Eyes Wide Shut: La suspicacia, la ceguera espiritual y el principio de negación plausible

GÉNERO: Drama con tintes eróticos

SINOPSIS BÁSICA: Un médico de la clase media neoyorquina, casado con una curadora de arte, descubre una sociedad secreta que le causa curiosidad y fascinación. Su camino a partir de entonces será de una odisea que no había imaginado.

Muy en el fondo a todos nos preocupa el qué dirán, la validación básica de los otros. Cuando ya no nos importa es porque hemos sopesado la posibilidad de sobrevivirse a pesar de y la imposibilidad de tenerlo todo bajo control: el menor daño es el desenfado ante la realidad. Pero solo el rico tiene el poder para ejercer cierto control sobre eso (incluido el uso de la fuerza y la intriga, de ser necesario), por lo que el qué dirán sí es una de sus preocupaciones constantes.

Es necesario destacar eso, porque en Eyes Wide Shut la Gran Casa resuelve de tajo y a nivel colectivo toda posibilidad de paranoia: las máscaras permiten mantener el anonimato para dar rienda suelta a los instintos con olímpica tranquilidad, dejando de lado en ese performance del pacto colectivo las precauciones básicas que la vida en sociedad nos impone.

Es curioso cómo Kubrick nos quiere poner en perspectiva algo que siempre ignoramos: somos polígamos en la mente, mientras mantenemos la monogamia física. Después de la fiesta Bill y Alice tienen intimidad, pero se nos sugiere el implícito de satisfacerse mutuamente mientras piensan en las personas que conocieron, con quienes jamás se acostarían por la carga moral y social de no poner en peligro jamás su matrimonio. De hecho, esto puede probarse cuando ambos consumen marihuana, la inhibición desaparece y entonces pueden sincerarse sobre los deseos egoístas mutuos, saliendo más afectado Bill.

De hecho, la infidelidad mental de Alice es lo que termina por empujar a Bill a todas las peripecias que darán forma a la historia. Ante la imposibilidad de vengarse nos sobrevendrá la lección moral, pero en esta ocasión no será de mano directa del argumento, sino del carácter del personaje, quien se siente impotente e incapaz de afrontar el mar de fango en el que se siente hundido.

Todos somos infieles, pero la mente es una zona de confort: ahí no le hacemos daño a nadie, y no hay por qué confesar todo lo que pensamos.

Visto así, esta película es un examen oscuro sobre la sexualidad humana. El sexo es una categoría de poder que solo afrontamos parcialmente a lo largo de nuestras vidas. Merece su propio sesudo análisis sobre qué significa el precio de la cama en nuestras vidas.

Los implícitos se convierten en el lenguaje semiótico de nuestro día a día, lo cual provoca, entre otras cosas, que activemos las alertas de nuestras suspicacias e interpretaciones, filtrando la verdad del cuerpo físico a través de nuestros mecanismos culturales, negando lo que no entendemos y aceptando con resignación lo que apenas comprendemos. Preferimos así el confort del principio de negación plausible.

En cuanto a lo técnico, aunque hay comentarios de supuestas afirmaciones de Kubrick, quien habría dicho: “Esta es mi mejor película”, suena más coherente lo explicado por Frederick Raphael en Eyes Wide Open. A memoir of Stanley Kubrick and Eyes Wide Shut, donde acota que el controversial director estaba pasando por una etapa anímica que poco a poco lo estaba empujando a cierto nivel de conformismo (algo impensable a lo largo de su vida y por parte de todos sus allegados y conocidos). Solo bajo estas circunstancias es que él, en ese constante tira y encoge del trabajo en equipo, fue que debió acceder en muchas cosas que antes habría sido imposible.

Frase interesante: “Uno de los encantos del matrimonio es que hace del engaño una necesidad por ambas partes”.


Primera entrega: Stanley Kubrick, el hombre que caminó por el sendero de la Gloria

Segunda entrega: “Fear and Desire”, el pecado pretencioso de Kubrick

Tercera entrega: “Killer’s Kiss”, tan inconsistente como elogiable

Cuarta entrega: “The Killing” o cómo experimentar con la intriga

Quinta entrega: “Paths of Glory”: El mensaje trascendental y eso de pillarle el truco a la voz y al estilo

Sexta entrega: “Spartacus” como currículum y demostración de poder

Séptima entrega: “Lolita”, símbolo de la terrible encrucijada del pecado

Octava entrega: “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” y la inusual forma de hacer comedia

Novena entrega: “2001: A Space Odyssey” como búsqueda de la trascendencia del simbolismo

Décima entrega: “A Clockwork Orange” y la explicación del mundo

Decimoprimera entrega: “Barry Lyndon”, el mejor ejercicio de estilo de la historia

Decimosegunda entrega: “The Shining” y las sutilezas del destino

Decimotercera entrega: “Full Metal Jacket”: La tesis y el silencio

2 comentarios en “Eyes Wide Shut: La suspicacia, la ceguera espiritual y el principio de negación plausible

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