Hablemos del Eros

Estos son tiempos en los que tenemos una relación desdibujada con el sexo. Se nos enseña (sí, se nos enseña, porque no vaya a salirme con lo que cada uno descubre por su cuenta) a fundir en una extraña amalgama al amor junto con el sexo. Pero ¿realmente el amor y el sexo van de la mano? Lo pregunto en serio. Y estoy consciente de que la respuesta ha hecho correr la tinta no solo en estos tiempos caóticos, sino en todas las épocas, desde que se permitía el lujo de razonar sobre esta clase de cosas.

Pero hay que decirlo también: desde el tiempo posterior a la Segunda Guerra Mundial hasta hoy ha convivido en paralelo (ya varias generaciones) un porcentaje alto y considerable de personas que separan el amor del sexo. Ya lo sé, eso siempre ha existido, pero en estas últimas décadas eso se ha transformado en un modo de vida común, de tal manera que nuestra relación amor-sexo se ha vuelto muy, muy compleja, lo cual ha hecho que incluso la comunidad científica comenzara a mirar. El informe del Dr. Kinsey es solo un ejemplo de los miles que hay en la actualidad, como los estudios de la medianía, las particularidades libres, las hipótesis del instinto, la antropología del parentesco y un largo etcétera.

Es decir que actualmente somos un mundo (déjeme ser reduccionista al menos en este post, solo para este tema) en el que conviven dos clases de personas: las primeras, con una escala de valores posvictorianos o similares, y donde también se combinan las escalas de valores regionales, incluidas toda la tradición de lo que suele llamarse buenas costumbres (cuya implicatura es que el resto que no sigue sus parámetros tiene que estar viviendo por fuerza en las malas costumbres); y las segundas, que son aquellas personas que prefieren llevar una vida sexual a como les dicta su conciencia, tienen un concepto del amor distinto a las primeras (ni mejor ni peor, solo diferente) y prefieren replantearse constantemente las costumbres tradicionales. A más de 70 años, la humanidad sigue conviviendo con uno y otro tipo de personas. A veces se combinan y fusionan. Eso vuelve las relaciones actuales de lo más impredecible. Y en algunos casos eso implica chascos, incordios, problemas de toda índole…

Miles de cosas podrían decirse de lo uno o de lo otro. Como he dicho, ha corrido mucha tinta y no quiero arriesgarme a perder el rumbo. Lo importante es entender lo siguiente y espero que esté siguiéndome: el sexo está ahí, por supuesto, siempre ha estado, todos lo vivimos y lidiamos con eso, ya sea preguntando o ignorando, desde muy temprana edad o hasta llegada la madurez, o nunca, o de forma placentera o de forma traumática, o de todas las variantes que se puedan pensar. Pero está ahí. Y sin embargo no sabemos manejarlo.

Y si usted quiere convencerme que lo maneja como cosa fácil, revise si en el camino hay daño individual o colateral. ¿Que eso es problema suyo o de cada quién? Comprendo: entonces no sabe manejarlo. Ser un egoísta individualista consumado no es manejarlo, o solo argumentar que es normal sufrir en el amor o el sexo tampoco es manejarlo. Apelo a su humanidad para que concordemos en que esto es más complejo. Es una discusión para largo, pero solo puedo añadir para mientras que si todos decidimos ser despiadados este mundo estaría más inaguantable de lo que cree. Hay millones que no lo saben manejar y sé que lo sabe. Todos lo sabemos. No, no es solo el machismo, el hembrismo o cualquier postura radical: es vivir y dejar vivir, tratar de ser pleno sin tener que destruir, o en todo caso aprender a tolerar si no estoy de acuerdo con la forma en la que el prójimo decidió vivir. ¿Verdad que no es fácil?

Lo peor es que apelar al amor es solo lo más básico. Se nos ha enseñado una forma de amar y si rompimos con ella elegimos la que nos haga sentir mejor, pero muchas veces ignoramos e incluso invalidamos la forma de amar del prójimo. A mí, por ejemplo, me gusta el esquema de amor hombre-mujer. Tengo amistades que optan por otros esquemas y nos respetamos perfectamente. ¿Cuántos esquemas conoce usted? Al parecer hay otras formas de amar, donde se amalgaman amor y sexo en múltiples formas de vivir: amigo con derecho, compañero sexual, amor romántico, amor confluente, monogamia, bigamia, poligamia, poliandria, matrimonio abierto, matrimonio grupal, swinger, amor libre, poliamor… en fin, no es tan simple. ¿Será que solo se trata de descalificar? ¿Solo que se jodan los demás, todos son inmorales y ya? ¿Todos son enfermos menos la manera de amar que nosotros conocemos? Ya lo ve: manejarlo es difícil.

Por otra parte, quiero que se tome su tiempo y revise el siguiente documento. Si ya lo conoce no estaría mal darle una hojeada rápida, a manera de recordatorio. Muchos dirán que es un libro porno, con excusa de colocar imágenes. Tal vez. Un juicio de valor en muchos sentidos admisible. Pero viene a mi mente algo que Sabato escribió más o menos así en alguna parte: detrás de las ideas aparentemente más simples se encuentran los móviles más complejos. Juzgue usted.

Esto me lleva de forma inevitable a otro tópico: si es difícil hablar de sexo, imagínese hablar de pornografía. A mí me ha pasado, por ejemplo —y no sé si usted lo ha vivido—, que he perdido la poca buena impresión que hubiera causado en alguien solo por mencionar un tema tan cuestionable como la pornografía. Y no, no se trata de sacarlo a colación como un tema vulgar: hablarlo en serio, como un problema moderno de proliferación en todas las esferas sociales. Mencionar sus características, su forma de caricaturizar el sexo, el exhibicionismo y las modernas concepciones de fetichismo de la mercancía: da igual, su sola mención escandaliza a más de uno.

Pero el documento le muestra algo más que evidente. Eso que llamamos porno siempre ha estado ahí, desde hace miles de años. En algún punto de la historia pasó a ser de representación de fertilidad a algo inmoral, satánico, incomprensible. Ese libro no es porno, es un documento histórico. Pero ¿por qué cuesta tanto quitarse esa sensación de estar hojeando algo inmoral?

Y como esto comienza a quedar peligrosamente largo, creo que por primera vez dejaré esto hasta aquí y tendré que hacer una segunda parte…

2 comentarios en “Hablemos del Eros

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