La asignatura pendiente

El escritor David Escobar Galindo, en un diálogo imaginario con Roque Dalton, expresó estas palabras en un artículo de La Prensa Gráfica. Me gusta lo que dice, porque resume las miles de dudas en torno a un caso que al parecer con los años tiene cada vez más preguntas que respuestas:

…¡Vos tan campante como santo en andas y los que te hicieron aquello como almas en pena! Bueno, será preciso que vos tengás también tu Comisioncita de la Verdad, y entonces ya podrás dedicarte a caminar sin que nadie te ande cargando, porque vos estas vivo y saludable, Roque, no jodás. Eso sí, sería bueno saber quién apretó el gatillo. Para bien o para mal, todo crimen acaba reduciéndose a saber quién apretó el gatillo. Quedemos en eso entonces.1

Le doy toda la razón, pero todos sabemos que para la gente nunca es suficiente, lo cual es comprensible. Si supiéramos quién apretó el gatillo, luego querríamos saber por qué lo hicieron y quiénes conspiraron. Como comentaba en un post anterior, el duelo no completado nos crea un asunto pendiente con la historia, que en el caso de Dalton sigue despertando pasionalismos  tan fuertes y vigentes como desde el día en que se supo la noticia.

El aura legendaria del caso, además que con cada nueva pista surgen más preguntas que respuestas, lo cual provoca hipótesis truculentas de toda clase, y encima que los especialistas se enfrentan a que a estas alturas no es posible obtener detalles precisos que ayuden a dimensionar umbrales y límites de todos los aspectos relacionados con la situación.

Y aunque saber quién disparó no será suficiente para decir “asunto cerrado”, al menos permitirá que sobrellevar el resto sea menos complicado.

También tengo que decirlo, aunque quizá le resulte incómodo si es de mi país: quienes hemos leído a Roque Dalton y sabemos algo de su vida o de su obra, solo podemos tomar dos actitudes: la primera, entre un poco de indiferencia hasta el hecho mismo que no importe nada; y la segunda, que importe demasiado, al punto de querer investigar más, aun cuando uno ya sabe que no hay respuestas más allá de toda duda razonable. Admito sin culpas que pertenezco al segundo grupo.

El primer libro de Dalton que llegó a mis manos fue la novela Pobrecito poeta que era yo…, en una edición UCA. Todavía conservo el ejemplar con cientos de anotaciones. Ya de por sí tengo una curiosidad que raya en el síndrome de Fausto, así que sumado a los miles de cabos sueltos de los que uno se entera, solo despertó en mí el deseo de saber qué fue lo que pasó, aunque eso no ayude en nada en mi vida, ya que soy solo un espectador, alguien que está en las últimas gradas viendo de lejos lo que ocurre con un desenlace todavía lejos de vislumbrar.

Como no tuve los recursos que quisiera, tardé 10 años en comprar por fin la poesía completa y otros cinco para obtener los ensayos que una editorial extranjera distribuye en el país. No fue suficiente: cuando tuve la oportunidad comencé a comprar libros relacionados con el poeta. Así fue que llegó a mis manos El ciervo perseguido, de Luis Alvarenga, El asesinato de Roque Dalton. Mapa de un largo silencio, de Lauri García Dueñas y Javier Espinoza, que son los títulos inmediatos que recuerdo, además de todo lo que aparece en prensa y revistas culturales. Me convertí en fan total de Dalton, pues.

En algún momento me planteé la idea de escribir algo sobre esto (mi interpretación personal del caso Dalton), aunque ni siquiera tengo acceso a material de primer orden, por lo que siempre dejé esto en stand-by. Además que no tengo la formación académica necesaria, ni el tiempo para trabajar con la libertad apropiada que amerita el caso, ni el dinero para viajar, reproducir materiales, etc., por lo que considero que es mejor quedarme con la curiosidad intelectual y que los buenos en eso se dediquen a encontrar respuestas.

Sin embargo, no dejo de plantearme la posibilidad. Terminaré de madurar la idea.

Por otro lado, después de todo lo dicho, debo admitir que mi curiosidad de lector me ha dejado tanto alegrías como decepciones. Y menciono esto sin malas intenciones (y es feo aclararlo, pero suele ocurrir que un comentario negativo a un libro suelen tomarlo como ataque directo las personas que defienden a un autor), porque me ocurrió con la investigación sobre el caso Dalton. Dejo la cita del libro, que dirá más de lo que yo podría:

En eso también hay varias versiones, hay gente que dice que fue una persona la que lo mató, otros de que fue fusilado… en esta parte tampoco hay mucha claridad de qué es lo que pasó ¿Fue el Vaquerito quien le disparó?

Ese es Carlos Humberto Portillo…

¿Que después murió, él no está vivo?

No está vivo.

(Silencio).

¿Sobre los detalles del día en específico tiene usted conocimiento?

Apagalo y te cuento.

(Señala la grabadora. Un off the record. Luego continúa, pide que se encienda la grabadora).2

Con esto no quiero decir que el libro no sirve o algo así: al contrario, si quiere conocer el caso Dalton esta es una lectura de primer orden. Además, estoy consciente que un investigador no puede sacarle información a la fuerza a la fuente que decidió colaborar, por lo que es pedirle demasiado a los autores que revelaran una verdad que hasta los propios actores involucrados se empeñan en ocultar a toda costa.

Sin embargo, eso no acabó con mi sentimiento de decepción, sobre todo porque al comprar el libro lo leí de una sentada y de repente me topé con esa página. Solo cerré el libro y tardé meses en volver a él. A todos nos pasan experiencias distintas. En mi caso, sentí como si me dieran a entender como lector: Lo siento, los autores sabemos una versión de qué fue lo que pasó (claro, el off the record), pero no podemos contártelo, aunque hayas pagado por el libro para conocer un poco del caso. Lo sentimos. Es decir, me sentí un poquito timado. Pero solo un poquito.

En fin… años después aparecería el reportaje de Charles Lane, que curiosamente respondió una de las autoras del libro antes citado. Una correspondencia al estilo más clásico del derecho a réplica. Si quiere leerlo, en cierto modo tendrá que conocer el libro primero y luego el reportaje: solo así podrá dimensionar mejor a qué aluden. Dicho sea de paso, el reportaje de Lane recuerda mucho al último capítulo de la novela de Dalton. El testimonio autoficcionado no puede ser gratuito. Todavía queda mucho por investigar.

Lo curioso en todo esto, independiente de los autores que aborden el tema o intenten darle tratamiento, es el silencio empecinado que guardan todos los involucrados directos en el caso. ¿Que no se dan cuenta que mientras más se empecinan en callar, más les demandará la historia? Podrán llevarse la verdad a la tumba, pero los involucrados pasarán a la historia no solo como canallas, sino como cobardes. ¿Creen que la gente lo olvidará? ¿Que acaso no ven los ejemplos en la historia de la humanidad? Pueden pasar mil años, pero un asesinato sin resolver siempre servirá como importante lección, mucho más si se trata de alguien importante para la historia cultural de una región.

El mundo no olvida jamás los casos sin resolver. Está en nuestra genética.

Ahora que lo pienso, el caso Dalton me recuerda un poco al recurso narrativo del guion de Ciudadano Kane: todos cuentan su versión de la historia, a través de los actores nos creamos un perfil y un cuadro de posibilidades, pero todas son interpretaciones, porque Charles Foster Kane ya está muerto, y es el único que no podrá defenderse y contar su versión. Y bueno… si a esto se le suma que se oculta más de lo que se cuenta, y que eso de por sí vuelve sospechoso lo que apenas se sabe (para el caso de Dalton) eso vuelve más desoladora la tragedia.

En fin…

No soy partidario de los post con demasiadas citas bibliográficas, pero en este caso es necesario, dado el cariz del tema:

Esa decisión fue un proceso largo y participó, es cierto, la anterior dirección, yo no era de la anterior dirección… eh… participó la anterior dirección y… participó… ¿cómo le llamaban a este…? El estado mayor, era una parte de esa dirección. La dirección de ese entonces estaba conformada por Lil Milagro, Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos, Fermán Cienfuegos… no recuerdo los otros y entonces, esta decisión de la que habla Joaquín fue cuando ya hubo un fracturamiento (sic), recuerdo que hubo dos grandes asambleas y hubo todo un proceso en el cual la declaración más fulminante fue la de Salvador Cayetano Carpio que dijo que Roque Dalton tenía una historia bastante oscura, que se escapó del penal de Cojutepeque escarbando hoyos con una cucharita, entonces por eso le tenían serias desconfianzas. Salvador Cayetano Carpio, quien era el dirigente de las FPL (Fuerzas Populares de Liberación), esto fue la base de la acusación de Rivas Mira para decir que Roque Dalton podría ser agente de la CÍA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos).

Esa es una declaración desafortunada de Jorge Meléndez, uno de los involucrados. Si quiere leer la entrevista completa, puede redirigirse desde aquí. Y digo desafortunada, porque quedará para la historia que después de toda una vida se empecinó en ocultar lo que sabe de la verdad, además que mantuvo una actitud hostil ante un evento que aunque no le importa a él sí es del interés de miles de personas alrededor del mundo. Tal vez no millones, pero sí miles. No es una exageración. Los interesados en Dalton lo sabemos. Y cerraré con una cita del propio Dalton, que quiero que contraste con la de Meléndez.

Esta cita la tomo de la novela de Dalton, y para serle franco, el día que leí la entrevista de a Meléndez tuve un aterrador déjà vu. No evité asociar las palabras antes citadas a una porción ficcionalizada de Pobrecito poeta. Juzgue usted:

Tu Partido no sabe que nosotros tenemos todo este caudal de información sobre sus planes subversivos y sus contactos internacionales. Nosotros le haremos saber a tu Partido, por medio de la gente que tenemos dentro y por otros medios a nuestro alcance, insospechables, que toda esta información nos la diste tú. Les diremos que antes de morir trataste de salvar el pellejo y hablaste, traicionaste, delataste a tus camaradas. No vas a quedar como un héroe para la historia, sino como un traidor. Y no sólo como un traidor, sino como un cobarde y un imbécil, pues a pesar del deseo de salvarte y de la delación, perdiste la vida. ¿Crees que en esas condiciones el Partido te va a mandar a construir estatuas?

Está bien, lo entiendo, no cuenta como real porque es ficción. Pero tome en cuenta que esto Roque lo escribió muchos años antes de imaginarse siquiera que lo matarían sus propios compañeros (de hecho, hay una primera versión de este testimonio, con menos detalles por supuesto, que data de 1964). Y en la novela, eso se lo dice el agente de la CIA que lo está amenazando. En fin… sé que me entendió por qué lo asocié de forma directa. Como mencioné al principio, es un caso en el que falta demasiado. Sigue siendo una asignatura pendiente.


1 El periódico exacto en el que aparece el artículo no pude ubicarlo, pero la revista Cultura N.º 89 (enero-abril 2005), página 74, lo reprodujo. Para los interesados, el artículo se titula: “¿Te acordás, Roque?”.

2 Fuente: García Dueñas, Lauri; Espinoza, Javier (2012). El asesinato de Roque Dalton. Mapa de un largo silencio. San Salvador: Aura. pp. 101-102.

2 comentarios en “La asignatura pendiente

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