Una deuda conmigo: la retrospectiva

Tengo la fortuna de tener amigos y conocidos de toda la vida.* Eso trae sus ventajas, porque suele pasar que uno ha sido testigo de todo el desarrollo de vida de otras personas, además que también lo han visto a uno en su propio proceso. Se puede entonces hacer valoraciones que en su momento uno ni imaginó.

Una de ellas es que se puede ser testigo de decisiones relacionadas con el pasado: ese fantasma acechador que así como trae alegrías a veces también nos deja una que otra vergüenza. Como decíamos con un amigo: “Ni modo, también hay ridículos en la vida”. En esos casos muchos huyen del pasado y solo lo dejan atrás. Otros deciden afrontarlo “a pesar de…”. Y otros solo lo buscan para hacer valoraciones desde y para el presente. Creo pertenecer al último caso y traigo a colación esto por una vivencia en particular.

Hace poco tuve la oportunidad de asistir a eso que por lo usual uno llamaría “reencuentro”. En este caso, era un reencuentro con los compañeros de sección del último año de Bachillerato. Sé que entre algunos de ellos jamás dejaron de tener contacto. En mi caso, fui de quienes se perdieron por al menos 13 o 14 años. Así que la sorpresa de los cambios sería completa, al menos en lo que cabe, ya que tuve la impresión de que el tiempo no pasó por algunos de ellos. Esa sensación de “sigue siendo la misma persona” no me abandonó con algunos. Fue maravilloso, debo admitir.

Esto lo menciono, porque entre mis allegados (familiares, amigos y conocidos) sé de casos de quienes no gustan asistir a este tipo de reuniones. Es más, comencé a cuestionarme en mi momento sobre qué hiciera si mis compañeros de Noveno grado, o si los de primer año de Bachillerato, o por qué no, también mis compañeros de universidad decidieran reunirse. ¿Asistiría? Hace unos cinco años creo que no. Ahora sí, sin lugar a dudas. No sé a qué se debe ese cambio de decisión. Supongo que ante tal incertidumbre es que decidí exorcizarme con estas líneas.

Cuando recibí la invitación no dudé en asistir, porque la gente del segundo año de Bachillerato fue con quien mejor me llevé. No vendré a hacerla de víctima, pero tengo malos recuerdos de mi educación básica y del primer año del Bachillerato: es todo lo que diré por el momento. Así que tan afectado que se diga, no estaba.

Pero quiero que esto tenga sentido, así que haré lectura desde mi yo de hace 5 años.

Hace 5 años de seguro habría dicho no a cualquier invitación de esta clase, porque mi mayor temor habría sido presentarme como un fracasado. Me habría invadido el terror de asistir en malas fachas (como ya era en aquel entonces y sigo siendo ahora, porque nunca he comprado ropa de marca o cosas así), de llegar y no tener nada que decir (soy regular escribiendo, pero soy pésimo conversador), porque no he vivido nada extraordinario, y desde varios puntos de vista “no he hecho nada con mi vida”.

Solo podría contar los empleos que perdí, las relaciones en las que fracasé, los proyectos que emprendí y no funcionaron, o que no coroné mis estudios universitarios. Y habría tenido terror de quedar en evidencia en quizá otras cosas que no vienen a mi mente ahora, o de seguro solo las evado porque todas ellas ahora ya no me importan.

Ya sé que no le debo apariencias a nadie, pero por eso aclaro que eso hubiera sido hace 5 años. Quizá en todo este tiempo logré madurar, verme a la cara en un espejo y admitir que no tenemos vidas perfectas… y que en este caso esto es lo que soy ahora, me guste o no. Y le guste al resto o no.

También creo que cuenta el hecho de que he pasado experiencias terribles, algunas de tal magnitud, que de repente reunirse con antiguos compañeros, incluso con mi estado actual, no puede resultar tan malo, sino todo lo contrario: resulta una parada agradable hacia un pasado al menos afable, uno con el que todavía tenía buenos tratos con la vida.

¿Podría estar mejor de lo que estoy ahora? Eso aplica a cualquier persona y se basa en variables y probabilidades: sería una insensatez detenerse a pensar en lo que fue y lo que podría. ¿Será que me he vuelto cínico con todos los fracasos? Tal vez un poco, lo admito. No me considero mediocre, pero sé que a lo largo de mi vida cometí demasiados errores. No me arrepiento de ellos, porque me hicieron lo que soy. Ya lo dijo aquel villano de ficción: “¡Qué colección de cicatrices tiene! Nunca olvide quién le dejó las mejores y dé gracias por ello. Nuestras cicatrices nos recuerdan que el pasado fue real…”.

Es interesante ver que sin importar la edad que tengamos siempre tenemos la vaga necesidad de sentirnos validados. Unos más que otros, claro está. Y eso toca afrontarlo incluso desde la posición más humilde: somos seres biopsicosociales.

Debe ser tentador pensar en una reunión de esas, presentarse como el que logró el éxito en la vida, la esposa más linda, lindos hijos, un lindo vehículo, casa propia, estudios de posgrado, un trabajo digno y bien remunerado, o no sé, tal vez dueño de una empresa, etc. Hace 5 años no pensaba en nada de eso, pero me aterrorizaba la idea de presentarme como el sucio, como el que no hizo nada con su tiempo y con su vida… ser el fracasado de un grupo.

No imaginaba en aquel entonces que me esperaban vivencias reales, las que nos hacen entender que la vida es otra cosa más importante que las apariencias. Un brindis por eso, porque el aprendizaje de eso se trata. Después de admitir lo que realmente somos, solo puede esperarnos encontrar personas en nuestro camino a la medida de nuestra autenticidad.

Y bueno, me gustó poder presentarme, ofrecer una sonrisa, tratar de luchar con mis deficiencias para conversar y ser amable en la justa medida. Actualizarnos los unos con los otros.

No soy de compartir fotografías personales y menos en un blog, pero en esta ocasión (con el permiso de mis compañeros de promoción) traigo una captura de los pocos que asistimos al reencuentro. Fue una buena tarde, donde comimos, compartimos, bromeamos y todo lo demás. Fue un buen día.

promo-bachillerato

Si alguno llegara a leerme, espero que no piense que soy un egoísta por no haber sido anecdotario y comenzar a contar cómo fue ese día. La verdad es que lo vivido con otras personas a  veces prefiero dejarlo en el ámbito privado, además que en este caso el tema era muy particular y no sobre el hecho en sí. En fin…

Hacer que la retrospectiva fuera real hace que el pasado adquiera otro brillo. Y uno puede pulir el relato personal un poco más. Y eso hace sentir agradecimiento con la vida. Es lo justo.


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