Recuerdos de mi primer Quijote

Tenía 17 años cuando me regalaron la edición de Longseller de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. Recuerdo que estaba emocionado, porque carecía del poder adquisitivo para comprar el libro por mi cuenta y nunca fui de pedir algo que no lo estuviera necesitando, por lo que preguntarle a mis papás era impensable. Pero en aquel entonces una gran amiga me regaló el ejemplar (bueno, eran dos tomos) y fue tanta la emoción que lo leí en 19 días. En aquel entonces era demasiado kamikaze y no reparaba en las consecuencias de la salud del cuerpo a largo plazo. Pero esa es otra historia.

Por mucho tiempo tuve curiosidad con esa frase atribuida a Cervantes, porque tuve un profesor en bachillerato que la usaba para muchas ocasiones. Si usted ha leído el Quijote sabrá que esa frase NO está ahí, y si no sabe de qué frase estoy hablando, le pongo el repertorio de las variantes más conocidas, gracias al auspicio de la Wikiquote:

  • “Ladran, luego cabalgamos”.
  • “Ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho”.
  • “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos”.
  • “Deja que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando”.
  • “Ladran Sancho, señal que avanzamos”.
  • “Si los perros ladran es señal de que avanzamos”.
  • “Sancho, si los perros ladran es señal de que avanzamos”.
  • “Señor, los perros están ladrando. —Tranquilo, Sancho, es señal de que estamos cabalgando”.

Leer el Quijote completo y no encontrar la frase me dio una extraña e infantil satisfacción. Qué bueno que ya no estaba en bachillerato, porque a esa edad hubiera cometido la imprudencia de decirle al maestro que la frase no es de Cervantes. No lo hubiera hecho de mala leche (como gustan decir vulgarmente los españoles), sino porque nací con el terrible defecto de no resistirme a desmentir algo de lo que estoy enterado. Suelo ser inseguro en un millón de cosas, sobre todo en aquellas de las que no tengo certeza… pero de las que tengo conocimiento suelo defenderlas hasta las últimas consecuencias: hasta que me demuestran lo contrario y entonces doy las gracias y reconozco que he aprendido algo nuevo. Por eso no entiendo cómo algunas personas no me creen cuando doy las gracias si me corrigen. Solo mis amigos y mis más allegados comprenden que padezco la obsesión por saber, ese síndrome de Fausto que no me deja en paz… y que por extensión no me enojo con las personas que me corrigen o que saben más: me enojo conmigo por actuar muchas veces como un insensato. Y como contraparte: después de sentirme insensato, me da una deliciosa satisfacción comprender algo, alimentarlo con una nueva dimensión de las cosas. No es gratuita esa frase: “Hoy he aprendido otra cosa”. Qué vivan, por supuesto, los pequeños placeres de la vida.

Y ya que mencioné lo de la infinita curiosidad por saber, tal vez quiera conocer el texto original de donde proviene la frase. Gracias al Internet no es difícil encontrar el origen (quizá le tome no más de un minuto averiguarlo), pero para que no viaje demasiado le traigo el texto aquí:

Ladrador
(Goethe, 1808)
Cabalgamos por el mundo
En busca de fortuna y de placeres
Mas siempre atrás nos ladran,
Ladran con fuerza…
Quisieran los perros del potrero
Por siempre acompañarnos
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos.

Cuando dejé de hablarle a esa amiga, la edición Longseller del Quijote pasó a convertirse en un mal recuerdo. Escondí el libro por años y cuando reordené mi pequeña estantería lo puse entre otros libros gigantes, para no tener que ver su lomo amarillo asomándose por ahí.

Un día un amigo me lo pidió prestado y se lo di. Hasta la fecha el libro no ha vuelto a mis manos. Por una parte, debido a que él cometió la imprudencia de prestarlo a un tercero (oh, sí, pecado mortal para quienes conocemos las leyes no escritas acerca de los libros y sus vaivenes) y que ese tercero, por supuesto, aun cuando amablemente se le pidió que lo devolviera, con total cinismo nunca quiso hacerlo. Y si de alguna manera está leyendo esto, ni siquiera le daría vergüenza porque conozco su personalidad. Pero eso es irrelevante ahora.

Durante años me consolé con la idea en la que me planteaba que de todos modos el libro me traía malos recuerdos. Pero la vida nos da sorpresas y la amiga que perdí volvió a mi vida. Diez años después, pero volvió. Nunca le he contado que su regalo ya no está conmigo. Quizá le reste importancia y lo comprenda, aunque me sentiría avergonzado toda mi vida (y es algo que no puedo evitar).

Así que cuando quise volver a Cervantes y releerlo, tuve que conseguir un nuevo ejemplar. Fui bastante afortunado y un gran amigo me vendió las obras completas de Cervantes en edición de Aguilar, con pasta dura y cuero, con estampado dorado que simula la firma de Cervantes y en papel biblia desacidificado, por lo que el libro, con los cuidados adecuados, tal vez pueda durar muchísimos años. Pasé de tener solo el Quijote a tener todo Cervantes. Ya sabe, no hay mal que por bien no venga. Y también aprendí la lección: NO PRESTO LIBROS.

Quien no ama la lectura no podría comprender lo que se siente cuando no devuelven un libro o lo hacen en mal estado. Si le alcanza la imaginación, se siente casi igual a que le rompan el corazón, por usar una expresión finisecular. Eso y mezclado con sentirse defraudado. En lo personal, hasta me cambia el punto de vista sobre una persona. Es ir demasiado lejos, lo sé, pero me excuso en que si alguien me conoce y comprende el tamaño de mi amor por los libros y la lectura, entonces me está haciendo daño con premeditación y alevosía al no devolverme un libro o entregarlo en mal estado. No hay más que decir: sé que ya me comprendió.

Pero todo esto suena demasiado sombrío y no es el ánimo con el que me gusta escribir. El Quijote para mí es una mirada inevitable a mi propia versión de los años maravillosos. Un parteaguas en mi vida. Quizá a partir de esa novela comencé a considerarme un verdadero lector. A los 16 años leí Cien años de soledad y comencé a leer todo lo que me generaba placer y eso que los formalistas rusos llamaban extrañamiento. Pero a partir del Quijote comencé a leer con más rigor y disciplina. Pasé de lector por placer a lector por saber. Pero como sabemos, la vida da vueltas y ahora soy de nuevo un lector hedonista.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .