Escenario tragicómico y contundente

*¿Nunca ha tenido ese sentimiento, que de inmediato descalifica, que de corazón quisiera borrarlo, pero no puede, y crece y crece, y no lo deja en paz, que lo niega con lo que puede, que intenta invalidarlo, justificar su no existencia, pero contra todo lo que entrometa el sentimiento siempre prospera? ¿Increíble, verdad? A veces hasta puede llegar a sentirse ridículo, apenado consigo mismo. ¿Por qué a veces somos incapaces de detenerlo? Avanza y domina, y en la negación de la negación crece a toda costa, hasta que no le queda más alternativa que aceptarlo. Primero en silencio, luego le afecta en todo lo que hace, finalmente cae un poco en la desesperación, pero de repente toma el valor, lo confiesa o lo desahoga de alguna forma, y entonces la angustia desaparece, alguna cadena cae y se siente más libre, con menos peso. Y el sentimiento no morirá inmediatamente, pero si es un sentimiento que no deseaba, depositado no en una buena o mala persona, sino simplemente en alguien que no debe ser, al menos habrá dado el primer paso. Siempre es posible curarse. Hay un sentimiento después del sentimiento. A veces hay que obligar a la resignación.

Conozco historias de casados, quienes de repente se sintieron atraídos por compañeras de trabajo o de cualquier otro contexto y círculo social. Conozco un par de casos que cedieron a la tentación, pero también conozco otros que lo llevaron con estoicismo. Conozco un caso grave, el de alguien que se enamoró de una compañera de trabajo que lo odiaba, la mujer que peor lo trataba. Ni él podía entenderlo. Lo sufrió en silencio y tardó años en admitirlo. Cuando me lo contó lo hizo casi con lágrimas, con la garganta quebrada. Amar es una cosa extraña, complicada. Y no, no se trata de que él sea masoquista. Le pasó así, solo con ella, por una razón que ni él mismo entiende todavía. Intentó odiarla, maltrataba verbalmente a su presencia invisible cuando bebía. Nada pudo evitar ese capricho interno. ¿Qué hacer ahí? No la conocí, pero supongo que algo especial tenía ella.

Quien crea que los sentimientos pueden sujetarse a la razón por la simple voluntad, entonces no conoce el sentimiento que quema, el de verdad, uno que suele moverse más o menos contra la voluntad. No ese por el que a veces queremos justificar nuestras acciones. No. Hablo de ese que, aunque pasen los años, dejó una extraña cicatriz, una que jamás debió ocurrir. Decirlo o no decirlo. Decirlo y luego reventarse la cabeza contra la pared. ¿Qué hacer si una acción no puede borrarse? Pero la acción tampoco existe. La única prueba es la memoria desde la otredad. ¿Y qué decir cuando cede a un impulso corporal? Ese sí puede controlarse, pero somos inmaduros al no admitirlo: creemos que lo abstracto es solo mental y que lo físico es inevitable. Claro, la moral de nuestro tiempo… siempre haciendo de las suyas, siempre tan variable.

También conozco personas que nunca vivieron nada de esto. Eso les facilita descalificar a quien sí lo ha pasado. Por alguna razón siempre tuvieron la fortaleza emocional para no sentir nada fuera de lo común. Todo en este mundo está lleno de variables. Es importante comprenderlo también. Ni el uno ni el otro tiene enfermedades emocionales: uno es más pragmático y flemático, y el otro es más melancólico y sanguíneo. También hay mezclas. Lo importante es no descalificar. Es necesario mejorar el comportamiento comunicacional.

A pesar nuestro nos sobrevivimos. Es la dosis de cada día. Cada día tiene su propio afán. Seguimos un guion teatral y nos hemos sometido al pacto colectivo. Creo que fue Schiller quien lo dijo: “El humano solo juega cuando es libre en el pleno sentido de la palabra y solo es plenamente humano cuando juega”. Algo así, o era en el estilo clásico —¡ejem!, machista— “El hombre…”, etc. Y bueno, el constructo se ha vuelto demasiado grande y ya no podemos escapar de él. Si no logramos someternos a las reglas somos antisociales. En más de algún sentido todos lo somos, pero en rigor seguimos el 99.99 % de estándares. Nos guste o no. Usted cree que tiene algo diferente y único, y luego resulta que de repente descubre 100,000 resultados de eso que usted creía que solo usted pensaba. Pero no intento impresionarlo: eso usted ya lo sabe. Hasta aquí todo bien.

El problema es cuando de forma repentina le vienen los deseos de huir. ¿Le ha pasado o seré el único? Es imposible que sea el único. Todos hemos sentido el deseo de huir. ¿Huir de qué y hacia dónde? Eso a veces no se sabe con certeza. En buen salvadoreño alguien puede decir: a veces quisiera mandarlo todo a la (inserte la de su preferencia, que hay variables en dependencia del vocabulario de cada quien). Yo, que he tenido el rasgo inmaduro de ser impulsivo, más de una vez me arrogué el derecho a ser egoísta y mandé todo a volar. Uno sabe que eso no está bien: pero es eso o llevar la erosión hasta las últimas consecuencias. Todo en la vida tiene un ciclo. A veces pueden cerrarse y otras no. También dejé ciclos sin completar y asuntos pendientes. Quizá me convierta en fantasma.

Complicarnos la vida es algo con lo que lidiaremos para siempre. Solo así se justificará la existencia del arte y de millones de cosas. Es decir, complicarse la vida forma parte del sinsentido y del paso del tiempo. Así lo hemos decidido, porque si no fuera así: ¿qué ocurre cuando no ha sido capaz de cortar un hilo? Lo sé, a veces no es fácil. También nos metemos en problemas que traen repercusión práctica, los cuales son el pan de cada día, llámese deudas o lo que sea. Pero no he aludido a nada de eso. He hablado todo el tiempo de lo emocional. Y la principal razón de hacer eso es que usted puede estar en cualquier contexto de lo que se le ocurra: pero en esencia padecemos una amalgama de sentimientos, en mayor o menor medida. Y no importa a qué estrato pertenezcamos. El llamado humano nos acaece a todos. “El mundo es todo lo que acaece”, dijo uno de los más sabios del siglo XX.

A medida que uno ve atrás en el tiempo, se entera que la vida era incluso más dura. Aunque era posible realizarse de formas que ahora se agotan fácilmente o en las que ya no queda oportunidad, lo cierto es que antes uno debía tener una resolución y tenacidad mucho mayores para sobrevivir. Hoy disponemos de millones de cosas que en teoría hacen más fácil nuestras vidas y desplazan nuestras preocupaciones. Pero lo cierto es que la vida NUNCA ha sido fácil. Nunca en ninguna época. El dominador y el dominado siempre ha existido. La dialéctica amo y esclavo siempre ha sido una constante. La violencia es el hilo conductor de la historia y la prueba es que las guerras nunca han cesado. No me crea a mí: cuénteme un solo periodo de paz en la historia de la humanidad y me retractaré. Siempre ha habido hambrunas, muerte, destrucción, escasez, ambición, distribución injusta de la propiedad, lucha de clases y todo lo demás. Siempre la familia ha sido el factor determinante de la felicidad y hasta el momento el núcleo tradicional del desarrollo social. Y eso implica que a veces ahí se toman las decisiones más trascendentales. Pero la familia no siempre está constituida por lazos de sangre: familia es una palabra demasiado amplia.

Nunca debemos arrepentirnos de nuestras decisiones, porque nada logramos con eso. Solo podemos continuar y ya. ¿Algo irreversible pasó? Ni modo, a volver a empezar. Y así… como repito y no me canso de hacerlo, solo queda seguir, seguir y seguir.

A veces uno quisiera una cuerda mágica con la cual atar el tiempo, pero eso es imposible. Y es una de las constantes que le dan sentido práctico a la vida. Es duro, pero solo queda detenerse y lamentarse, o tomar fuerzas de flaquezas y seguir. La fórmula mágica no aparecerá. A menos que gane la lotería, los asuntos financieros son una preocupación de por vida… es el precio que pagamos por vivir bajo este sistema. Nunca están totalmente resueltas las cuestiones financieras. Entonces, ¿para qué desmotivarse?

Es por eso que siempre consideré irrelevante la realización material. Es cierto: es triste pasar por la vida y no haber tenido una casa “propia” y un carro, y todas esas cosas que otros llegan a tener alguna vez. Pero también es cierto que no a todos nos es o será dado llegar a tener. También es cierto que nada de eso nos llevamos. ¿Quién es dueño de algo realmente? Nadie. Nada nos llevamos. Solo acumulamos y administramos cosas que creemos que nos hacen la vida mejor. La realización puede sentirse de una u otra forma, pero al final nada de eso tiene sentido si no somos felices nosotros mismos, ya sea con la familia o conociendo el amor.

Si mañana perdiera todo de golpe, si repentinamente nos anuncian que nos queda un mes de vida. ¿Qué hacemos? Todo lo material ya no importa entonces. ¿Qué nos queda? Si ha llevado las cosas bien y tiene cerca a quien ama, entonces le queda el amor. Si en esos momentos cruciales de la existencia no contamos con eso, entonces tenemos que asumir lo que nos queda. Con rabia, con valentía, porque de todos modos somos producto de nuestras decisiones y ya no hay vuelta atrás.

Como todos en este mundo, yo a veces también reniego de mi situación. Todos quisiéramos estar un poco mejor, o al menos ahorrarnos un par de incomodidades. Pero no podemos tenerlo todo en este mundo. Es una tragedia y es una comedia. Es la más pragmática y contundente realidad. Eso me hace querer volver siempre a estos versos:

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

A veces quisiera desarrollar ataraxia. Pero luego pienso en todo lo que he sido capaz de sentir… aún los momentos provocados por el miedo o el dolor: no lo cambiaría. Prefiero seguir con el papel que me corresponde, o bien, con el que decidí asumir, para al menos tratar de ser un poco más responsable conmigo.


*Esta entrada fue publicada originalmente el 24 de junio de 2016.

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