Incómodo por una trivialidad

Tengo una pita demasiado larga para la paciencia.* He perdonado cosas que a veces me sorprenden incluso a mí y un par de veces hice la dignidad a un lado para no perder a alguien. Claro, cuando la pita se acaba también suelo ser radical, lo reconozco: renuncio a la persona, me voy sin avisar y no vuelvo atrás. Me resulta complicado explicarlo en tan breves líneas, pero dentro de mí algo muere y solo ingresa una indiferencia. Ni amor, ni odio, ni resentimiento: solo indiferencia. Una vez instalada, la persona no vuelve a formar parte de mi vida. La arranco de raíz.

Sin embargo, tengo todavía algunas infantilidades. Y por más que las intento combatir, suelo tener un arraigo a ellas que me impide actuar como al menos lo indican las buenas maneras. ¿Ejemplo? El saludo. Esta semana me ocurrió algo que hizo que me pusiera a escribir estas líneas. Sé que con quien pasé la anécdota jamás me leerá por aquí, pero si lo hiciera creo que entendería un poco mi inmadura y absurda personalidad.

El día miércoles me encontré en la calle a alguien que me saludó. La persona iba acompañada y estaba visiblemente bebida. Al verme me saludó y pasé de largo. Me dijo “salú”, así, nada más, solo porque pasé a su lado. Yo ni siquiera miré y seguí caminando. Pero ella alzó la voz y dijo: “Hoy estás de creído, ¿va? Hoy no querés hablar”. Solo la ignoré y seguí caminando. Fue una mala actitud, lo sé, y si estoy escribiendo ahora sobre eso es porque me arrepiento. Pasé desde ese día hasta hoy analizando sobre por qué actué así.

A esa persona que me saludó la conocía. Pude solo haber sido educado y decir “buenas noches”, pero pasé de largo. Oh, pero no podría llevar la cuenta de las ocasiones en las que me la encontré durante el día, caminando sola, buena y sana, saludar con un simple “adiós, que le vaya bien” y que ella ignorara mi saludo. Sí, ignorar, así olímpicamente. Un par de veces incluso me miraron otras personas, como quien piensa: “Y ese loco, ¿a quién le estará hablando?”. Una última vez, al pasar en la misma cuadra, estuve a punto de saludarla, pero vi que incluso se pasó la calle y entonces entendí de una vez por todas: esa persona me la presentaron en una reunión particular, es amiga de una amiga, conversamos incluso un par de horas, pero no tiene ninguna obligación para conmigo. Soy un desconocido “X” y nada más. Así que a partir de ese día dejé de saludarla.

No sé exactamente dónde vive, pero debe ser cerca de mi casa, porque es normal encontrarla en el camino. He pasado meses en los que solo pasé a la par y luego incluso aprendí a pasar con naturalidad a su lado, sin que me importara su existencia. Y bueno… Casi un año después, que de la nada me saludara, ¿cómo debí tomarlo? Para mí es ahora solo una desconocida.

Es vergonzoso decir esto, pero me ocurre a diario que las personas no me devuelvan el saludo. Incluso en mi trabajo, frente a la cara de las personas, digo un simple “buenas” y la gente, con toda la infamia del mundo, no devuelve el saludo. Después de varios meses de hablarle al aire decidí no volver a decir nada. Solo en mi pasillo. En mi pasillo con mis compañeros de trabajo saludo, me devuelvan o no el “buenas tardes” y el “buenas noches”. Es una cuestión que no puedo dejar de hacer por culpa de la educación que me dieron.

No sé si será un problema mío, pero a mí me marcaron como a una res las buenas maneras. Me avergonzaron públicamente en múltiples ocasiones cuando era un niño para que a la fuerza aprendiera a ser educado. Así que supongo que desde mi inconsciente siempre saludo, digo por favor y doy las gracias… Y me disculpo constantemente cuando creo que podría estar incomodando.

Y creo que me tocan una fibra demasiado sensible cuando una persona me ignora así, olímpicamente. Hace que algo dentro de mí muera y que mi reacción sea infantil, de una decepción estúpida, como si —por mencionar otro ejemplo para quienes no me entiendan— me defraudara una persona que tenga mala ortografía o no supiera matemática. Y aclaro que me da igual quien no sepa nada de esas cosas, porque incluso tengo amistades que no saben leer ni escribir. Pero no sé por qué con lo del saludo me dejo afectar tanto…

O al menos no lo sabía hasta que estos cuatro últimos días me di a la tarea de hacer una concienzuda revisión personal. Es decir, ¿desde cuándo me tomo tan a pecho algo tan trivial? Nadie tiene la obligación de saludar y de responder un saludo, de eso estoy consciente. Sin embargo me parece una ignominia, una infamia de grandes proporciones, que una persona no tenga la instrucción mínima, la educación más básica y elemental, la cortesía esencial a todo ser humano, de responder un simple saludo, nos caiga bien o no quien nos esté saludando.

A mi entender, si una persona no devuelve ni el saludo es porque no quiere ni que le hablen. Así que dejo de hacerlo. En el 99.99 % de los casos veo que a las personas les da igual, así que no es una exagerada y extraviada conclusión creer que una persona que ni saluda ni siquiera desea el más mínimo acercamiento amistoso.

Yo saludo hasta a los bolitos de la cuadra y me sorprende ver que hasta ellos devuelven la cortesía. Y digo me sorprende no porque tenga el prejuicio de que ellos no lo harían, sino porque comparo: “Vaya —me digo para mis adentros— mejor ellos devuelven el saludo y no Fulanita o Fulanito, que se creen grandes profesionales y todo”.

Hace relativamente poco tiempo un amigo criticó mi decisión de dejar de hablarle a alguien, porque esa persona hablaba cuando le daba la gana. Respeto su posición y quizá usted que me está leyendo esté de acuerdo con él, pero le pido que se ponga en mi lugar: si hay una persona que a veces le habla y a veces no, ¿qué pensaría? Mi amigo me dice que simplemente no le toma importancia y ya. Eso también lo comprendo, pero eso no lo faculta (a mi amigo, en este caso) a que invalide mis sentimientos, mi punto de vista de las cosas. Yo no invalido —por mencionar otro ejemplo— a quien le tema a la oscuridad o a los payasos. Yo mismo tengo mis propias fobias. ¿Cómo invalidar algo que para uno es innegociable y fundamental? O me habla o no me habla, pero detesto que ocurra esa inconstancia.

Y si usted al leerme también tiene deseos de censurarme o hacerme ver lo absurdo que es mi punto de vista, de verdad que con gusto escucharé cada uno de sus argumentos. Solo que déjeme advertirle que para mí el saludo es una cuestión… bueno, para qué repetirme… solo sé que quizá debo reconocer que tengo un punto de vista demasiado radical, una concepción de la educación innegociable, donde no caben las excusas. ¿Usted cree que solo en reuniones importantes o entre profesionales hay que saludar? ¿O solo se deben sacar las buenas maneras en reuniones de alcurnia? ¿O tengo yo la culpa de si ha tenido un mal día y que por eso se puede arrogar el derecho a ignorarme o responderme mal? No espero a que cumpla las reglas de etiqueta hasta en el momento de desayunar en la intimidad de su casa. No se trata de hacer una reducción al absurdo: educación es educación. Y punto.

A mi entender, si usted a veces quiere hablar y a veces no, las señales que me está enviando es que le da igual si hablamos o no. Y como le da igual, sé que la dará igual si dejamos de hablar. Lógica simple. Se ahorra saliva y se ahorra la cortesía. Creo que incluso es una buena forma de filtrar a quienes hablan por educación y a quienes por auténtica camaradería o sentido de amistad. Sería interesante realizar un experimento social al respecto.


*Esta entrada me avergüenza un poco, pero no la quería dejar perdida en el olvido de mis contradicciones. Originalmente la publiqué el 4 de diciembre de 2016.

3 comentarios en “Incómodo por una trivialidad

  1. Para mí el saludo también es una cuestión fundamental, sea conocido o no me molesta mucho entrar a un local saludar y que nadie responda y lo peor es cuando se dan la vuelta, te miran y siguen en la suya. Eso me enferma, respecto a lo de que alguien hable cuando se le da la gana, me ha sucedido asique dije bueno, sea. No le hablaba por propia iniciativa sino que respondía cuando me hablaba dicha persona y ya está. De todos modos no me quita el sueño que no me saluden o no me hablen pero yo incluso de mal humor siempre saludo, ya no solo por cuestión de educación sino porque me hace sentir bien. “Comienza tu día con una sonrisa, y verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo” (Mafalda) Saludos 🙂 y buenas noches.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .