Seducido por la armonía de Sundown Syndrome

Este post es sobre una de mis canciones favoritas, por lo que tal vez no le llame la atención. Lo digo desde ya para no hacerle perder su tiempo, que es lo que menos quisiera. La música es como los colores, ¿o no? Hay que padecer un poco de melomanía para paladear y admitir el gusto de otro. Pero también la música es un gusto adquirido. Yo mismo he sido víctima de eso. Es decir, este post trata sobre una cación que escuché en 2010, pero la redescubrí este año, ingresándola a mi cerebro dentro de mi top 10 para consumo íntimo. Así que no hablaré de nada nuevo, a menos que la canción sea nueva para usted.

Un gusto adquirido, por ejemplo, en mi caso personal, fue aprender a escuchar la chanson française. Comencé a disfrutar las melodías a plenitud después de unos meses de darle oportunidad a un par de álbumes. Ahora me doy el gusto de oír la chanson en una tarde fría y nublada, junto a una taza de café amargo, que es cuando más disfruto a Charles Trenet, Edith Piaf o las pocas cancions que conozco de Arletty. Oigo de todo género musical, por lo que no se me ocurre otro ejemplo más práctico.

¿Sigue leyendo? Muchas gracias. Para continuar con la lectura del post necesitaré un poco de su complicidad. Pondré la canción y usted podrá escucharla mientras lee. ¿Qué opina? Deberíamos probar. A mí me resultó estimulante teclear a toda velocidad mientras la oía, revisar mientras la volvía a escuchar y corregir un poquito mientras la hacía sonar de nuevo. Ya lo sé, soy un poco raro, pero de repente me da por disfrutar cada nota, cada compás, cada matiz de la voz. Pero avancemos. Esta mi verborrea es el peor de los males.

* * *

Sundown Syndrome inicia de golpe, como solo las buenas piezas musicales saben hacerlo. Pero tras el inicio de golpe adopta un formato acompasado, como si se tratara de una marcha. El matiz del vocalista, es suave, elegante. Las frases son cortas pero poéticas, plagadas de semiosis. Su voz, los sonidos, el uso de la reverberación, le da un sabor metálico y oscilante, un flanger que permite percibir un efecto metafísico y espacial.

Suena un kazoo, que le dará un carácter especial a la composición. ¿Por qué me recuerda a algunas canciones de los setenta? ¿Por qué esa sensación de cierta influencia del jazz? Es rock progresivo, pero demasiado suave. Parece más diseñada para relajar que para estremecer. Sin embargo, el uso del kazoo me transporta, como si me estuviera llamando a navegar en los mares de Australia, como si me embarcara (que me perdone Salarrué por ser tan abusivo con su frase en un tema tan trivial) en un “recordar sin recuerdos, de un retornar sin retorno”.

Hay momentos instrumentales maravillosos. Simples, pero efectivos, sin obligación de mostrar las mejores ejecuciones del mundo. Basta con su coherencia instrumental. La canción es muy dueña de la combinación métrica de sus versos y de su ejecución musical. ¿Por que siento que muy pocas bandas tocan así en estos aciagos tiempos? Su acompasado es tan efectivo que permite el disfrute pleno, la sensación de extrañamiento.

Cuando termina de repetir su coro por primera vez entra en una calma absoluta. Luego hace el contraste con elegancia, un contrapunto delicioso que devuelve la constancia de la marcha.

Parece que se queda sin letra y se dedica a repetir sus últimos cuatro versos. La canción ha entrado en su estado de plenitud tanto instrumental como de canto. En segundos la guitarra se pone soberbia, como haciendo pucheros, y a pesar del ritmo y la velocidad se siente el vaho de melancolía. ¿Por qué me pongo con demasiada sensiblería para estas cosas? Creo que esta última percepción es demasiado subjetiva. Pero es lo que la canción me hace sentir. Por un momento hay derroche de cimbales.

Luego todo queda en silencio, excepto la guitarra.

El solo de guitarra es de un círculo armónico básico, sin el virtuosismo de las grandes leyendas, pero con suficiente dulzura, contundencia y calma para erizar la piel. Y de repente aparece una voz, casi un susurro… y me imagino que el guitarrista tiene los ojos cerrados, como queriendo confesar un secreto mientras dice sus frases con parsimonia, con un dejo de romanticismo.

Entonces la batería vuelve a la carga, los instrumentos comienzan a llorar con todo lo que tienen, mantienen el compás básico del principio, pero mantienen una diferencia, porque todo va in crescendo. Las frases, lo versos, se repiten una y otra vez, con pasión, como si la reiteración quisiera hacernos llegar al disfrute musical máximo dentro de su composición, y pareciera que nos quiere comunicar algo así como su dolor, frustración, toda la miasma que necesita sacar repitiendo esos versos como un mantra, como un desahogo. Y nos lo repite una y otra vez para que no olvidemos.

De todas las estrofas, esa última que se repite es la más estéticamente poderosa, lo cual brinda un efecto catárquico, arrollador. Como diría un amigo que conoce mucho de poesía, cumple con el principio estético del “buen final”, lo cual con toda seguridad sabía Kevin Parker, autor de la canción. Tras repetir por última vez la estrofa, se alarga el final en una especie de grito, en un canto descendiente. Y comienza entonces el caos, el derroche de notas y círculos armónicos, para terminar la canción llevando la ejecución instrumental al paroxismo y cerrar la pieza con un silencio absoluto, excepto por una nota sostenida, que será la última en marcharse.

Final sublime, a mi parecer.

* * *

Me puse a releer y veo que mis comentarios no van al compás de la canción. Quizá eso le reste fuerza a la intención texto: espero que mi lector sepa perdonar las faltas. Creo que mi obsesión con esta canción se ha vuelto un poco exagerada. Pero no podía no escribir sobre ella y la verdad es que este espacio lo creé para poder desahogar esta clase de cosas. Es mi club privado de certezas, pero sobre todo de incertidumbres.

3 comentarios en “Seducido por la armonía de Sundown Syndrome

  1. Se nota que te gusta la canción, Tame Impala debería de servirse de tu opinión para promocionar sus discos 🙂 Es bastante psicodélico, y me gusta el ritmo rápido. Yo estoy “obsesionada” con Grace de mi querido trovador Jeff Buckley. Gracias por compartir tus impresiones y este tema. Saludos.

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    1. No sabía quién era Jeff Buckley. Te agradezco por mencionarlo. Su música me ha resultado fascinante. Creo que lo estaré escuchando por varios días. Y gracias por tan linda opinión… sí, Tame Impala de repente comenzó a gustarme con todas mis fuerzas.

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      1. Jeff Buckley es fantástico, no es tan conocido porque era un músico que murió joven y fue muy independiente. No hacía música comercial. Me alegro que te haya gustado 🙂 si te gusta ese estilo también te recomiendo mucho a Nick Drake. Saludos.

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