Canon consuetudinario vs. argumento de autoridad

No siento que esto sea la continuación de un post anterior, aunque en definitiva se relaciona.

En fin…

No sé si es válido hablar de tradición literaria en El Salvador. Al menos tradición en el sentido en el que lo entienden países con una institucionalidad cultural más consolidada. Lo cierto es que aquí casi nadie lee a los autores nacionales, a menos que sea casi a la fuerza. Conozco, por supuesto, a muchos lectores de escritores salvadoreños, además de personas que apoyan para que en este país se consolide el cultivo de las diferentes artes. No conozco a todo ese mundillo, pero no es necesario estar sumergido en él para darse cuenta de la poca incidencia que tiene en la vida práctica. Y no es ofensivo decirlo: algo se hace por supuesto, incluso gestos y eventos culturales dignos de admiración, pero este país en el que vivimos a los grandes poderes les interesa cualquier otra cosa, menos que su gente se vuelva culta. Pero eso lo sabemos todos y no es problema exclusivo de nuestro país. Pero se dará cuenta que decirlo fue un mal necesario.

Al no existir en un sentido amplio una tradición literaria salvadoreña, podemos admitir, tal vez con posibilidad de equivocarse, que la única tradición existente es la impuesta por el sistema nacional educativo. Es decir (y por eso siento que se relaciona con mi post anterior), siempre tocará leer a Salarrué, Claudia Lars… ya sabe, la lista de siempre…

Pero si nos atenemos a lo que observaba muy bien y de forma empírica Harold Bloom (lector voraz de tipo borgeano, quisquillosamente observador y amante fiel de las ideas de Longino y las teorías sobre la deconstrucción), hay una tradición que se opone a todo sistema local o impuesto, que es la que los escritores mismos crean.

Es decir, aunque suene repetitivo hasta el hartazgo, tenemos el canon consuetudinario (la lista propuesta por el sistema) versus la tradición del escritor que coloca a sus espaldas, cual heráldica, las influencias por las que él logra la magia de su escritura.

Por ejemplo, observe la siguiente imagen:

the-most-influential-poets-in-history

Estoy seguro de que es imposible recrear una imagen así sobre escritores salvadoreños, por la sencilla razón de que ninguno asume solamente lo local como su influencia. No soy docto en el tema, pero creo que podría contar a muy pocos salvadoreños que asuman a otros salvadoreños como parte de sus influencias. Y no intentaré justificar quién está equivocado y quién tiene la razón… yo, por ejemplo, he leído a Francisco Gavidia, pero por más que lo lea y estudie preferiré, qué se yo, a Víctor Hugo, a Dostoievski.

No, no estoy comparando a uno con otro, sino que quiero llegar a ese punto: es difícil solo apegarse a nuestra propia tradición, porque allá afuera hay una tradición literaria poderosa y aplastante. Entonces, ¿por qué no se desarrolla lo nuestro? La respuesta, como usted sabe, es compleja y no da para un post, además de la tinta que ha corrido en torno a esa discusión…

Octavio Paz dijo en alguna ocasión que Latinoamérica no vivió jamás un siglo de la razón, o una versión tropicalizada de una edad crítica, una época en la que cuestionáramos todo, miráramos hacia adentro y reestructurarnos para ver el clásico qué somos y hacia dónde vamos. Y mientras podríamos arrogarnos el honor de ponerle nombre a todas las cosas (como dijo Carpentier en Los pasos perdidos, contextualizando precisamente una cuestión medianamente similar a esta), preferimos ver afuera, queremos ir a París, a Barcelona, a Berlín, a Moscú. No queremos conocernos. Y si usted me dirá que sí, que apoya lo nuestro y todo eso, pues también inclúyame a todos los que conoce que no lo hacen. Ya lo ve, somos poquitos.

Así que nuestra tradición literaria la reconstruirá el primero que pueda, y por consiguiente, el primero que quiera. Y para ejemplificarlo recordemos, por ejemplo, un par de clásicos de la historia de la literatura salvadoreña:

  • Panorama de la literatura salvadoreña, de Luis Gallegos Valdés.
  • Confabulaciones: la fábula en El Salvador (1825-2000) y Diccionario de autoras y autores de El Salvador, ambas de Carlos Cañas Dinarte.
  • Cien escritores salvadoreños, publicado por Clásicos Roxsil
  • Poesía femenina de El Salvador, de Luis Gallegos Valdés y David Escobar Galindo
  • Índice antológico de la poesía salvadoreña y Antología del relato costumbrista en El Salvador, ambas de David Escobar Galindo
  • Cien años de poesía salvadoreña: 1800-1900, de Rafael Góchez Sosa y Tirso Canales
  • Desarrollo literario de El Salvador, de Juan Felipe Toruño
  • Literatura salvadoreña 1960-2000: homenaje, de Jorge Vargas Méndez

Hay muchas, muchas más, pero entonces el carácter de este post cambiaría demasiado. Son los ejemplos inmediatos que se me ocurren y algunos son material de excelente consulta. De todos modos, quiero destacar un detalle que llama poderosamente mi atención: las inclusiones y las exclusiones. Tanto en los libros citados como en los no citados hay inclusiones y exclusiones. Sé que es imposible incluir en un solo volumen una inmensa lista de nombres, que por sí sola no me dice nada, así que el problema es más complejo. Las historias literarias son solamente un paliativo para un malestar cultural mucho mayor.

Vivimos en un país que siempre está en emergencia de otra cosa. No hay tiempo (ni dinero) para nada más que para las necesidades inmediatas y en segundo plano para las necesidades utilitaristas. Así que eso de la tradición literaria rezuma pérdida de tiempo y es de poca importancia. Y lo sé: mis palabras se las llevará el inmenso océano de la red. Y si siente que perdió su tiempo leyendo estas líneas, de verdad lo lamento, pero no puedo negarme lo que siento o ser inconsecuente con lo que pienso.

Queremos mejorar el país. O bueno, al menos algunos. Otros solo quieren mejorarse a sí mismos y eso lo comprendo, no lo juzgaré. Comprendo a quien una tierra le parece como cualquier otra, o que sienta apego a los blasones y esas cosas. Como dice Sartre, lo importante es que nos arroguemos el derecho a optar. Nadie es mejor que otro. Pero entonces me dirigiré exclusivamente a quien como yo sueñe un poquito con ver las cosas distintas en este país.

En un país que siempre está en emergencia siempre se necesita dinero. Eso lo sé. Así que cualquier proyecto, incluso uno noble que tenga como propósito educar, requerirá inversión monetaria. O a lo mejor solo inversión de tiempo, ¿no le parece? Me refiero a que si no conocemos esto que somos, ¿cómo podríamos cambiarlo? No se puede mejorar lo que no se conoce. No mencionaré ejemplos concretos, pero hay bibliotecas que son en realidad cementerios de libros, donde no solo están acumulando polvo, sino que literalmente se está pulverizando y deshaciendo en migajas. ¿Por qué no digitalizar todo ese material? ¿Por qué no crear programas de servicio social para que se conviertan a e-books esas primeras ediciones que nunca volvieron a ver la luz? Hay mucho material de dominio público y aun así el Estado no invertirá. Pero al ser de dominio público usted y yo podemos hacerlo.

Y bueno… estoy divagando… es fácil lanzar las palabras y uno se emociona. Lo cierto es que el problema es más complejo, porque al vivir en una olla hirviendo los nervios permanecen casi todo el tiempo crispados, y luego todo se politiza, aparecen los intereses creados, los beneficiados, los buenos y los malos, los que adquieren renombre y los que pasan al ostracismo, las divisiones y un largo etcétera.

Visto así quizá sea una ilusión cambiar las cosas. Cuando era un estudiante tenía un lado mucho más idealista que el de ahora. Claro, luego uno cae al suelo, se quiebra un par de dientes y de paso aprende mesura, al menos a la fuerza. En aquel entonces tenía tantos sueños y quería aportar en este rollo de la cultura. Como no conocí a nadie y no pude seducir a los pocos que intenté para que me siguieran en mis quijotadas, creé mi propia wiki donde comencé primero alimentándola de material de Wikipedia (ni modo… ni para comprar el libro de Gallegos Valdés tenía…), luego aportes de cosecha propia, y luego de las múltiples fuentes que fui encontrando tras una buena rebusca.

Al ser una wiki pensé que tal vez se sumarían dos o tres pelones más, ya que una wiki es eso: una plataforma donde todos pueden aportar. Pero eso nunca pasó. La wiki tiene como 17 usuarios, pero de ellos solo otro usuario y yo colaboramos con el contenido. Hay un porcentaje alto que solo tocan UNA biografía en específico (lo que me lleva a pensar que son los propios escritores quienes usan algún su alias para autopromocionarse, o qué se yo), por lo que después de varios años me rendí y casi, casi que la dejé en abandono. A veces me llegan notificaciones, pero lo usual es que sean mensajes de insultos por parte de (supongo) niños que esperan que sus tareas queden resueltas. Si durante todos estos años hubiera seguido, quizá la wiki estuviera más completa. Pero es como coser un pantalón de cero con hilo y aguja, cuando pudo haber sido a máquina.

Aquí solo pueden ocurrir dos cosas: la primera (la que más me temo) es que al 99 % no le importa nada; y la segunda es que tal vez hayan personas con buenas intenciones, pero que desconocen y no saben cómo ayudar. También están quienes jalan para su propio proyecto y no les interesa hacer de la cultura algo para todos (al menos no en un proyecto colaborativo que no tenga que ver con el dinero), pero de esas personas no vale la pena hablar. Yo por lo menos vivo de mi trabajo y no de lo que escribo. Y he trabajado hasta de comerciante informal, así que nadie me puede decir nada. La cultura me interesa solo porque sí, porque quisiera ver las cosas distintas.

Lo de la wiki fue solo un ejemplo de cómo se puede intentar algo sin dinero. Conté el testimonio, porque es un ejemplo de cómo hasta lo más sencillo también puede fracasar en un país desinteresado como este. La plata no es el problema. Tenemos tantas plataformas en línea como herramientas disponibles para llenarnos de todo lo bueno, pero lo usamos… bueno… lo usamos para miles de otras cosas.

Solo déjeme cerrar esta mi perorata con lo siguiente: si al menos no le interesa aportar para mejorar nuestro conocimiento del arte y la cultura, por lo menos enséñele a la generación que venga. Ellos tal vez quieran cambiar las cosas. Haga de sus hijos, sobrinos o familiares más pequeños grandes lectores, porque el hábito de la lectura los llevará al estoicismo de las ciencias exactas. El espíritu científico y creativo solo puede nacer de un alma eternamente curiosa. Al menos aportemos desde ahí: desde nuestra casa, desde nuestra familia…

4 comentarios en “Canon consuetudinario vs. argumento de autoridad

  1. Algunos de los autores que mencionas (Claudia Lars, Roque Dalton, Alfredo Espino) los conozco por una antología de poemas infantiles “A la orilla del agua y otros poemas de América Latina” seleccionados por Claudia M. Lee que leí recientemente.
    Me alegro conocer un poquito de la literatura de otros países, en especial del tuyo porque eres uno de los pocos con los que “hablo” que no es de España jaja.
    Si no es molestia ¿podrías escribir sobre autores salvadoreños y seleccionar alguna de las obras que más te gusten? Para tener una referencia, sin presión no es necesario que lo hagas si no puedes o quieres.
    Citas mucho a Borges, veo que te gusta mucho…yo con él todavía no me he animado: él sería mi Shakespeare (tomando de referencia la cita que dejaste sobre este autor en otro post) Y sé de gente que se jacta de “haber leído a Borges” pero no sé si por gusto o para jactarse de haberlo hecho. Cortazar me gusta mucho ¿lo has leído? ¿qué te parece?
    Y lo que planteas es un tema que atraviesa a toda Latinoamérica, es triste pero real que se desdeñe autores nacionales por extranjeros. Por estos lares al menos se les da atención a escritores nacionales contemporáneos, se tiene más aceptación en la literatura juvenil y romántica. Algo es algo. Saludos 🙂

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    1. Es cierto, no lo había notado. Creo que con Borges me pasa lo que a otras personas con “Juego de tronos” o “Los Simpson”: De repente para cada situación siempre uno se acuerda de algo relacionado con…

      Y como en mi caso comencé a leer a Borges a los 15 años, además de que es de los pocos autores que he leído la obra completa (porque creo que me agarraron demasiado jovencito, apasionado y deslumbrado jajajajaja), creo que se me hace fácil citarlo para muchas situaciones, sobre todo si se trata de temas literarios.

      Cortázar no lo he leído todo, pero de lo poco que ha llegado a mis manos (sobre todo poesía y cuentos) me ha resultado maravilloso. Creo que tengo varias deudas de lector y entre ellas está profundizar más en la obra de Cortázar. La vida es tan breve y hay tanto por leer…

      Créeme que he pensado en hacer eso sobre los autores de mi país. He estado trabajando un poco en ello y con unos amigos hemos comenzado la idea de un blog para ver si publicamos sobre literatura salvadoreña y centroamericana, aunque en principio lo hagamos con temas más generales y sencillos (igual, no somos los grandes expertos jajajaja). Si quieres darte una vuelta por ahí, sería maravilloso: https://grafomaniaticos.wordpress.com/

      Estoy muy consciente de que solo dando a conocer e informando a la gente es que tal vez podamos despertar inquietud. Queremos intentarlo, sobre todo porque hay muchas cosas valiosas que mi gente en El Salvador puede aprender, si tan solo comenzara a leer un poco más lo nuestro. De vez en cuando tiraré alguna programada en este blog (tengo programada una de Claudia Lars para el mes de julio), pero por lo general lo haré en Grafomaniacos. Espero verte por ahí.

      Gracias por tus opiniones tan puntuales y pertinentes. Siempre después de leerte se me ocurren nuevas ideas para escribir. Gracias por eso. Saludos.

      Le gusta a 1 persona

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