Lo femenino eterno

El Fausto de Johann Wolfgang von Goethe ha hecho correr mucha tinta entre filólogos, filósofos y toda clase de especialistas*. No soy una voz autorizada para hablar con propiedad, pero quiero comentar como hombre común y corriente algunas ideas personales. De las miles de cosas que se pueden decir sobre una de las obras más extraordinarias de la literatura, quiero enfocarme específicamente en el final. Nada más.

Y bueno, como acto de humildad debo añadirlo: solo el final de Fausto, de por sí, ha dado para interminables debates y conjeturas, ya que la obra cierra con unos enigmáticos versos, que hasta la fecha llama la atención de interesados y estudiosos de la obra del gran poeta y erudito alemán. Así que no pretenderé descubrir el agua hervida, cuando en verdad lo que diré es desde lo más llano y simple, desde mi peculiar comprensión a vuelo de pájaro, sin ser academicoide u otra cosa. Así que veamos esos versos:

CHORUS MYSTICUS

Alles Vergängliche
Ist nur ein Gleichnis;
Das Unzulängliche
Hier wird’s Ereignis;
Das Unbeschreibliche
Hier ist es getan;
Das Ewig-Weibliche
Zieht uns hinan.

No sé alemán, así que no pretendo pasar por pseudoerudito. Pero coloco el original, porque quiero que vea algunas de las traducciones conocidas, lo cual demostrará lo difícil que es traducir un autor como Goethe y la riqueza de significado que proveerán las distintas versiones del texto. Por respeto a un posible lector sofisticado puse el original. Para quienes estamos entre el resto de mortales, he aquí algunas de las traducciones:

Traducción 1:

CORO MÍSTICO

Todo lo que ha ocurrido
es solo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno-femenino.
nos permite avanzar.

Traducción 2:

CORO MÍSTICO

Todo lo perecedero
no es más que figura.
Aquí lo Inaccesible
se convierte en hecho;
aquí se realiza lo Inefable.
Lo Eterno-femenino
nos atrae a lo alto.

Traducción 3:

CORO MÍSTICO

Todo lo perecedero
no es más que una imagen;
cuanto allá es inalcanzable
ya es aquí suceso.
Lo que jamás se ha descrito
vuélvese aquí un hecho;
es lo Eterno-Femenino
lo que empuja al cielo.

Traducción 4:

CHORUS MYSTICUS

Todo lo efímero
es solo alegoría;
lo inasequible
tórnase ahí suceso;
lo inefable
ahí está consumado;
la femineidad eterna
nos encumbra.

 

No sé si seré el único a quien le ocurre, pero cuando me hablan de lo femenino-eterno, no evito pensar en esa lista de nombres arquetípicos, dignos de sueño, del amor y de las ilusiones, ternura, locura y de un cúmulo de inexplicables sentimientos tanto positivos como negativos: Helena, Penélope, Medea, Lisístrata, Sherezade, Electra, Hécuba, Dido, Venus, Antígona, Circe, Cloe, Fedra, Atalanta, Dulcinea, Beatriz, Laura, Margarita, Manon Lescaut, Macbeth, Julieta, Desdémona, Ofelia, Celestina, la sulamita, Glumdalclitch, Doña Inés, Doña Leonor, Doña Julia, Flérida, Julie d’Aiglemont, Eugénie Grandet, Ana Karenina, Doña Perfecta, Atala, Hedda Gabler, Emma Bovary, Naná, Fabiola, María Iribarne… y no sé… hay buenas y malas por montón y lo digo sin ningún implícito maniqueísta o absolutista.

Por intuición siento que esa idea parte del más llano sentido común. Lo femenino-eterno puede ser ese macrosímbolo (¿la gran madre, la doncella, la compañera?), pero también esos versos poseen móviles demasiado complejos para reducirlo a eso.

Los antiguos simbolizaban el arte como una misteriosa mujer. La Idea, la Ciencia, la Técnica, la Poesía, incluso el Amor, son bellas damas que suelen relacionarse con la Musa, la que tal vez nos prodiga de vez en cuando un poco de Genio para acabar la tarea o el propósito de vida que nos hayamos impuesto. O al menos para cumplir el daimón, el sino, porque no olvidemos que Fausto también es una alegoría, una representación de nuestro yo contra el universo, de nuestro eterno tira y encoge contra el destino. Incluso la Justicia y la Muerte están ahí como señoras que contribuyen para completar procesos, etapas concretas de la vida. Además, ¿no es también la Virtud una enigmática mujer?

Así que lo femenino-eterno da para adentrarse en el laberinto, en un más allá sublime que solemos pasar por alto. Hay quienes llegaron a pensar que el Fausto de Goethe era solo para iniciados, dado su misticismo, simbolismo y todo lo demás.

Si nos atenemos a lo que el relato nos presenta, podríamos pensar que Goethe hace referencia a que el amor de una pareja que nos complementa es lo que nos salvará de nosotros mismos y de una posible condenación. Pero es un punto de vista demasiado mundano para el estilo de Goethe. Es cierto que el amor de Margarita (hacia el final llamada La Penitente) salvó de la condenación a Fausto, arrancándolo de las garras del infierno mediante las regiones celestes.

Pero si el Coro Místico nos da este sortilegio órfico, en todo caso debe hacer referencia al Amor Divino, al Amor Místico, al condimento que debemos ponerle a todo lo que hagamos, por la idea, la parábola, la imagen, la alegoría, que puede representar todo ideal, ya sea alcanzado o no, toda búsqueda incansable, que sin embargo es insuficiente, ya que todo es perecedero y al final nada nos satisface. Pero el Amor (lo femenino-eterno) nos lleva a lo alto, nos permite seguir insistiendo.

Quizá sea demasiado simplista y es por eso que digo que con el Fausto ha corrido mucha tinta. Hay críticos que incluso buscan una interpretación espiritual e iniciática. No podría dedicar tanto de mi vida, aunque no me extrañaría si alguien encuentra una interpretación audaz.

Todo esfuerzo tiene su recompensa. Pero solo con amor todo adquiere sentido. El mismo Fausto lo dice y a veces la frase se usa de cajón, sin el pleno sentido profundo que conlleva: “Esta es la última conclusión de la sabiduría: la libertad y la vida se merecen si se las conquista todos los días”.


*Hay amplia bibliografía y no me siento cómodo remitiéndolo a un solo autor. Si tiene interés en la obra de Goethe y específicamente en ampliar su conocimiento sobre Fausto, le recomiendo las siguientes lecturas, que le servirán un millón de veces más que este simple post:

  • Benjamin, Walter (2000). Dos ensayos sobre Goethe. Barcelona: Gedisa.
  • Eckermann, J. P. (2005). Conversaciones con Goethe en los últimos años de su vida [Traducción de Rosa Sala Rose]. Madrid: Acantilado.
  • Goethe, J. W. (2014). Fausto [edición bilingüe de Albrecht Schöne & traducción de Pedro Gálvez]. Madrid: Penguin Clásicos.
  • González García, José María (1992). Las huellas de Fausto. Madrid: Tecnos.
  • Hadot, Pierre (2010). No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales. Madrid: Siruela
  • Luckács, György (1968). Goethe y su época. Barcelona: Grijalbo.
  • Reuter, Jas (1985). Fausto, el hombre. México: FCE.
  • Reyes, Alfonso (1993). Obras completas. Tomo XXVI. Vida de Goethe. Rumbo a Goethe. Trayectoria de Goethe. Escollos goethianos. Teoría de la sanción. México: FCE.
  • Steiner, Rudolf (1989). Goethe y su visión del mundo. Madrid: Editorial Rudolf Steiner.

2 comentarios en “Lo femenino eterno

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