El experimento de la felicidad

*Marqués de Sade escribió en alguna parte que el verdadero llamado a la piedad era no creer que podíamos ser completamente felices, porque la plenitud total solo se puede alcanzar en la presencia de Dios, y que por extensión, parte de una vida piadosa aquí en lo terrenal es reconocer la imposibilidad de la plenitud. Es decir, en este mundo no hay que creerse que por fin todo problema acabó y que ahora podemos disfrutar de todo y de todos. Y curiosamente lo sostenía diciendo que si creíamos que eso era mentira que comprobáramos los momentos de felicidad prolongada: cuando parece que todo marcha demasiado perfecto, de repente se avecina la tragedia. ¿No es aterrador? Y hemos aprendido a vivir con eso.

Recuerdo una de las últimas escenas de Justine o los infortunios de la virtud (spoiler alert), cuando el Marqués nos torturó en el 90 % de la novela viendo sufrir a la protagonista, quien nunca se aparta de la virtud. Pero los problemas no duran para siempre y toda esa mala racha termina cuando por fin se reencuentra con Juliette, quien le da cobijo y protección. Pero Justine nunca recupera la tranquilidad y vive con una extraña angustia. Está traumada. A veces tiene pesadillas y recuerda todas las vejaciones a las que fue sometida. Juliette intenta consolarla, pero la fuerza del sino en Justine es demasiado poderosa. “Algo va a pasar, estoy segura que algo va a pasar”. Y una noche cuando comenzó a llover con una fuerza casi sobrenatural, Justine se apresuró a cerrar las ventanas y contra todo pronóstico un rayo le da de lleno fulminándola y matándola en un instante.

Juliette, quien había prosperado viviendo en el vicio, toma eso como un milagro y abandona su vida pecaminosa ingresando a un monasterio. No en balde el padre del sadismo quiere forzarnos a sus tesis personal: Justine tuvo que sufrir todas esas peripecias, para que Juliette aprendiera lecciones de humildad y así sentir el llamado de la piedad. Nadie en el mundo debe ser completamente feliz, porque existir duele y lo que menos pensamos puede ocurrir a la vuelta de esquina. ¿No es un poco aterrador? Siempre he tenido la impresión de que más de algún existencialista se sirvió o bebió de estas fuentes, para desarrollar los respectivos conceptos de angustia existencial. En lo personal, creo que es una tesis muy dura, muy dolorosa, aun cuando eso implique aludir a mucho de lo que la Biblia sostiene (y que si no ha leído todo el nuevo testamento entonces no entenderá a qué me refiero), acerca de los deberes cristianos. El evangelio moderno suele omitir esas partes, porque se ha puesto de moda que la prosperidad viene de Dios y que la calamidad del diablo. Pero la Biblia es clara al respecto cuando habla que un soldado sufre penalidades. Pero es mejor no hablar eso. No en este contexto. Quizá habrá otro momento para ampliar.

Es decir (continuando con el tema), creo que tenemos derecho a llevar nuestros deberes en la vida al menos con una felicidad mesurada, una donde reconozcamos la fragilidad de la existencia, pero que eso no nos impida el gozo de cada día. Es algo que podríamos denominar como una felicidad sin vanidad. No amargarnos por la certeza de la muerte, pero tampoco vivir como si esto nunca fuera a acabar. En algún punto debe de haber un equilibrio. Creo que eso se alcanza con los años y con la obtención de la sabiduría. Hay que iniciarse en muchos sentidos.

Esto me recuerda una de mis escenas favoritas en aquella extraordinaria película de Fellini, Otto e mezzo. Tras varias interrupciones, cuando Guido finalmente se le da la oportunidad de reunirse con el cardenal, solo tiene cinco minutos y es justo en el momento que el cardenal se está bañando. Guido tenía mucho por preguntar, pero ante tal oportunidad únicamente exclamó:

—Su Eminencia, yo no soy feliz.
—¿Por qué debería serlo? Esa no es su finalidad. ¿Quién le ha dicho que se viene al mundo para ser felices?

Luego le explica sobre la vida piadosa dentro de la iglesia y que fuera de la iglesia es imposible ser feliz. Y Guido, quien quizá esta respuesta terminó por erosionar la propia crisis en la que se encontraba, toma una resolución, un camino inesperado. Y si usted es católico, sabrá que un cardenal es un papa en potencia, por lo que Guido escuchó una respuesta que representa la ideología de la iglesia. ¿Qué puede hacer contra eso? Y para serle franco, y tengo que repetirlo, si usted lee la Biblia cuidadosamente, sabrá que el concepto de felicidad difiere al que realmente creemos en la actualidad. ¿Hay que actualizarla? Claro, siempre esto funciona a conveniencia. Pero mejor no sigo por esa ruta.

Existe un experimento social, el cual se conoce como experimento de la felicidad. ¿Quiere conocerlo? Usted debería de intentarlo. Eso sí, puede que tenga un costo alto. Usted decidirá si juega o no algo como eso.

Supongamos que usted llega un nuevo círculo social. Podría ser una iglesia, una secta, un club social o un grupo de voluntariado. Usted decida. Digamos que se presenta con todas sus convicciones y las pilas bien puestas. Oh, sí, para que esto funcione necesitará actuar y mucho. También necesitará tiempo y entrega. Usted lo comprobará. Así que decida unirse a algo fácil para que no le demande destruir su vida cotidiana y su zona de confort.

Hecho eso, desde el primer día debe demostrar optimismo. No sea efusivo a menos que le salga natural, ya que el fingimiento resulta evidente. Si es cariñoso séalo y de verdad. Dé sin medida, aunque no involucre sus sentimientos. Dar sin medida no necesariamente implica entregar lo material. Luego, cuando comiencen a darse las primeras oportunidades de socializar, muestre que es feliz. Siempre, no importa la circunstancia. Siéntase libre de exteriorizar auténtica felicidad, aun cuando tenga que contar sus problemas. Invente lo que sea, incluso algún consuelo radical del cual obtiene las fuerzas, pero no deje de mostrar felicidad. Sea como sea.

Lo primero que ocurrirá será que levantará sospechas. Nadie se traga que una persona siempre sea feliz o que todo lo vea con optimismo. Pero persista. El experimento le dará una lección. Al principio las personas estarán cerca de usted, porque no podrán creer que exista alguien tan feliz, alguien capaz de ver lo bueno en medio de la adversidad y que al mismo tiempo da sin medida. Preséntese como alguien pobre, porque en este punto aparecerán los primeros aprovechados. Usted lo sabrá, pero al ser disciplinado llevará el experimento a buen puerto. O quizá habrá desistido. No lo sé. Pero al cabo de un tiempo, comenzarán los primeros que manifiesten molestia, aunque no la exterioricen del todo y solo la exuden. Esas personas se están preguntando: “¿Por qué diablos es feliz? ¿Qué no ve que el mundo es una basura?”. Luego estarán los que hablan a sus espaldas y dirán que usted es falso. No faltará quien lo calumnie y que cuente que lo investigó y que usted es aquí y allá. En fin… en la etapa más crítica del experimento comenzarán a ignorarlo. Y aunque no lo crea, las personas comenzarán a alejarse de usted, a marginarlo, a tenerle una envidia sin medida, hasta que usted desista, se dé cuenta que se está haciendo daño y que el experimento ya alcanzó su punto máximo. Es hora de marcharse, porque el siguiente paso es que alguien de ese círculo social por fin se atreva a hacerle daño físico o emocional serio.

Tiene la opción de no creerme. Los experimentos sociales así son: nunca entregan variables más allá de toda duda razonable, ya que todo círculo social funciona en cuanto a contextos. Pero digamos que el experimento funciona y que resulta tal cual. La pregunta es: ¿qué pasa con las personas? ¿Por qué les afecta tanto la felicidad ajena?

Solo puedo decir algo al respecto. Es mi conclusión. En este mundo le pueden perdonar que usted sea un asesino serial y se arrepienta, aunque al final lo condenen a muerte. Pueden aceptar que lleva una vida asceta y mística, entregada a los designios espirituales. Le pueden perdonar que sea millonario y que al final de su vida muera como a todos nos toca. Pueden perdonale la pobreza, la fealdad, la gordura, la locura, la vanidad, el odio y el amor. Pueden perdonarle casi todo lo que acaece en este mundo. Pero en este mundo nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE le perdonará que sea feliz, porque en el fondo la gente considera que eso es imposible. ¿No me cree? Lo desafío a que haga el experimento. O también puede reflexionarlo. Puede sacar sus propias conclusiones. Olvido que con mi opinión puedo estar imponiendo y no se trata de eso.

El mundo es una cosa curiosa. En un momento nos amamos los unos a los otros, pero un minuto después, durante una discordia, hay quienes se matan entre sí. Si en un momento de plenitud rodean a un grupo de personas con soldados armados y les piden que elijan a uno para morir, no dude que de la nada aparecerán alianzas o lo que sea, y que se escogerá a una víctima. Pero el ejemplo es común y quizá demasiado extremo. Sé que comprende mi punto. Es por eso que la felicidad solo puede y debe ser interior. La felicidad moderna parte de cierto egoísmo individualista. Quizá por eso no puede ser perdonada. En el fondo, muy en el fondo, sabemos que en esta vida breve no podemos ser absolutamente felices, pero que sí podemos disfrutar de compañeros de viaje. Eso un rollo totalmente distinto y perfectamente válido. Es caótico, pero es lo que nos toca. Ni más faltaba.


*Publicada originalmente el 25 de agosto de 2016.

2 comentarios en “El experimento de la felicidad

  1. Hola Edwin, muy interesante tu reflexión. La verdad las últimas líneas sobre que se puede perdonar todo pero no el que se sea feliz son muy ciertas, me ha tocado presenciarlas como testigo y en alguna ocasión en carne propia. No porque pintara mi vida color de rosa ni hiciera ningún experimento social, sino porque a veces la dejaba traslucir por fuera de mí. La moderación ante todo sino se quiere ser despellejado, molesta y mucho que puedas sobreponerte a las circunstancias que te tocan vivir. Lo más raro, es que se ve esa molestia y envidia en gente que tiene alto poder adquisitivo y en términos generales “no le falta nada” Saludos 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Hola, Coremi! Siempre tienes las palabras justas. Lo he vivido también en carne propia, porque hubo un tiempo en mi vida en que pequé de ser excesivamente entusiasta. De la nada aparecen los detractores y todas esas cosas… en fin… es cierto, el perfil de esas personas suele andar por ahí. Una vez escuché sobre el experimento y comencé a poner atención al asunto. No sé qué tenemos los humanos, pero al parecer la felicidad ajena suele ser un punto flaco para la mayoría. En fin, que ya me extendí demasiado jajajajajaja. Un cordial saludo.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .