El tiempo que se nos escurre

Nos amarran y casi que esclavizan a nuestros trabajos. Basta con colorear celdas en una improvisada tabla de Excel, para darse cuenta de cómo poco a poco vamos dejando toda la vida en los asuntos laborales. En mi país este podría ser un ejemplo ilustrativo, e incluso bondadoso, si se piensa en la realidad de todos esos freelance y comerciantes informales:

horario de esclavo

Como bien puede observar, en esta simple división de las 24 horas del día, tenemos las zonas grises que simbolizan las supuestas ocho horas que todos deberíamos de utilizar para dormir (si le pusiera el coloreado de las horas que yo duermo, de seguro se espantaría o no me creería). En amarillo pongo el tiempo de las 3 comidas del día (para quien pueda tenerlas, o darse el lujo de comer siempre fuera de casa y caro). En verde están las horas laborales, que básicamente son de oficina promedio y de un buen trabajo: estoy seguro de que muchas personas tienen peores horarios que este (pienso en los comerciantes informales, que trabajan cada día sin descanso). Y al menos en teoría, lo blanco representa las horas libres.

Y debo poner en cursiva la expresión, ya que en los días de la semana tenemos que hacer malabares con la distribución del tiempo, como contar el tráfico, si estudiamos y trabajamos a la vez, si tenemos familia o responsabilidades adicionales, si trabajamos un día completo del fin de semana, si tratamos o hacemos lo posible de aprovechar el tiempo para proyectos personales (como en mi caso, que procuro leer a diario, completar tareas y proyectos personales… y bueno… escribir cuando sale algo…), la limpieza y labores caseras, y el infinito etcétera. ¿Cómo no va a sentir que el tiempo pasa cada vez más rápido, si la mayor parte lo pasamos ocupados?

Esto último, claro está, si pertenece a la clase laboral. Si no ha tenido la oportunidad de ingresar a dicho sector y tiene que sobrevivir con pequeños emprendimientos o negocios personales, entonces me imagino que tiene casi como una utopía, en su sentir interior, el entregarse a ese tan amado proyecto personal, que ha ido postergando cada año de su vida, la cual ve pasar con la velocidad de un hilo de pólvora negra que se enciende. ¿Cómo es que siempre terminamos esclavizando nuestra supuesta amada libertad?

En realidad el modelo del mundo en el que vivimos así funciona. Y no es un reduccionismo afirmarlo. Hemos creado millones de mecanismos para que tarde o temprano sintamos la necesidad de integrarnos, para obtener al menos pequeñas recompensas o resignaciones que nos hagan sentir que vale la pena formar parte del colectivo humano. Y lo que hacemos, desde muy temprano en nuestras vidas, es seleccionar un sueño y ruta de vida, de acuerdo con el menú que tenemos disponible. Son pocas las personas que trascienden lo ya establecido e inventan su propio trabajo y sueño, lo que a su vez muchas veces hace que otros también tomen el modelo para sí mismos. Por eso es que hay cambios que pueden resultar históricamente lentos.

Y no, no es la Matrix, aunque fácilmente podríamos sentir que así es. Pero antes de caer en el conspiranoicismo, no olvide que hasta en donde vivimos dividimos el trabajo y establecemos roles para tratar de hacer más o menos llevadera la convivencia diaria. Y hasta quien vive solo sabe que debe hacer mucho, para más o menos vivir con decencia, o por lo menos tranquilidad.

Lo peor de todo es que parece ser que estamos atados. ¿Sería capaz de renunciar a su vida actual, para en teoría hacer lo que usted siempre ha querido? Suena hermoso dejarlo todo y dedicarse —por ejemplo— a viajar. O como en mi caso, quisiera dedicarme a escribir a tiempo completo (sí, aunque suene a convertirse en vago, como la mayoría de gente cree).

Pero renunciar, solo porque sí, no es tan sencillo. Adondequiera que vayamos ya hay reglas, convenciones humanas que nos impusimos como especie para poder sobrevivir ante la naturaleza, desde tiempos inmemoriales.

¿Que el mundo podría mejorar y algún día disponer de un poco más de tiempo y ocio? Bueno, la búsqueda actual es que las máquinas se encarguen en un futuro de mucho de lo que hacemos. Quizá llegue ese día, pero no olvide que el precio que se pagará será alto: la creación de una nueva clase desocupada creará una burbuja para la que ninguna proyección futurista se muestra con inicial optimismo.

Y no creo que la respuesta tampoco sea resignarse. Quiero pensar que esto no es todo lo que nos espera, hasta que nos toque jubilarnos de este mundo. Quizá debamos aprender a negociar con nosotros mismos. Algo como: tendré este negocio pequeño y viviré con cierto nivel de modestia, pero a cambio tendré tiempo para pasar con mi familia. Quizá nunca conozca otro país, pero a cambio podré disponer de más tiempo de calidad conmigo, con mis amigos y con las personas que aprecio. Quizá la calidad de vida que logre no sea la mejor del mundo, pero no viviré afanado por tener en lugar de ser, y por la ya de por sí fragilidad de la existencia. Etcétera.

Pero está también la otra opción, que es perfectamente válida. Si mi tiempo libre son apenas las casillas en blanco de esa tabla de ejemplo, entonces debo aprender a aprovechar todos esos pequeños segmentos: robarle tiempo al tiempo, persistir, porque de todos modos vale la pena intentarlo con toda la tenacidad del mundo, porque hay ganancia y aprendizaje en el viaje de la persistencia y la resiliencia.

Lo importante en este punto de las cosas es optar, porque lo último que vamos a querer sentir es el arrepentimiento que nos generará la infelicidad de no habernos atrevido a asumir lo que de verdad queríamos. ¿O será que también amamos ser la pieza de engranaje de la gran maquinaria, como la buena y estoica aurea mediocritas? Cuando se trata de la explicación existencialista, ninguna opción de vida es mejor que la otra: las cuestión es no arrepentirse cuando es ya demasiado tarde. De todos modos, la vida es ese conjunto de variables que se nos presentan para que podamos elegir.

Eso sí, mientras más esperemos para tener tiempo algún día, y así tener la supuesta oportunidad de elegir, cuando menos sintamos veremos cómo este se nos escurre de entre las manos. Y eso, en honor a la verdad del supuesto sentido de la existencia humana, sí sería un tremendo desperdicio de tantas preciosas posibilidades.

4 comentarios en “El tiempo que se nos escurre

  1. Lo que pasa es que la conspiración de los hombres grises ha calado hondo en la sociedad, y ya nadie escucha a Momo y la tortuga Casiopea. Es bueno saber si lo que estamos haciendo realmente vale la pena o solo estamos corriendo sin rumbo fijo. No es el mismo tema que planteas aquí pero es una invitación a romper cadenas: https://wordpress.com/read/feeds/38054515/posts/1794115298 es un blog fantástico, espero le des un vistazo. Saludos 🙂

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .