Lo que aprendí de Joaquín Soler Serrano

La primera vez que vi una entrevista de Joaquín Soler Serrano fue porque estaba buscando todo lo que estuviera a mi alcance de Borges. Como dijo el Gabo en alguna ocasión: “Admiramos prematuramente a Borges”. Allá por el 2004 encontré la obra completa de Borges y por aquel entonces me topé con un par de discos donde él recitaba su propia poesía. Finalmente me encontré con un par de entrevistas y entre ellas estaba la de Soler Serrano. De Serrano, en aquel momento, nunca en mi vida había escuchado nada. Pero como él mismo dice que tener a Borges ahí era un sueño “desde que este programa comenzó a caminar”, pensé que seguramente habían otras entrevistas. Y para mi sorpresa habían muchas más de las que pensé.

Si usted no ha visto ninguna de esas entrevistas y no tiene ningún interés por la literatura, el cine europeo y la música de elaboración más rigurosa, no se preocupe… esta remembranza no es para usted y simplemente usted gusta de cosas distintas. No lo olvide: ningún gusto personal es superior o inferior a otro, porque para todos da Dios. Pero si tiene un poco de interés en esta clase de ámbito cultural, a lo mejor desea saber un poco más al respecto.

¿Sigue leyendo? Gracias…

Si ya vio algún programa, sabrá que tuvo a muchos de los grandes genios de habla hispana de la época, además de sentar en esa silla a muchos que JAMÁS accedieron a ninguna otra entrevista. En lo personal me hubiera gustado saber el secreto de Soler Serrano, porque si usted investiga un poco sabrá que (por ejemplo) Cortázar, Borges y Rulfo casi nunca aceptaban dar entrevistas. Y Serrano los tuvo a los tres y a Borges dos veces. A mi parecer, desde el punto de vista periodístico, todo un mérito. En esa silla se sentaron, además de los tres mencionados, Salvador Dalí, Álvaro Cunqueiro, Camilo José Cela, Manuel Mujica Láinez, Manuel Puig, Rafael Alberti, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sabato, Antonio Di Benedetto, Mario Benedetti, Francisco Umbral, Antonio Buero Vallejo, Antonio Gala, Ramón J. Sender, Arturo Uslar Pietri, Terenci Moix, Carmen Martín Gaite, Antonio Skármeta, Julio Caro Baroja, Dámaso Alonso, José Donoso, Josep Pla, Sophia Loren, Geraldine Chaplin, Adolfo Marsillach, Eugène Ionesco, Joan Manuel Serrat, Facundo Cabral, Chabuca Granda, Atahualpa Yupanqui, Julio Iglesias, Roman Polanski, Elia Kazan, Bernardo Bertolucci, Roberto Rossellini, Ennio Morricone, Arthur Rubinstein, Yehudi Menuhin, Pablo Serrano, Silvio Fanti, Juan David García Bacca y muchos otros que no me acuerdo. Una lista impresionante. Un lujo de programa.

Ver a Dalí con el rostro hierático en un primer plano y escuchar las palabras de Soler Serrano mientras Dalí conserva un rostro imperturbable no tiene precio. Joaquín dijo lo siguiente y el mismo Dalí respondió:

—Este es Salvador Dalí, perverso, polimorfo, anarquista, surrealista, excelso, divino, déspota, supremo que rompe con todo, el Dalí poseído de un delirio furiosamente dionisíaco, el Dalí ávido de dólares…
—Y monárquico. Pero no políticamente, sino metafísicamente. Para mí la monarquía es la prueba de la validez del ácido desoxirribonucleico, o sea que desde la primera célula viviente hasta la última, todo se ha transmitido genéticamente, pero no políticamente, porque soy apolítico total.

Y la esgrima verbal comienza desde el primer minuto. Y uno se da cuenta que se trata de esa clase entrevistas que no tienen desperdicio. Admiré desde mi adolescencia el trabajo de Dalí. Para mí encontrar esa entrevista fue como estar en un concierto en primera fila de mi artista favorito. Llámeme raro o lo que quiera, aunque si le gusta la pintura de Dalí y nunca lo había visto hablar (como yo en aquel momento) me entenderá.

Pero Joaquín dominaba muy bien el arte de la solemnidad y sabía cómo hacer sentir a gusto a cualquier invitado. Más de alguna vez pasó apuros, como en la entrevista con Rulfo, donde ya no hallaba qué preguntarle y finalmente le dijo en algún momento: “¿Le gusta la televisión?”. Y Rulfo, contestó con un simple sí. Pero sus introducciones eran de antología, como esta de Octavio Paz:

He aquí el rostro de Octavio Paz, uno de los grandes de la lengua hispánica, cuya obra está reconocida como uno de los más grandes esfuerzos de creación e interpretación cultural de la modernidad. Los críticos han señalado que Paz, como poeta, posee el caudal de voz de Neruda, el panteísmo surrealista y pasional de Aleixandre, la fabulación metafísica de Borges, el aliento épico de Huidobro, la gallardía verbal de Vallejo. Su obra solo cobra sentido en ese marco: el de los colosos, el de los gigantes.

Uno lo lee y efectivamente piensa que es un guion. Y tal vez era así, pero Serrano decía eso con un estilo que lo hacía parecer espontáneo. Para mí resultaba chistoso, porque yo no sé qué cara habría puesto si alguien me está dando cuento de esa manera. Quizá le hubiera interrumpido con una sonrisa torcida, de alguien que se siente muy apenado, mientras le espetaba algo así: “Ay, usté, tan pajero que es, si no es para tanto”. Pero Octavio Paz tenía un rostro natural y una sonrisa bonachona. Creo que ellos comprendían muy bien en qué ámbito se movían.

Pero la idea de un guion a seguir para una entrevista, por la naturaleza de la finalidad intrínseca, no me suena demasiado descabellado. De hecho, creo que este formato buscaba precisamente la finalidad de documentar para la historia y para la posteridad cualquier cosa que se nos ocurra sobre el invitado en cuestión. Así que si hiciéramos el mismo ejercicio, lo mejor sería preparar lo que necesitamos y trabajar con un guion, aunque al final el resultado sea medianamente improvisado. ¿Razones para creer en eso? Pongo un ejemplo: si yo entrevisto a una novelista salvadoreña, como Jacinta Escudos, estoy seguro que mi conocimiento es demasiado limitado para sacarle el máximo provecho, al mismo tiempo que al no ser de su confianza no puedo saber si estoy siendo políticamente incorrecto, y que por ende predisponga una respuesta que tal vez no me agrade. Las entrevistas espontáneas son estimulantes, pero un proyecto de la envergadura de A Fondo obedece a un tratamiento distinto. Si no hay preparación, mejor ni intentarlo.

Por otra parte, es evidente que Soler Serrano estudiaba a sus invitados, con una profundidad que seguramente le demandaba horas de lectura y asesoría de un equipo de investigación. ¿Resultado? Bueno, si ya ha visto las las entrevistas o cuando vea una me contará y podrá intentar responderme esta pregunta: En el ámbito de habla hispana, ¿conoce a un entrevistador con una experticia así de meritoria?

Sé que el periodismo de este tiempo ya no da para hacer proyectos así. Quizá esta iniciativa tendría que tomarla alguna entidad cultural de nuestro país. Es triste que nuestros escritores y artistas vayan muriendo y que no quede una especie de videoteca de la memoria cultural salvadoreña. Sé que un proyecto de esto no es rentable en el sentido práctico del capitalismo, pero esto trasciende lo económico. Un proyecto como estos nos forma y contribuye con el conocimiento histórico y la identidad cultural.

En lo personal, después de haber visto la mayoría de entrevistas, me sentí movido a imitar lo bueno y tratar de hacerlo en este país. Si usted, quien me está leyendo, se decide un día a trabajar en un proyecto de esta clase, no dude que ya cuenta con alguien que desea colaborar y aportar ideas. Este no es espacio para eso y estoy consciente de eso (escribo por ejercicio y por aprender a dejar fluir mis ideas), pero no puedo dejar de exteriorizar que es algo en lo que siempre estuve interesado.

Puedo afirmarlo: me siento endeudado con Soler Serrano. Hay autores a quienes jamás habría visto desenvolverse en el trato personal, o conocer detalles íntimos de sus vidas (lo cual contribuyó a comprender mejor su obra) de no ser por la labor titánica de ese programa.

No sé por qué me dio por acordarme de él. No soy periodista y soy de los primeros que no sabe que hacer frente a una cámara. Quizá porque me puse a pensar que estos tiempos no sería ni relativamente caro hacer algo así, y que son espacios que hacen falta propiciarlos. En fin… yo y mis exquisiteces del ocio…

2 comentarios en “Lo que aprendí de Joaquín Soler Serrano

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