Unas pocas palabras sobre la amistad

Hubo un tiempo en mi vida en que las personas excesivamente amigables me resultaban lo máximo. Creo que éramos del mismo club, un total tal para cual. Ahora veo con sospecha a las personas así, incluso cuando yo mismo, muy en el fondo, sigo siendo exagerada e inoportunamente amistoso. ¿De dónde sale tan terrible contradicción?

Debo considerarme afortunado, ya que haber sido amistoso y dedicado me dio al grupo de amigos al que pertenezco ahora. Aunque también una buena parte, dando vuelta a la moneda, casi que la mayoría de personas que se cruzaron en mi camino, resultaron ser aquellas que solo necesitaban favores, o que encontraron puntuales formas de utilizarme. Pero confieso que no sé si es la razón principal por la que me cuesta creer en los excesivamente amistosos. Solo lo menciono porque es un hecho.

En el camino fui perdiendo mi forma cariñosa de ser. Eso lo acepto. Antes no solo era amistoso, sino genuinamente cariñoso. Ahora veo [mejor dicho, siento] que a nadie le importa. Perdí el contacto físico con las personas. Ni siquiera mantengo contacto físico con ningún familiar. ¿Cómo pude permitir que esto me pasara?

No creo ser una fuente seca, aunque varias veces lo he llegado a pensar. Y no puedo quejarme o argumentar sobre mi increíble y triste historia, porque en este mundo siempre pasan cosas más terribles. No soy sobreviviente de nada, aunque tampoco he vivido en un lecho de rosas. Soy como todos. Supongo.

Así que en cierto modo no me siento del todo cómodo al comentar acerca de la amistad. Una opinión pertinente de esta naturaleza se le puede valer, no sé, a Michel de Montaigne, a Boccaccio o a Goethe. Yo seré menos que advenedizo. Quizá caiga en el mismo pozo negro que los libros de autoayuda. Pero es mi experiencia. Es lo que hay.

1- No es un buen amigo aquel que trata de cambiarnos. Un buen amigo tiene el legítimo derecho a opinar, si nosotros se lo hemos dado. No puede obligarnos a cambiar, a menos que eso riña con algo que se considere como diferencia fundamental no negociada para ambos. Si esa diferencia trasciende la simple incomodidad, entonces no hay más que hablar. La amistad no viene a lugar. Un buen amigo nos acepta tal cual somos, a menos que eso riña con la visión de mundo de alguna de las partes.

2- Ojo con las personas que ponderan demasiado las apariencias. A un buen amigo le dará igual que vistamos con trapos viejos o con un buen traje. Jamás se avergonzará de nosotros, y si algo en particular pudiera afectarle (lo cual es válido en contextos muy puntuales), debe tener la honestidad para decírnoslo. Si duda para decirnos lo que le avergüenza o incomoda, entonces no hay suficiente confianza, o a lo mejor es cuestionable eso que nos quiere reprochar.

3- Cada amistad es demandante en diferente medida. Hay amigos que se conforman con verse una vez al año o una vez al mes. Hay amigos con quienes uno puede verse semanal. Si se es afortunado, a lo mejor a diario. Borges dijo en una de sus entrevistas con Soler Serrano: “Uno de mis mejores amigos se casó y se olvidó decirme que se había casado. Como hablamos de temas generales y era muy tímido también, le parecía que contar algo personal era una impertinencia. Y es que nunca nos hicimos confidencias. La amistad puede prescindir de la confidencia”. Siempre lo pensé, mucho antes de haber visto esta entrevista de Borges: pero él lo dice de una forma muy hermosa. Un buen amigo no tiene la obligación de ser el Big Data. Repito: cada amistad es demandante en diferente medida.

4- Lo mencioné en mis lecciones de 2017, pero es necesario reiterarlo: La amistad es aceptar lo que se ve después de varios años de seguir arrancando velos. Creo que, con los años, solo con los verdaderos amigos trascendemos lo que usualmente cualquier otra persona con facilidad nos haría enfadar, o indignar.

5- JAMÁS terminamos de conocer a otro ser humano. Así que hay que tener mucho cuidado con esas personas que quieren que por fuerza mostremos todo, o que por fuerza quieren controlar nuestras variables, como si fuera fácil reducirnos a un par de parámetros y posibilidades. Para conocer la absoluta naturaleza de cada persona, tendríamos que tener acceso a todos los universos paralelos, realidades alternativas, parámetros y conjunto de millones de posibilidades. Solo así se podría saber si uno de sus amigos es capaz de matar, robar o engañar vilmente, o que por el contrario, preferiría morir antes de ser innoble. Incluso así, todo dependería del contexto y las circunstancias. Es imposible tener control de todas las variables. Es por eso que solo nos queda ofrecer la más brutal y llana honestidad. Jamás será suficiente, pero la vida apenas nos alcanza para conocer solo una parte de cada persona. ¿No hace eso acaso la amistad más fértil e infinita? ¿No le da además un toque que nos obliga a actuar de buena fe, esperando lo mejor de los demás?

6- Como bien apunta Borges, la amistad prescinde de la frecuencia. Pero si una persona se niega demasiadas veces, en un periodo prolongado de tiempo, a por lo menos un instante, una breve cita para compartir, entonces esa persona está siendo solo cordial, dentro de lo estrictamente necesario. Una futura amistad íntima siempre encontrará la manera de encontrarse con usted y sabrá valorar también su tiempo. No busque donde no va a encontrar. Se lo digo por experiencia: yo aprendí esa lección muy dolorosamente.

7- Los amigos no piensan mal como primera opción. O tienen un poco de fe, o entonces se han equivocado de juego. Y eso debe ocurrir con todas las partes.

8- Si tomo en poco las recomendaciones de gusto de un amigo, por muy fuera de mi gusto particular que puedan estar, ¿no estoy posiblemente menospreciando algo que para él podría ser muy importante? Música, películas, libros… ¿no me está compartiendo un poco de sus máximas impresiones, como para que las tome con ligereza? Si uno no verá nada de eso, al menos hay que tener la honestidad decir por qué sí o por qué no nos interesa, sin que por ello dejemos de sentir vergüenza por despreciar una recomendación. Pero no despreciemos a la ligera, solo porque sí. Eso no es de amigos.

9- No debemos aconsejar, a menos que nos lo pidan. La amistad no se basa en la lista de sabios tips que podamos transmitir con pertinencia. Opinar con ligereza solo va en detrimento de una amistad. En cambio, si nuestro amigo nos pide una opinión, eso ya es otra cosa. También es válido pedir permiso para opinar, o ya disponer de él, como parte del contrato y del tamaño de la amistad que estemos tratando.

10- Si invalidamos lo que un amigo presiente o cree, o que ha comenzado a pensar tras una buena reflexión, argumentación, trabajo y experiencia personal, no hay ninguna diferencia entre nosotros y otra persona que juzga sin saber totalmente lo que ocurre y lo que nuestro amigo siente. Habla muy mal de una persona que opine con facilidad y sin empatía, y solo trata de aniquilar el punto de vista que le quieren transmitir. No somos adivinos, no lo sabemos todo, y por lo tanto, no tendremos jamás desde el principio la opinión definitiva, en cualquier dimensión que lo piense. Escuche, sopese, evalúe. Y si usted no sabe las circunstancias ni el contexto, entonces primero pregunte o indague todo lo que pueda: usted no sabe si por un consejo filtrado por su concepción ética y moral estará haciendo más daño que bien. Una buena amistad requiere de lo mejor de nosotros, y eso se alcanza con un poco de prudencia.

BONUS TRACK: A un buen amigo jamás se le pone a prueba. Pero a lo mejor necesitamos sentir seguridad con las personas que se encuentran en una categoría inferior a la de la amistad. De ser ese el caso, no olvide aquel famoso consejo de la sabiduría popular cristiana: una prueba grande nos demuestra el carácter de una persona, pero una prueba pequeña nos revela cómo es en verdad el corazón.

* * *

Creo que esa canción de Gotye es muy drástica, aunque sé que se refiere a un [mal] amor, más que a una amistad: “Ahora solo eres alguien que solía conocer”. La verdad es que en cierto modo eso pasará con la mayoría de personas que conocemos en el largo o corto viaje de nuestras vidas. No todos podrán ser esos amigos que estarán todo el tiempo con nosotros. Es parte del viaje ver ir y venir a las personas.

Es por esa razón fundamental que no hay tiempo para reparar en tonterías: o somos capaces de ofrecer una buena amistad, o mejor quedémonos ahí, sin implicarnos demasiado. Si en algo sobrepasa la verdadera amistad al buen o mal amor es precisamente en la contundencia: o se es o no se es un buen amigo. Si no, que se lo cuenten 24 siglos de historia y literatura.

Eso sí, no se mortifique demasiado: siempre habrá buenos amigos, amigos (así, medio a secas), conocidos, colegas, vecinos, personas X que no queremos dejar ir de nuestras vidas, y toda la larga jerarquía que usted quiera establecer con sus relaciones humanas. Sé que parece una obviedad, pero no crea: hay personas a quienes les cuesta establecer esta clase de diferencias. Hasta hace unos 7 años, yo fui una de esas personas.

2 comentarios en “Unas pocas palabras sobre la amistad

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