Lecciones de 2017

Estuve leyendo las lecciones de 2016, para ver si podía extraer algo. Para vergüenza personal, esas lecciones aprendidas son un poco más optimistas que las que presento ahora mismo. No es excusa, pero lo cierto es que no imaginaba todos los cambios que este año me tocaría conocer y el tipo de personas tóxicas con las que me tocaría tratar. Ha sido un año en el que he tenido que endurecerme un poco a la fuerza.

En su momento había llegado a pensar que cuando me caía una racha de mala suerte, traía cola consigo, generándome una reacción en cadena que suele dejarme exhausto. Le contara detalles de cómo esto ha ocurrido a lo largo de mi vida, pero tampoco es charla de bar. Solo quiero confesarle que este año fue la cadenita de piezas de dominó con seres humanos, en todos los círculos sociales posibles: decepciones, gente que genuinamente quería hacerme daño, gente indiferente a quien no le importaba si recibía todo el daño, etc.

Pero yo no soy víctima. De hecho, lo más seguro es que soy culpable de miles de cosas, o se sobrevinieron cambios que provocaron reacciones variadas en distintas personas. Ni modo. Así tuvo que ser.

Quizá la lección más importante fue la frase de cajón, de la siempre sabiduría popular: “Lo que no te mata te hace más fuerte”. Pero por su carácter de obviedad prefiero no ponerla en la lista. Esta la complemento con una lección que aseguré haber aprendido en 2015, pero que hasta ahora la estoy viviendo en toda su dimensión: “No hay que interrumpir el flujo infinito de las matemáticas humanas: las personas vienen y van”.

En fin…

Si pudiera resumirlo, estas 10 lecciones básicas las aprendí en 2017:

10- Hubo un tiempo en el que creí en el destino, en que la suerte está echada. Luego vino un tiempo de escepticismo. Pero después de todos estos años, ahora no sé si creer en una cosa o en la otra. Quizá el asunto está mal planteado, o solo somos parámetros y probabilidades. En fin… yo solo sé que PREFIERO NO SABERLO.

9- Si alguien que me conoce no me devuelve un libro, la probabilidad de que lo considere un mal ser humano, o que en todo caso lo considere como alguien que me quiere hacer daño, es del 99%. Lo sé, suena exagerado, pero es una conclusión a la que he llegado, tras años de observar a los ladrones de libros: y que encima finjan amistad, que sepan y me conozcan por mi amor por los libros, y que a pesar de ellos con todo el cinismo del mundo se burlen de eso que para mí es importante. Causa indignación. Así que es una lección importante: ese tipo de personas debo alejarlas de mi vida.

8- Lección aprendida por las malas: en el 99% de casos que conozco, a lo largo de toda mi vida, una persona que es sabia en su propia opinión tiene altísimas probabilidades de ser un mal ser humano: malo es malo, y aplica para cualquier aspecto pensado o no en principio.

7- Si alguien se siente amenazado o en desventaja por convivir con uno, sin motivos válidos para que tal cosa ocurra, en definitiva es señal para activar las alertas de la conciencia y estar atento a cualquier posibilidad: el miedo saca lo peor del ser humano, y lo peor puede ocurrir mientras alguien estrecha mi mano y sonríe.

6- Si después de explicar, aclarar, demostrar, e incluso revelar una exclusiva para otra persona, esta sigue teniendo una idea que nos afecta desde lo innegociable, entonces es momento para dejar pasar o para hacerse a un lado: somos contradictorios, pero tenemos derecho a una segura e infranqueable zona fundamental.

5- Lo dice Bradbury: “Así es la vida —dijo McDunn—. Siempre alguien espera que regrese algún otro que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, quienquiera que sea, para que no nos lastime más”. Sabato lo dice con más dureza: “Poniendo mi mano izquierda sobre sus cabellos, le respondí: —Tengo que matarte, María. Me has dejado solo”. Lo cierto es que el miedo a que el dolor se siga prolongando es la genuina prueba de fuego: ¿qué hacer para sobrevivirse?

4- La amistad es aceptar lo que se ve después de varios años de seguir arrancando velos.

3- La resignación es un premio de consuelo: pero ¿el consuelo es una genuina recompensa?

2- El tiempo añeja, filtra e idealiza… también confirma y asienta como barro que se seca al sol. Por eso nadie debe solo porque sí invalidar las ideas o la forma de pensar, sin haber tomado en cuenta la perspectiva del tiempo.

1- El miedo a la felicidad es más autodestructivo de lo que parece.

* * *

Esta fue la última entrada que escribí en El Club de las Incertidumbres. Sea como sea, no quería que se quedara fuera de mis principales publicaciones, aunque ya estamos al final del primer mes de 2018.

 

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