¿Por qué muchos están en contra de la excesiva inteligencia?

Por el legítimo derecho que tenemos a especular, hagamos la pregunta de invocación: ¿por qué muchos están en contra de la excesiva inteligencia? Y creo que también es legítimo añadir (aunque suene conspiranoico): ¿de verdad le conviene a la punta de la pirámide tenernos a raya con todos los mecanismos posibles, para que siempre nos mantengamos en la base y jamás podamos escalar?

ojo de la providencia

No quiero emocionarlo en vano, porque saldrá decepcionado: responderé ambas preguntas con toda la brevedad que me resulte posible y sin profundizar demasiado. Las respuestas más completas darían para un libro con tesis bien explicadas y documentadas. No tenemos tiempo para eso, así que solo me quedo con la esperanza de dejarle una espinita para que pueda realizar sus propias reflexiones. En todo caso, tenemos la caja de comentarios, por si quiere dialogar.

Algo, de todos modos, intentaré:

La primera terrible realidad es que muchas personas comunes y corrientes (es decir, cualquier ser humano que se precie de normal, incluidos usted y yo), que tuvo por compañeros laborales, de estudio o que conozca de cualquier contexto, odian y temen la excesiva inteligencia tanto como un ejecutivo cliché que siente amenaza de que su subalterno sea mejor que él.

A diario, en casi todos los ámbitos que pueda imaginar, nos encontramos con la incomodidad de las personas que tienen un terrible pánico a sentirse superadas, o que lo primero que hacen ante los muy inteligentes es ponerse a la defensiva, como si estuvieran cuidando lo más sagrado… o como si peligrara la dignidad y estuviera a punto de serle insultada la inteligencia. O peor: es como si de facto sintiera que perderá el control, al no tener certeza absoluta de las ideas del superinteligente, como si de todos modos no nos moviéramos por millones de presuposiciones cotidianas.

Así que la excesiva inteligencia, al contrario de lo quisiéramos que fuera la realidad, resulta incómoda para la mayoría de personas, siendo manifiesto que quienes están arriba pueden darse el lujo de manejarla, utilizarla e incluso silenciarla y aniquilarla, si no puede ir de acuerdo con lo que como poderosos desean. Poner casos y ejemplos es inútil: hay miles a lo largo de la historia de la humanidad.

Pero lo más incómodo de la inteligencia es la naturaleza misma de su obviedad: a mayor inteligencia, mejor aprendizaje. Esas miniempresas exitosas, o esos negocios y emprendimientos que están innovando en tantas cosas, son el resultado del aumento de la inteligencia entre la población mundial, por lo que muchos empresarios temen a esas pequeñas utopías, que poco a poco están democratizando las oportunidades. ¿Qué pasaría si todos tuviéramos capacidad de llevar a cabo con éxito nuestros propios emprendimientos? Las empresas gigantes monopólicas solo tendrían razón de ser bajo condiciones bien específicas. A mayor inteligencia, la competitividad dinamiza las posibilidades.

Observe a esos compañeros laborales que vuelan rápido de la empresa, para llevar a cabo sus propios proyectos. A veces han llegado a tal o cual rubro solo para aprender procesos. Incluso se pueden escuchar historias de empresarios que tuvieron la idea de cómo llevar los procesos con los que trabajaban al siguiente nivel, mejorándolos de formas únicas. A eso le temen muchos empresarios: a que usted aprenda más de lo necesario y que al abrir los ojos decida comenzar a llevar las cosas por su cuenta. Pero eso solo se logra si desarrolla bien sus habilidades… lo cual se puede lograr con pura inteligencia.

Por eso no deja de resultar sospechoso que el sistema cree mecanismos para mantener a la gente de cierto estrato para abajo muy a raya, de ser posible con cientos de trabas y reglas que impiden llegar al siguiente nivel. Un salario poco competitivo, prestaciones precarias, inversiones imposibles e inalcanzables, pocas oportunidades, y sobre todo, mantenerlo ocupado un porcentaje que roza el 70% del total de su tiempo, hacen que pasar al siguiente nivel, incluso con mucha inteligencia, sea una tarea titánica.

Es por eso que, bajo las condiciones actuales, habría que ser un outlier para lograr escapar de un destino que nos parece sellado desde el principio.

Entonces ¿qué hacer? No podemos evitar que la gente le tema a lo que no comprende. Así que no es que le pida invisibilizar su inteligencia, pero, si no está muy seguro de su entorno, es más que lógico que debe cuidar lo que dice y lo que hace, para no llamar excesivamente la atención de los depredadores que están esperando la menor oportunidad de hacer daño.

En cuanto a la segunda pregunta, parece que la respuesta es sí: pero no es por la conspiración mundial, sino porque el sistema, para autoprotegerse, está diseñado para dejar pasar a unos y dejar atrás a otros. Sería interesante saber qué pasaría si dejara pasar en un futuro no muy lejano a una clase excesivamente inteligente. ¿Cómo imagina usted ese escenario? ¿El resultado sería utópico, distópico o caótico?

* * *

Si usted es de lo míos, concordará conmigo con esta interesante realidad: no hay nada mejor que conocer a personas más inteligentes que uno. De hecho, solo podemos crecer, por pura sinergia, cuando estamos cerca de personas brillantes… claro, si permitimos abrir nuestra percepción para poder aprender lo bueno de estas personas especiales y dedicadas. Así que no es falsa humildad o cosa parecida: cuando uno quiere hacer algo bien, lo primero que aprende es la humildad de reconocer las propias limitaciones, y que siempre hay alguien que nos precede y que lo ha hecho mejor.

No hay ninguna razón válida para temer de las personas excesivamente inteligentes. En todo caso, lo mejor es tomar el asunto como un reto, por si en su respectivo contexto se siente amenazado.

Y ante la tentación de la vanidad, no olvide que es imposible ser el mejor del mundo en algo. Ni siquiera los medios de comunicación tienen razón cuando alaban en exceso a los atletas. Todos tenemos fortalezas y debilidades.

No invalidaré sus capacidades, pero no olvide aquella broma que suele circular entre colegas de ingeniería y arquitectura: “Si crees que eres el mejor, no olvides que quizá venga un asiático que lo haga mejor que tú y en la mitad del tiempo”. Sé que es una frase racista y políticamente incorrecta, pero la lección buena es la valiosa: SIEMPRE hay personas que, o lo hicieron, o lo hacen, o lo harán mejor que nosotros. Nadie se las sabe todas. Como bien dijo Chaplin: “Todos somos unos aficionados. No vivimos bastante para ser otra cosa”.

Eso sí: por favor, jamás deje de cultivar su inteligencia. Humildad no implica estancarse. No hay peor manera de serrucharse el piso, que cuando usted deja de aprender algo nuevo. Y no ponga de excusa la falta de tiempo. Es una sola vida la que tenemos y sería lamentable que dejara de cultivarse, cuando en realidad es el último bien que nos acompaña cuando nos llega el crepúsculo de nuestra existencia.

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