Sobre eso de ser normal

Me imagino que le ha pasado: ver a su alrededor (familia, trabajo, amigos, iglesia, centro de estudios y un largo etcétera) y sentir que no cabe, que no forma parte de nada, que en cierto modo se siente solo, y si no es solo a lo mejor incomprendido. En las redes sociales molestan con eso y más o menos suelen escribir: “A los únicos y diferentes les gusta esto”. O a veces dicen también: “Justo en lo único y diferente”.

En rigor todos somos únicos y diferentes, pero en lo práctico esa banda ultralternativa, desconocida e impronunciable, única en su género; o ese escritor europeo poco descubierto, minusvalorado; o esa prenda hecha a mano y de fibra natural… si no hubiera pasado por distintas manos, la única forma de que llegara a las suyas sería de una probabilidad matemática bastante nimia. Es decir, en términos simples, que lo que a usted le gusta como mínimo le gusta a otras 10,000 personas (y eso por decir un número al azar), y esa es la principal razón por la que hay quien prefiere burlarse, porque en este mundo, así, actualmente, es imposible ser “único y diferente”, en ese sentido místico que suelen hacernos creer.

(Paréntesis. Haga el siguiente ejercicio: Vaya a Google Imágenes, escriba “ser normal” y disfrute del espectáculo. ¡Pero hágalo de verdad! Verá que hay un punto que quiero probarle… y no creo que sea necesario explicarlo).

Pero como somos diferentes en esencia, es por ello que se genera el conflicto interno de nunca acabar. No diré que veo todo desde afuera. Yo me asumo como promedio, normal, corriente, del montón, o el adjetivo que usted prefiera. Y si me lo preguntan: “¿Sos de la manada?”, mi respuesta es: “Ni siquiera me cuestiono tal cosa”. Y como no lo hago, de seguro eso me hace formar parte de ella, con mi bozal y arnés puesto, en lo que la máquina capitalista me hace caminar hacia el abismo de mi autodestrucción.

Los humanos (o las organizaciones humanas) más poderosas de este mundo hace siglos que se repartieron cada pedazo de este planeta e impusieron sus miles de convenciones, sin preguntarle a nadie y sin pensar en las futuras generaciones. Así que ya no puede renunciar a la convención humana. Porque para ser único y diferente tendría que renunciar a miles de cosas que simplemente comparten millones de personas, aunque tal vez usted sienta que a su alrededor nadie lo comprende, o siente que hay algo que de verdad solo usted hace y jamás se lo ha visto a alguien más.

Cuando crea que tiene un pensamiento único y diferente, póngase a googlear… de eso que cree que solo usted se ha enterado, de seguro le arrojará un par de miles de resultados. Si no le arroja ninguno, entonces es posible que haya escrito un verso. Si es así, termine el poema. Cuando lo haga, determine si pertenece a una temática en general: ¿cuántos cientos de poetas de la historia humana, antigua y moderna, han escrito en un tópico bastante similar al suyo?

No intente escapar. No lo haga y sea humilde. No le pido que se deje llevar por la manada, renunciando a su individualidad, pero no hay lucha más inútil, que pretender hacer la revolución desde mi aparente diferencia y unicidad: somos una comunidad humana, y es normal que por pura probabilidad y estadística, muchas de las cosas que me gustan se repitan en otras personas.

Además, tendría que renunciar a esa parte natural que todos tenemos, que es a la de ser seres sociales. ¿No es maravilloso tener con quién compartir nuestras lecturas, nuestra música? Esas tribus urbanas que se sienten únicas y diferentes, ¿no es precisamente el sentido de pertenencia lo que las sostiene? La camisa negra, las botas, ¿cuántos millones de personas gastan en el mismo atuendo? ¿No es esa misma aparente rebeldía la que sostiene a la industria en lugar de acecharla?

No hay nada más hermoso que tener a alguien con quien compartir nuestras aparentes rarezas.

También pasa con las grandes causas o servicios sociales a la humanidad. Como mínimo hay toda una cantidad de sitios web “oficiales” que nos ayudan a iniciarnos o convertirnos en seres únicos, diferentes y que cambiarán al mundo.

El sistema tiene una increíble capacidad para absorber los grandes símbolos de rebeldía. ¿Cuántos millones de dólares al año cree que reporta el uso de la imagen del Che o de John Lennon? Imagínese la deliciosa discusión que podríamos armar con el hecho de que Bob Dylan sea nobel de literatura, ese símbolo convertido ahora en producto de nostalgia.

Puede odiarme e imaginarme como el reaccionario o la ultraderecha ambulante… pero no hay que confundir entre ser el único y diferente a renunciar al pensamiento crítico. A mí por lo menos me da igual identificarme o no con la trova, ser o no ser de tal tribu urbana, carecer de pertenencia partidaria o religiosa… pero mi pensamiento crítico sigue intacto. Y con eso no estoy diciendo que poseo conmigo la verdad de este mundo, porque mi única certeza es, de hecho, el tamaño de mi ignorancia.

Pero la ignorancia no me angustia, ni tampoco que me llamen ignorante. Ser ignorante me ayuda a seguir leyendo, a no perder la capacidad de sentir lo novedoso y asombrarme. Me ayuda a buscar más. La ignorancia es la que me tiene aquí, tirando botellas al mar cibernético. La ignorancia me hace querer buscar el diálogo, buscarlo a usted, estimado lector humanoide* que está detrás de la pantalla.

Compartir elementos y características con los demás no anula su individualidad y usted lo sabe perfectamente. Le hace más el juego al sistema haciéndose el rebelde y gastando en esas miles de cosas que lo hacen único y diferente, que tratando de comprenderse a sí mismo, que es un proceso totalmente distinto.

Allá afuera hay diálogos más valiosos que nos están esperando. Eso también ya lo sabe. Hay que leer historia, filosofía, literatura. Hay que comprender en qué lugar simbólico del mapa humano nos encontramos. Más que único y diferente, a lo que no hay que renunciar de verdad es al pensamiento crítico. ¿Y eso cómo se logra? Bueno, bueno: esa pregunta es pretenciosa, porque la búsqueda se hace todos los días… pero si no la hace por intentar buscar una verdad de todas las cosas, entonces ahí está la raíz de todos los males. Cada día que deja de leer, cada día que deja de reflexionar, lo único que hace es detener su crecimiento intelectual. Es todo lo que puedo decir.

Si cree que le hace el juego al sistema, comience con lecturas aparentemente opuestas, al menos para contrastar. Así comencé leyendo a Marx y Nietzsche, y así descubrí a Sartre y a Foucault. Usted puede hacerlo desde el área de conocimiento que más le guste. Pregúnteme algo de los autores mencionados y solo me sonrojaré de vergüenza, porque a estas alturas de mi vida todavía intento comprenderlos. Pero si me detengo solo porque no los entiendo, o si por eso dejo de leer a Freud, Baudrillard, Eagleton y otros autores que también llaman mi atención, entonces sí estaré renunciando al pensamiento crítico.

Tampoco le pido que lea al alzar aunque no entienda nada. No es eso. Lo importante es que tampoco se sienta intimidado porque desconoce la interpretación audaz que algún especialista o PhD tenga de tal o cual autor. Lo importante es no detenerse, porque entonces está renunciando, y de forma grave, a ampliar su campo de visión, que es lo que finalmente le ayudará a comprender mejor a esta comunidad humana a la que pertenece, y de paso le ayudará a entenderse a sí mismo, que es mucho más importante que ser único y diferente.


*Si es lector asiduo de este blog, sabrá que es mi forma cariñosa y neutra de decirle que lo extraño.

2 comentarios en “Sobre eso de ser normal

  1. Hice el ejercicio de las imágenes, y me encontré con un montón de gente “especial, única y que le aburre ser como todos los demás” fue muy divertido 🙂
    Concuerdo, cada uno en sí es diferente pero a la vez se comparten características. El hecho es que podemos tener ambos la misma afición o gusto por esa banda archidesconocida salida de Venus y nuestra percepción ser completamente diferente: unidad e individualidad al mismo tiempo 🙂
    Hay un libro, al que todavía no le eché un vistazo como se merece (mea culpa) que se llama “Rebelarse vende. El negocio de la contracultura” de Joseph Heat que plantea el tema que indicas, sobre la explotación de la rebeldía, como la producción en masa de remeras del Che Guevara. Lo menciono porque creo puede interesarte, ya que tocas el tema.
    Y volviendo al tema: a pesar de la percepción algo distinta ¡que grato es conocer gente que comparta gustos e inquietudes, incluso algún hábito! Es como un pequeño club que se forma jaja. Muy buena entrada, saludos 🙂

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    1. Es un excelente libro… complementado con el de Frederic Martel (“Cultura mainstream: Cómo nacen los fenómenos de masas”) y Nicholas Carr (“Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?”) fue que nacieron algunas líneas de esta reflexión y de algunos otros post relacionados con estos temas. Es verdad: para mí es más grato encontrar coincidencias, que ver demasiado esas diferencias que en realidad me hacen sentir solo. Gracias por tu precioso análisis. Alimenta y complementa de lo ya expuesto aquí.

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