A propósito de los festivos para los padres

Todos nuestros padres tienen virtudes y defectos. Eso ya lo sabemos. A pesar de ello, tenemos el Día de la Madre y el Día del Padre para recordarlos, porque el amor cubre todas las faltas, o al menos es algo que a muchos nos gusta creer. Mi papá tiene sus propias virtudes y defectos. Pero hace unos días, conversando con un amigo, me dio por recordar una de sus mayores virtudes… una por la que soy como soy hasta este día.

Desde que tengo memoria me gusta conversar con mi papá. Si usted ha tratado conmigo sabrá que soy medio friki y que tengo obsesiones con muchos temas. Perdóneme si alguna vez lo abrumé y le pido las más sinceras de las disculpas por si en alguna ocasión monopolicé un tema. Yo soy de esos que se emocionan y comienzan a alzar la voz. Soy de los que dramatizan la historia que está contando, y si alguien es de mi confianza y me da la menor oportunidad, le expongo mi punto de vista sobre un tema hasta el hartazgo, hasta citar fuentes documentales, hasta agotar todas mis certezas y luego exponer todas mis dudas, porque primero hay que contextualizar lo que se sabe para argumentar sobre lo que no se sabe. Y es bueno plantear lo que no se sabe, porque tal vez alguien tenga una respuesta. Solo así he aumentado mi conocimiento todos estos años. Y eso me lo enseñó mi papá.

Siempre me gustó conversar con él. En todos los círculos sociales en los que me ha tocado moverme, en pocas ocasiones me he encontrado personas que soporten mi extraño modo de ser. De hecho, tengo la curiosa habilidad de generar rechazo, un don particular para caer mal. No es paranoia: he tenido —no sé si para bien o para mal— muchos trabajos y he estado en toda clase de causa y círculos sociales. Incluida la escuela, el bachillerato y la universidad, siempre me encontré con personas que me demostraron más allá de toda duda razonable su desagrado hacia mí.

Pero eso me enseñó dos cosas: soy quien soy y no puedo ni debo cambiar mi esencia para encajar; y lo otro es que reconocer que podemos caer mal nos da lecciones particulares de humildad, porque de todos modos hay que tomar el lado bueno y tratar de mejorar.

Y como ya dilaté demasiado lo que quería decir acerca de mi papá, y tengo la maña de seguir enredándome, lo diré de una vez. Me han confirmado mis parientes que de niño fui sorprendente en mi relación con los adultos: era un gran metido, pero siempre tenía algún tema de conversación. Aunque sea algo que hubiera visto en la tele o escuchado de otro adulto, con tal de sacar plática. Pero eso pasaba de asombro a desagrado, cuando comenzaba con mi perorata de preguntas. Nunca me detenía y parece ser que no desarrollé —hasta muy avanzada edad— la habilidad social para darme cuenta que incomodaba. No sé si alguna vez incomodé a mi papá, pero si fue así nunca me lo demostró. SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE respondió a TODAS mis preguntas. TODAS, sin excepción. Con él desarrollé hasta el hartazgo mi deseo de preguntar y exponer todas mis ingenuidades. Me enseñó a consultar diccionarios, enciclopedias, documentos especializados. Cuando se divorció de mi mamá nos dejó a mí y a mis hermanos toda su biblioteca (algo que admiro, porque a mí me dolió vender en una ocasión 200 libros por necesidad… algún día escribiré sobre eso). Por eso a los ocho años pude leer (y releer posteriormente ) El PrincipitoOliver TwistCuentos de barroTierra de infanciaRobinson CrusoeLa isla del tesoroGirasol (mi primer contacto con la poesía), Jícaras tristes y un largo etcétera. Muchos se burlaron de mi temprana afición a la lectura. Niños y no tan niños. Mi papá me impulsaba a seguir haciéndolo. Siempre lo hizo y siempre lo hace.

Nunca sentí un mal gesto de su parte al conversar conmigo. Nunca sentí que lo incomodé. No sé si muchas lo interrumpí, pero en todo caso no lo demostró. Él es de un carácter fuerte y de una resolución impresionante. Así que estoy seguro que si alguna vez lo hubiera incomodado, me lo habría hecho saber en un segundo. Al menos eso quiero pensar. Y como mencioné antes, ese detalle, ese solo detalle, determinó mucho de lo que soy ahora. También me atrajo problemas, pero no me arrepiento de ello. No ahora.

Una vez (hace 11 años de eso) un docente se clavó conmigo porque expuse mi punto de vista sobre la objetividad-subjetividad. Venía de leer La estructura ausente de Umberto Eco y En torno al sentido de A. J. Greimas. A partir de ahí, durante cinco años, él me clavó “el subjetivo”. Luego me puso “Kalimba”, pero esa es otra historia (quienes me conocen ya saben que tuve el pelo afro). Supe desde el momento en que él persistía en el tema, que le desagradó mi punto de vista. Intentó humillarme, pero fui entrenado en las artes de la verborrea desde niño. De ese docente me tocó relacionarme con otros que me hicieron la vida de puñeta, que no dudaban en bajarme calificaciones, que fueron despiadados conmigo. Pude lidiar con todos ellos. Fue lo que me tocó. Es algo de lo que no me gusta hablar, porque debí denunciarlo en su momento y nunca me atreví.

Ya lo ve: preguntar porque uno tenga la más legítima de las dudas puede atraerle enemigos. A mí siempre me aparecieron para toda ocasión. He ganado el desagrado de muchos jefes, el odio de compañeros de labor, y hace que gente la sospeche que uno es la arrogancia andante… y tal vez sea cierto… y tal vez podría achacarle la culpa a mi papá, pero no lo haría, porque cada vez que él despejaba mis dudas o que me indicaba los libros que podían hacerlo, me llenaba de felicidad incontenible. Estaba desarrollando el síndrome de Fausto, supongo. Pero esa es otra historia.

Pero no hay optimismo ni pesimismo absoluto: en la vida conocí gente con quien podía compartir mis dudas, conocimientos, donde podía preguntar sin ser juzgado. Quisiera mencionar a una escritora que conocí (pero respeto demasiado su privacidad), a quien llegué a tomarle mucho aprecio, porque ella, desde el primer día, comprendió mi pasión extraña, mi obsesión, mi enfermedad del deseo por saber, mi gusto particular por la lectura. También tengo varios amigos y amigas, y sobre todo amigas (oh, sí, porque las personas más inteligentes que he conocido en mi vida, y mis verdaderas senpais han sido mujeres) con quienes puedo conversar de lo que sea y exponer también mi punto de vista. A todos y todas, un abrazo y un inmenso gracias por eso.

Y si usted leyó hasta aquí, también le doy las gracias porque tuvo la gentileza de hacerlo. Pase un lindo día y dé siempre las gracias por el conocimiento aprendido, ya que como usted sabe hasta de las hormigas aprendemos cosas. Yo me siento agradecido. También con usted, aunque tal vez no lo sepa. Estar escribiendo aquí fue un proceso de aprendizaje y poco a poco he aprendido a vencer mis miedos. Usted, mi lector invisible, me está ayudando a hacerlo. Pero… ¡ya no digo más!… no tengo remedio, con esta mi maña de extenderme…

4 comentarios en “A propósito de los festivos para los padres

  1. Hola, que bonitas palabras hacia tu padre. Y que lo compartieras es todo un detalle por cierto. No te conozco en persona, asique opino desde lo que leo y no me resultas nada antipático, es más me da risa cuando te vas un poco de tema, me suele suceder también XDDD
    Por otro lado, lo de tus profesores es bastante desagradable. Tristemente es algo que se ve mucho y lo peor es que después te animan a ser curioso y preguntar ¿en qué quedamos? Claro también hay muy buenos docentes, pero a veces da la sensación de que se tropieza más con los otros. Yo aspiro a no ser así cuando empiece a ejercer.
    Como te catalogaste de friki solo, tengo una petición: cuando tengas ganas me gustaría que hablaras de anime. Y por cierto la sección cinéfila es de mis favoritas. Saludos 🙂

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