Spartacus como currículum y demostración de poder

GÉNERO: Épico / Péplum / Cine histórico

SINOPSIS BÁSICA: En una recreación del acontecimiento histórico conocido como Tercera Guerra Servil o Guerra de los Esclavos, el gladiador Espartaco lidera una rebelión contra el Imperio de Roma.

Para la existencia de este filme merecen más crédito Kirk Douglas y Dalton Trumbo, que deben tener su propia historia. No podría prometer una reseña a futuro, pero es justo agregar que Trumbo, como guionista y profesional, estaba pasando por uno de los peores momentos de su vida, debido a la cacería de brujas y el anticomunismo de la época; y Douglas había tenido serias dificultes para dar con un buen director, dejando en el camino tiempo, recursos y dinero. Pero atendiendo al papel oportuno de Kubrick como director, al menos hay un par de detalles por agregar.

Stanley Kubrick tenía en ese momento dos guiones que nadie en Hollywood quería financiar. En cierto modo estaba en un peligroso estancamiento laboral, ya que prácticamente cumplió dos años sin dirigir. Pero Kirk Douglas lo contactó cuando despidió en los primeros días de rodaje al director Anthony Mann. Eso sí: este sería un filme en el que Kubrick no podría intervenir nada más que para dirigir. Nada de sugerencias para guion, ni nada. Con ser así, se nota a todas luces no solo en el resultado visual, sino en algunas impresiones dramáticas: lo más seguro es que un joven Kubrick logró imponerse en muchas ocasiones a puros resultados.

Por otra parte, en su tiempo la novela de Howard Fast gozó de una inmensa popularidad, además de que el cine péplum estaba en su máximo apogeo. Fue un momento histórico y circunstancial favorable, donde Kubrick no desperdició su oportunidad y se tiró de cabeza con un proyecto que terminó convirtiéndose en uno de los largometrajes más sorprendentes de su época, y en uno de los más elogiados de su género en la historia. Toda una demostración de poder y valía.

Pero además logró un equilibro entre su público, pasando de los académicos y buscadores del cine exquisito hacia un público más amplio, que supo apreciar todas sus audacias, y que desde entonces no le perderían la pista cuando apareciera una nueva producción con su firma.

En cuanto a las sutilezas técnicas, es memorable el uso de actores ingleses para los papeles romanos y el de estadounidenses para los esclavos: la elegancia del acento británico y el tono más rudo de los estadounidenses creó un contraste interesante que dotó de extraordinaria naturalidad las diferencias de clases. Esto nos deja una lección interesante de interpretación: más que los vestuarios o la parafernalia, debería de prevalecer el elemento verosimilitud.

Y cómo olvidar la escena cuando los esclavos han sido derrotados y Marco Licinio Craso pide la cabeza de Espartaco. Es una de las escenas más extraordinarias en la historia del cine hollywoodense (aunque considero superior la escena final de Paths of Glory), además que la frase: “¡Yo soy Espartaco!”, perduró durante mucho tiempo en el imaginario estadounidense (bueno, si usted tiene tiempo de seguir este blog, recordará que incluí esta escena como uno de los grandes momentos cráter del cine).

Si bien Kubrick no intervino gran cosa en el guion, la temática, caracterización e impresión dramática no riñe con todo el trabajo fílmico del director. Por el contrario: demuestra que fue alguien capaz de tomar un tema comercial y darle una vuelta de tuerca, convirtiéndolo en un filme sobresaliente de su género.

Sin embargo, fue también una película polémica. Sufrió recortes y un par de censuras. Era habitual que los filmes de ese género tocaran al menos de manera tangencial los temas cristianos. Espartaco no lo hace en ningún momento, ni siquiera con las crucifixiones o con algún tema del asesinato en los coliseos. De igual manera, por una escena donde alude de forma metafórica a la homosexualidad, se tomó como excusa no solo para recortarla (tal escena se restauraría hasta los años noventa), sino para revisar todas las escenas de violencia y cualquier otra alusión maliciosa. Fueron recortados unos 12 minutos de filme en ese entonces.

Pero bueno… las actuaciones de Kirk Douglas y Laurence Olivier, sumado a un buen guion y dirección, crearon un hito en la historia del cine. Dos obras maestras al hilo. Stanley Kubrick realizó unos planos de tal maestría, y con una sensibilidad e innovación, que a partir de ese momento ya no sería visto como un joven director. Se había ganado su lugar a pulso. Quizá solo tenemos punto de comparación en la actualidad (salvando las distancias) con el joven Damien Chazelle.

Frase interesante: “Cuando un hombre libre muere, pierde el placer de la vida. El esclavo pierde el dolor de la vida.  La muerte significa la libertad para el esclavo. Por eso no le teme a la muerte. Por eso ganaremos”.

Fin de la sexta entrega.


Primera entrega: Stanley Kubrick, el hombre que caminó por el sendero de la Gloria

Segunda entrega: “Fear and Desire”, el pecado pretencioso de Kubrick

Tercera entrega: “Killer’s Kiss”, tan inconsistente como elogiable

Cuarta entrega: “The Killing” o cómo experimentar con la intriga”

Quinta entrega: “Paths of Glory”: El mensaje trascendental y eso de pillarle el truco a la voz y al estilo

9 comentarios en “Spartacus como currículum y demostración de poder

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