Difuminar y desdibujar

Castellanos Moya dijo alguna vez que al revisar escritos viejos (llámese diarios, cartas, esbozos,  ejercicios o lo que sea) notó que muchos temas se repetían, incluso a través de los años, a tal punto, que concluyó que los seres humanos no solo tardamos en crecer intelectualmente (aduciendo que a veces NUNCA lo logramos), sino que progresamos únicamente en función de esas obsesiones, profundizamos en los mismos temas, exploramos y reexploramos los mismos miedos, como si no hubiera un mañana. Es entonces cuando resulta que todo lo que hacemos es un ir y venir en el mismo viaje, pero no como en el principio del eterno retorno, sino en las discontinuades de una espiral foucaultiana. Quizá bajo este punto de vista puedo sintonizar la idea de Moya con otra de Borges: este último afirmaba que Fervor de Buenos Aires lo había reescrito una y otra vez, a través de los años y en todos sus libros.

Antes que vaya a pensar que le quise decir que usted se ha estancado o que todos vivimos estancados, quiero que realice el mismo ejercicio: NO revisar lo que comparte en las redes sociales o todo lo que escribe en función de las circunstancias (trabajo, proyectos personales, etc.), sino revisar lo que escribe desde usted y para usted, ya sea por interés artístico o intelectual, espiritual o de exploración personal. Lamento informarle que si nunca lo ha hecho difícilmente me entenderá lo que quiero decirle. Pero permítame contarle que yo mismo me he sorprendido (y eso que vivo en un eterno buscar de mi voz y que ni siquiera he escrito ni publicado aún algo de valor) escribiendo y reescribiendo sobre las mismas cosas. Y entonces de nuevo mis obsesiones por el amor, el miedo a la escritura y a la muerte, el miedo a quedarme solo y a que no me amen las personas que amo… todo eso está ahí en un eterno viaje, pero en un absoluto limbo: mis obsesiones repetidas hasta el hartazgo.

Para algunos escritores estas cuestiones carecen de la menor importancia, como por ejemplo Patrick Modiano, quien no tiene tiempo para pensar en el yo interior, ya que al repetir una y otra vez los 60 en toda su obra no hace más que cumplir una función; es decir, él incluso, afirma que su función como escritor es ejercer un poco como la memoria de esa época. Pero no evito preguntarme: ¿Está justificando sus propias obsesiones? No lo sé y ni debería de importarme, porque creo que soy yo quien debe comenzar a trabajar en las propias.

Sobre esto ya he hablado innumerables veces o presiento que es así. Al menos con mis allegados. De lo que nunca he hablado es sobre mis obsesiones políticas, de las cuales también tengo miedo expresar mis opiniones, ya que también soy un ignorante supino. Pero, ¿será importante demostrar una posición firme dentro del espectro? No sé… creo que esto me rebasa como cuando hacía mis primeros trabajos para público en la universidad (como un periódico mural que me tocó hacer durante todo un año con unos amigos); pensaba en que “todo es complejo”, “todo es demasiado amplio”, “siempre nos quedamos en la superficie” y el problema radica, precisamente, que ahora siempre nos informamos de todo superficialmente, con tal de saber de todo un poco, mientras que el profundizar queda en una sola cosa, tan especificada y delimitada, que solo un grupo de especialistas en el mismo rubro pueden afirmar o negar el mismo conocimiento en el que uno cree haber profundizado. Lo peor de eso es que, adicional a ello, hasta donde uno cree haber alcanzado y profundizado, resulta ser solo un punto de vista, una cara, una arista, de todas las posibilidades del abordaje en apenas un tramo del viaje.

Entonces las palabras atribuidas a Sócrates cobran sentido: “Yo solo sé que no sé nada”. ¿Qué podemos saber y qué debemos saber? ¿Solo podemos argumentar ignorancia entonces? Creo que eso es demasiado injusto. Es así (y esa es una respuesta dada por la ignorancia, desde muchos puntos de vista), que solo puedo creer en mis ideas, en mis respuestas, en mis puntos de vista: en mi conocimiento personal, porque al fin y al cabo solo puedo dar cuenta de mi propia vida.

Entonces vienen los puristas y nos colocan etiquetas: supongo que todo lo anterior expuesto me vuelve anarquista. O relacionado con ellos, en todo caso. Lo otro (y por eso decía que la respuesta anterior denota no solo impotencia, sino también ignorancia) es que no por creer “en mí mismo” dejaré de lado mi formación personal: es todo lo contrario. Aunque ser “hombre de mundo”, en el sentido más riguroso, es prácticamente imposible, entonces solo puedo ser dueño de MI mundo: y eso pasa por tratar de solventar mis propias dudas, de tratar de crecer en aquellos temas en donde hay sombras y quiero iluminar. En ir adueñándome de mi propio espacio emocional, sentimental, y por qué no decirlo, de mi propio entorno social y físico. Políticamente no siempre tendré la ventaja social, pero puedo tratar de comprender a la perfección mi entorno, lo cual ya es un avance para ir venciendo o asumiendo mi lugar en el mundo. Quizá lo estaré entendiendo mal, pero creo que solo de esa manera uno puede encontrar su propia Zona Temporalmente Autónoma, como bien lo dijo Hakim Bey.

Si una persona encuentra su propia libertad (se me viene a la mente la frase de Goethe: “Solo alcanza el amor y la libertad, quien cada día conquista una y otra”), entonces puede transmitirla a otros: o bien, puede atemorizar a los otros. Esto, aun desde el punto de vista positivo y negativo, es algo bastante idealista. Entran en juego demasiadas variables, pero creo que la idea se entiende. Si me gusto, si me amo, si me comprendo, si me gusta estar conmigo, en algún punto de todo ello, debería de ser capaz de transmitir esas mismas sensaciones a los otros. Y en ese punto de las cosas, no todos estarán preparados para asumir todo ese gran cúmulo de sentimientos crecidos y madurados: pero será el primer paso para buscar… y no hay que cansarse y seguir buscando hasta encontrar.

Creo que este último punto he fallado: he sucumbido a mi entorno y me he cansado de buscar, cuando debería de ser todo lo contrario. Hoy más que nunca debo de creer en mi propia capacidad de amar, en ese darlo todo y en mi desarrollada capacidad de transmitirlo, sin convertirme en alguien execrable. Debo ser honesto conmigo mismo y solo así podré ser capaz de ver a la cara a los otros.

Creo también que eso último que mencioné es idealista, pero creo que también es el primer paso. Algo es algo.

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