que pertenezco a un estilo particular del estereotipo. Por otra parte, tenemos a ese tipo de personas que simplemente quieren romper la rutina de su día a día, ya sea por su trabajo, ámbito familiar o por otras razones. Bien podrían estar en un club social o salir todos los días a beber, pero afortunadamente prefieren un gimnasio.

También tenemos a quienes van al gimnasio “de cacería”. Pero de esos creo que no hay mucho qué decir, porque resulta demasiado obvio.


*Este post es demasiado viejo. De hecho, es el segundo post que escribí cuando abrí mi primer blog. Sé que está mal escrito y todo, pero no quería perderlo solo porque sí. Es innecesariamente extenso y aburrido, así que es comprensible si intentó leerlo y le costó. Gracias por su comprensión.

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