La imposibilidad de realmente llegar a conocerle

Una de las razones por las que abrí este blog fue para hablar con gente que no conozco. Algo parecido a los viejos grupos de chat de Yahoo, pero menos cercano y temático. La comparación de lanzar una carta embotellada al mar sigue siendo pertinente. Aunque en un blog uno ve las estadísticas y las banderas pequeñitas de los países de origen de quienes visitan. Al menos eso reconforta un poco.

No sé si le ha ocurrido, pero a mí me pasa que me pongo a digitar y me imagino que estamos, no sé, en una sala con muebles comodísimos, con una pequeña mesa, y en ella tazas con café y chucherías para comer, mientras yo me desahogo un rato de todas las tonterías que cruzan en mi cabeza, usted asiente y luego solo sonríe y se va.

Debo imaginarlo con máscara, porque desconozco quién está detrás de la pantalla. Debo visualizarlo con un traje negro y bastante similar a una túnica amplia, porque tampoco sé si es hombre o mujer. Y a veces solo imagino a un ser humanoide. Pero la verdad es que solo sé que a veces viene a darse un paseo por aquí. Imagínese: llevo tres párrafos y le he hecho perder el tiempo: y sí, no le mentiré, esa terrible sensación nunca me abandona, ni siquiera cuando creo haber tenido alguna que otra idea que más o menos vale la pena.

El mundo que conozco me ha enseñado todas las aristas posibles de la displicencia, así que, naturalmente, siempre hay algunos fantasmas más o menos despiadados que siempre rondan por ahí. Creer que lo que escribo es demasiado random es una de esas cosas. En fin..

Y aunque nunca he cambiado el Acerca de… (que al leerlo lo siento, no sé, como un texto bien agresivo o mal enfocado), lo cierto es que me encariño de los hechos y de los espacios (en el sentido de Hakim Bey como Zona Temporalmente Autónoma), como si pudiera tocarlos con mis manos, aunque sé que tarde o temprano este espacio también desaparecerá.

Llámeme tonto, loco, chiquillo inmaduro, o como usted se sienta mejor, pero a mí me ocurre que si usted ha leído hasta aquí, automáticamente me entran ganas de conocerlo, saber su edad, dónde y cómo vive, y un largo etcétera, porque me parece un gesto extremadamente cortés de su parte que me haya leído cada línea. Habiendo millones de páginas, algunas verdaderamente interesantes, y resulta que me regala unos minutos de su valioso tiempo.

Y bueno… ya le hice mi confesión.

Lo más extraño de todo lo que ocurre en mi cabeza, en relación con tenerlo a usted como lector, es el cúmulo de sentimientos encontrados que nacen a raíz del hecho concreto de nunca llegar a conocerle. Trataré de explicarme.

Cada uno de nosotros (es decir, todos los seres humanos) somos exactamente como el universo. Usted es una galaxia. Yo soy otra. Todos somos una galaxia, incluso los niños que en este momento son apenas bebés que no pueden expresar concretamente una fabulación metafísica. Cada galaxia está distante de la otra por millones de kilómetros (desconozco el promedio o la media en años luz). Y aunque la metáfora se cae ante el fenómeno posible de la fusión de galaxias, lo cierto es que cada cabeza nuestra, desde las menos a las más funcionales, forman el universo humano, el absoluto hegeliano.

Esto me recuerda la idea planteada en el anime Evangelion, acerca del Proyecto de Complementación Humana: ante la imposibilidad de unir nuestras conciencias y convertirlas en una sola, se debe recurrir al extremo forzado y violento de obligarnos a evolucionar. Mi yo no es el mismo que escribe estas líneas, ni es el mismo que cena con sus hermanos, ni es el mismo yo que también es compañero de trabajo, transeúnte, amigo, compañero de tertulia, ni padre de familia. Ninguno de esos yo son hipócritas o simplemente contextuales: al contrario, todos esos yo conforman el poliedro que solo pueden complementar todas esas circunstancias humanas. Es algo parecido a la semiosfera lotmaniana.

Hay un yo que le gusta abrazar y hay un yo que le rehúye al contacto físico (y creo que por eso me identifico demasiado con los gatos, ya que solo permiten el contacto físico con los miembros de su manada). Hay un yo que trata de sobrevivirse ante las adversidades y hay un yo que de repente le cae la melancolía y la tristeza, así, de gratis, a veces por un pequeño gesto, un recuerdo, alguna observación e incluso una pequeña tontería.

Y ahora resulta que estoy aquí, sintiendo que somos un universo humano, cuyas cabezas-galaxias jamás se encontrarán… miles y miles que jamás podrán decirse un hola, jamás podrán abrazarse, jamás tendrán la oportunidad de darse cuenta que allá afuera hay cientos de seres humanos interesantes, que valen la pena conocer, que valen un día completo de mi tiempo.

Oh, pero no todo es tragedia. Están también las personas que pertenecen a nuestro entorno, que siguiendo con la comparación es como si fueran galaxias que las tenemos ahí, a la mano. Jamás se fusionarán nuestras mentes como para poder comprenderse mutuamente más allá de toda duda razonable. Todo siempre será como un contacto, como emi­tir señales, como simple condición de posibilidad. Y eso vuelve la experiencia humana incompleta, pero al mismo tiempo la vuelve rica e infinita. Conocer su galaxia, incluso mediante señales, es uno de los mayores regalos que puede ofrecer a otro ser humano.

Así que me da una extraña y desconocida nostalgia la idea de que jamás podré conocerle. Es probable que nunca pueda estrechar su mano o abrazarle, y ni siquiera tendré el gusto de tener una agradable conversación. Solo puedo lanzarle esta carta y agradecerle que a miles de kilómetros de distancia me permita establecer comunicación mediante señales básicas.

Las palabras se suceden mientras nosotros procesamos instantáneamente. Esa sucesión siempre traerá implicaturas y a veces malinterpretaciones. Es parte de solo comunicarse por señales (siguiendo con la comparación galáctica). Pero incluso con ese inconveniente es bueno dar y recibir señales de vida. Algo es algo.

Quizá lo más demoledor en todo esto es haber pasado por tantas personas y que solo estuvieron cerca por apenas un tiempo. La infancia, la etapa escolar, la universidad, cada trabajo que haya tenido y organización a la que haya pertenecido. Al final de nuestras vidas, incluso las que resulten más afortunadas, apenas tendremos a un puñado de esas personas a nuestro alrededor. Los más desafortunados tal vez no tengan a nadie cerca a la hora de la verdad.

Pero las personas-galaxias no son archivos informáticos: no podemos tenerlos a todos en un solo disco duro. Así que es preciso, justo y necesario comprender que somos matemáticas humanas y que a fuerza de ser galaxias individuales nos movemos también mediante esos vaivenes. No hay que interrumpir el flujo infinito de las matemáticas humanas: las personas vienen y van.

Pero si precisa de la necesidad de retener a alguien cerca de usted, ya sea física o espiritualmente (léase, contacto mediante miles de canales posibles de comunicación), no olvide entonces seguir enviando señales de vida.

4 comentarios en “La imposibilidad de realmente llegar a conocerle

  1. Me ha gustado tu reflexión sobre todos los yo que componen nuestra personalidad. Y también me identifico con los gatos por las mismas razones jaja. A mí de Evangelion me gusta la frase que dice “Yo soy yo” y recuerdo que en el extinto Animax (R.I.P) publicitaban el anime con la frase “Porque es más divertido ver los problemas existenciales de los demás” No sé, tu entrada me recordó todas estas cosas. Escribes de manera filosófica¿te gustan los filósofos existencialistas, o son imaginaciones mías? Mientras exista SV seguiré visitando tu bitácora. Creo que en lo único que no puedes dudar es el género de quien escribe. Quiero decir, es fácil saber si se trata de hombre o mujer…no creo que alguien finja ser lo que no es, o eso creo…hay gente para todo. Saludos 🙂

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    1. Hubo un tiempo en que leí a los filósofos existencialistas más para buscar respuestas que por conocerlos. Pero cuando me topé con los clásicos grecolatinos, entre ellos debo destacar a Demócrito, me di cuenta que valía más crear mi propia filosofía de vida, sin negar jamás el hecho de que somos una mezcla de todas las influencias que hayan llegado a nuestras vidas.

      Gracias por pasar. Leer tus opiniones siempre es gratificante. Siempre lográs ofrecer un punto de vista totalmente distinto, a veces de aspectos que ni habría imaginado. Gracias por eso.

      Hubo un tiempo en que Evangelion me parecía lo mejor que había visto en mi vida. Creo que por entonces no había finalizado mi etapa existencialista jajajajaja…

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  2. No lo habría expresado mejor, mi yo de preparatoria reflexionaba sobre esta clase de cosas más a menudo que mi yo de ahora, pero siguen siendo pensamientos fugaces que de vez en cuando me gusta retener y procesar, y por eso esta entrada me parece un gran acierto y me produce esa bonita melancolía de saber que no, que nunca fui la única persona que se preguntaba sobre esto. Gracias. Un saludo.

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    1. Algo parecido me ocurrió. Una vez, hace ya un buen tiempo, me encontré con alguien que fue un gran amigo de la infancia. Conversamos y todo cordial, nos hicimos la falsa promesa de buscarnos y volvernos a ver, pero ya nuestras vidas eran totalmente distintas. Entonces sentí y recordé eso, en aquel momento de mi vida y para cuando escribí este post, que fue cuando pude materializarlo en palabras, que en la vida no retenemos mucho tiempo a la gente, pero que ni modo.

      ¡Gracias por tan bonitas palabras y gracias por pasar! 😀

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