Ni lo uno, ni lo otro

¿A quién se le habrá ocurrido la frase “en la guerra y el amor todo se vale”? Sé que forma parte de la sabiduría popular y siempre he considerado que la sabiduría popular es más importante de lo que parece, y muchos suelen subestimarla, como si el acumulado de la experiencia colectiva no contara. Sin embargo, esta frase me parece demasiado sospechosa… al menos desde una situación indignante que viví hace un par de años. Ya no sé si hay o no sabiduría en esa frase, pero lo que sé es que me niego a aplicarla en mi vida.

De entre los asuntos humanos no hay nada más descontrolado, impredecible, aleatorio y a lo sumo con efecto entrópico que el amor y la guerra, lo cual implica que simple y sencillamente es imposible mantener todo bajo control. La frase entonces se convierte en una justificación y legitimación, en una ruptura ética y moral, y en estos tiempos implica además la exaltación del egoísmo individualista.

Lo he dicho en muchas conversaciones y de seguro alguien más ya lo pensó o escribió, pero quiero mencionarlo como frase de cajón (que ya se me está haciendo costumbre añadir demasiadas): estamos más listos para hacer la guerra que para hacer el amor. No sé si es misántropo de mi parte pensar que nos resulta sencillo acceder a la maldad, pero piénselo: hay quienes hasta tienen pavor a enamorarse y salen corriendo, pero están con los puños listos si alguien desea ponerlos a prueba. ¿O solo yo conozco personas así?

En la guerra y el amor hacemos cosas desesperadas, a veces cargadas de insensatez. Se me ocurre por ejemplo las tablillas de maldición de amor de la antigua Grecia (algunas tan antiguas que resultan insólitas a la misma comunidad científica), que son la prueba de la preocupación y del tratamiento que se le da al asunto en un caso de la antigüedad. Si le interesa el tema, lea esto, por ejemplo.

¿Cómo podemos pensar que estamos listos para el amor si nos gusta adueñarnos de las personas? Si no nos aman en la misma medida en la que amamos nos frustramos o actuamos de forma incorrecta. Cuesta, cuesta, no ser egoísta. Como le dije a alguien una vez: “Vos no tenés nada de culpa… todo esto es solo un inmenso rollo mío”. Y no lo digo para fingir algún tipo de falsa madurez: me he equivocado más veces de las que quisiera admitir. Pero todos aprendemos de las caídas, ¿o no? Por eso sé distinguir cuando incurro en el autoengaño y cuando tal vez, allá a lo lejos, podría estar pasando algo. ¿Por qué algo? No sé… en este tiempo cuesta ponerle nombre a las cosas. Dadas las incertidumbres, por eso prefiero seguir mi rumbo así como estoy.

Lo peor es que el amor quema. Al menos el que creo conocer. Y este es un tiempo en que a nadie le gusta quemarse. ¿Y qué decir de la guerra? Estos son tiempos (ejem… creo que siempre ha sido así) en los que la guerra podría ocurrir en cualquier momento, de forma espontánea, con cualquier cosa. Y convertir todo en un caos. ¿O me negará que vivimos en un mundo que es una inmensa olla hirviendo? Quizá estoy siendo demasiado negativista. Veo fantasmas en todas partes.

Ya nos defraudamos de las ideologías (de los grandes relatos diría un filósofo francés) y qué se yo de qué otras cosas. Son tiempos demasiado cínicos para lo que estoy acostumbrado. Y Foucault lo apuntó de forma muy interesante (tal vez un poquitín misántropo también): “La política es la continuación de la guerra por otros medios”, ya que pareciera que siempre estamos a punto de reventar. Siempre indignados, con deseos revolucionarios, con etapa anárquica, etapa existencialista-nihilista, absorbidos por el sistema a regañadientes y dejando pasar aquello que no entendemos. Como el amor y la guerra.

Siempre otras emergencias, siempre resolver otra cosa primero. ¿Resolver el qué? Es imposible resolver algo. “Los problemas no puede resolverse, solo minimizarse”. ¿Quién lo dijo? Ya lo he olvidado. No quiero googlear.

Son tiempos de demasiado analfabetismo emocional. Y claro, yo no soy ningún iluminado. Acepto que estoy despotricando desde mi cueva, desde mis propias incertidumbres, porque el primero que ya no entiende nada soy yo. Pero si no escribo sobre todo esto no puedo exorcizarme. Y este espacio lo tomé prestado para eso. ¿Para qué si no?

¿Cómo es eso de que todo se vale? Naaaa, no estoy de acuerdo. Es una concepción demasiado irresponsable. Primero hay que resolver todos esos analfabetismos, todos esos prejuicios, todas esas rasgadas de vestiduras posvictorianas, todas las hipocresías, amar y dejarse amar con responsabilidad, asumir la parte que corresponda… y entonces me dirá si se vale todo o no. Ahora bien, para qué negarlo: si usted tiene un argumento (que no consista en la simple descalificación, que eso cualquiera lo hace) para dialogar al respecto, con mucho gusto le pondré atención. Hace tiempo que quiero muchas respuestas y las he buscado por mi cuenta… quizá hace falta dialogar con expertos…

Si le creyéramos un poco a uno de los grandes maestros de la sospecha, el mayor problema del amor y la guerra sería el sexo, porque parece ser que el sexo está en todas partes, incluso relacionado (aparentemente) con las cuestiones más sutiles e inútiles. Que conste, no es mi opinión: hay muchos que incluso defienden esa postura. Es una posibilidad de las miles que hay.

Pero dando un poco de crédito al respecto, ¿no es de todos sabido que lo más visitado en la red es todo lo relacionado con los temas de amor y el sexo? Ojo, que no digo que eso sea la media del internet. Es falso que la pornografía —por ejemplo— sea el 90 % del internet o algo así. Pero es muy complicado negar los números de la idustria del sexo… representa un porcentaje muy alto de la economía de la red y a nivel mundial. Pero la industria del sexo son otros veinticinco pesos, un tema que incluso las autoridades mundiales tratan con discresión. Usted sabe. Es complejo.

Hablar de amor y hablar de sexo es un tema espinoso, no quiera negarlo. Familiares, amigos, miembros de iglesia, personas que se escandalizan con facilidad y que hasta podría pender de un hilo la amistad si se llega a ser políticamente incorrecto: ya lo ve, estamos más listos para hacer la guerra que para hacer el amor.

Pero me he quedado con muchas ideas al respecto, aunque tal vez no sean más trascendentales de lo que en promedio todos podemos opinar. De todos modos, creo que en mi siguiente post hablaré un poco sobre el sexo. Hay ideas que necesito exorcizar también.

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