Salir a caminar bajo la lluvia

*¿Nunca le pasó que salió a caminar en un día cualquiera, y con propósito definido, pero luego se encontró a otra persona y le cambió el rumbo? A mí sí. Y también al protagonista de esta historia. Salvo un par de omisiones, todo realmente pasó. Le pasó al amigo de un amigo.

Héctor se levantó temprano, contrario a su costumbre. Necesitaba completar un trámite en la universidad y era último día. Al ser fin de ciclo pasaría cerrada casi un mes y las posibilidades de hacer ese mismo trámite cuando comiencen las clases era un acto negligente.

Pero todo salió bien. A las nueve de la mañana ya había terminado todo, todo. Estaba yendo directo a la salida, pero se le ocurrió ir a la cafetería de la universidad. ¿Fue el destino? Él siempre ha querido verlo así, pero yo creo que fue una coincidencia. Una extraordinaria, por supuesto. Pero nunca externé mi opinión al respecto. Espero que no esté leyéndola ahora.

En el camino a la cafetería queda la biblioteca (cualquier parecido con cualquier universidad del país es pura coincidencia) y se desvió para comprobar si estaba cerrada. Y lo estaba, por supuesto. Como se desvió continuó por esa ruta y saldría por detrás de la cafetería. Daba lo mismo. Lo importante era llegar. Pero no alcanzaría a hacerlo, porque reconoció a unos 20 metros una silueta: y lo estaba viendo a los ojos, y sonreía, y siguió caminando hacia él, y extendió los brazos en un gigantesco abrazo, y él no los levantó pero ella sí, y saltó hacia él, y lo abrazó, y él reaccionó, y la abrazó, y se abrazaron por un rato. Qué más daba. No había un alma en todo ese lugar. No había escena patética para terceros. Pero ¿quién era ella?

Diana fue compañera de Héctor. Desde que se conocieron hicieron clic. ¿Es interesante cuando eso pasa, verdad? Ella proviene de uno de los países del sur. Cuando el ciclo terminó ella debía volver a su país por motivos de fuerza mayor. No sabía si regresaría y continuar lo que había comenzado. Héctor siempre fingió ser fuerte y se dedicó a disfrutar su compañía. Hay quienes pensaban mal de ellos, pero quienes los conocíamos sabíamos que entre ellos no había pasado nada. Al menos no en el sentido en el que espero que no esté pensando.

Todo salió a tiempo para Diana y pudo volver al país. Reinició sus trámites y solo le quedaba confirmar los datos de perfil. Lo logró por un pelo. Lo hizo también el último día no como Héctor, que lo dejó todo para el final, sino porque para ella fue el tiempo justo. Lo que le alcanzó. Pero fue a las oficinas de la carrera que estudiaba y estaban cerradas. Así que estaba buscando la salida cuando vio a lo lejos a un distraído Héctor. Pero no lo dejó de ver, sabiendo que la mirada viaja y viaja hasta impactar sensorialmente en dos que se conocen. Y fue verdad, porque él levantó la mirada y puso cara de tonto.

Caminaron juntos a la parada de buses y allí tendrían que separarse sus caminos. Dejaron pasar varias rutas que correspondían a uno u otro. Buscaban excusas. Finalmente ella tomó la iniciativa, lo tomó de la mano y se subieron al primer bus que se detuvo. ¿Qué ruta era? No importa. ¿Hacia dónde iban? Da igual, casi todos llegan al centro de la ciudad. En el camino se les ocurrió a ambos que querían estar en el lugar más alto que estuviera disponible. Fueron a ese lugar en el que usted está pensando. ¿O no?

Después de viajar casi las dos horas llegaron al lugar y sabía que tenían que caminar más. Está de más en decir que lo hicieron y pasaron horas juntos riendo, actualizándose, olvidando ya que por poco y no volvían a verse nunca más. Comenzó a llover. Aunque retornaran el camino corriendo igual se mojarían. Así que daba lo mismo. Aguantaron frío juntos. Se besaron como si fuera la última vez que se verían. Y solo cuando empezaron a tiritar de frío y que la cobija humana no les alcanzaba decidieron bajar. Lo hicieron de la mano y caminaron bajo la lluvia. Muy cliché, ¿verdad? Pero así pasó.

Decidieron caminar gran parte del regreso. La lluvia terminó, y estaban agotados y hambrientos. Pero los dos no tenían dinero y el lugar solo tenía restaurantes caros (cualquier parecido… bla,bla,bla). Cuando por fin llegaron a la parada de buses encontraron a una vendedora de fruta. Fueron afortunados porque ya casi oscurecía y ella ya estaba guardando. Reunieron dinero entre los dos y compraron y compartieron. Sus ropas ya se habían secado, así que pasaron desapercibidos en su regreso al centro de la ciudad.

De coincidencia debió estar cercana alguna fecha feriada, porque la ciudad estaba llena. No como cotidianamente suele estar, sino llena de gente, de ventas de comida, de uno que otro turista, con ruido en los parques principales y todo eso. ¿De qué no estaban enterados? Da igual, siguieron caminando y Héctor buscaba la parada de buses para encaminar a Diana.

En algún punto de todo eso él hizo el comentario estúpido del día. Fue un comentario simple, pero allá, muy allá en el fondo, como implicando algo, contrario a su costumbre, no dejó de recriminarle a Diana que se fuera sin despedirse (porque así lo hizo). Diana argumentó que siempre odió las despedidas. Él le recriminó que qué habría pasado si de verdad no volvían a verse.  Comenzaron a comportarse como niños y dejaron de notar si había personas que los veían o no. Llegaron al final de la acera y un semáforo estaba en rojo.

Él no paró de hablar y las cosas comenzaban a salirse de control. ¿Tan nervioso estaba el pobre Héctor? Pero ella zanjó toda discusión, justo cuando el semáforo se puso en verde. Él iba a pasarse la calle, y ella lo detuvo, y le dijo que qué más daba si lo amaba, y Héctor la miró, y ella lo jaló, y se besaron en una esquina de una calle del centro de la ciudad, y estorbaban el paso de cientos de personas que estaban pasándose la calle, de ese día que especialmente estaba tan lleno de gente.

A partir de ahí el interior de Héctor se dejó llevar. Quitó todo freno de mano en su interior. Como diría Stendhal: “Volaba su alma por las nubes”. Para mí que eso terminaba mal. ¿No lo cree? Claro, hubiera sido una tremenda descortesía decírselo. Era necesario que Héctor viviera lo que tuviera que vivir. Al fin y al cabo, nadie puede garantizar un final feliz, un final triste o un final caótico. ¿No le parece?

En fin… sé que la historia es aburrida, pero siempre me pareció muy tierna. Quizá porque conozco a los presuntos implicados. Porque esto, salvo ligeras omisiones, en verdad pasó. Le pasó al amigo de un amigo…


*Esta entrada fue publicada originalmente el 8 de junio de 2016.

2 comentarios en “Salir a caminar bajo la lluvia

    1. Interesante que le haya parecido un relato literario. Gracias por ese comentario. Pero en realidad de verdad le pasó a alguien y lo publiqué con datos velados, para no afectar de forma directa a las personas que vivieron esta interesante historia. Pero de verdad, gracias por comentar.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .