La sombra de una buena o mala complicidad – parte III

Hasta donde podemos discernir, el único propósito de ser humano es encender una luz en la oscuridad de la existencia.

Carl Gustav Jung

No tuve valor para tocar el timbre y durante un rato estuve dando vueltas por el barrio pensando en María, en Angélica, en Lupe y en la poesía. También, sin querer, me dio por pensar en mi tía, en mi tío, en lo que hasta ahora era mi vida. La vi placentera y vacía y supe que nunca más volvería a ser así. Me alegré profundamente de ello.

Roberto Bolaño

Todos sabemos —incluso aunque suene cliché— que no existe droga más potente que el amor. Es la clase de narcótico natural, generado por nuestra bioquímica, más terrible que existe, porque trae consigo todas las hormonas relacionadas con eso que llamamos felicidad. Su abstinencia no tiene punto de comparación. Alguien que no ha amado con locura jamás podría entender todo esto.

Es una droga tan maldita, que nos transforma para complacer a la otra persona. O al menos a mí, cuando me ha tocado, me ha transformado completamente. Y es un tema recurrente en este espacio, y esta es una de esas ocasiones en las que no puedo evitar volver a él. Sé que abordé este tema en las primeras dos partes de este post, pero consideré importante volver a recapitular y tratar de dar la vuelta de tuerca (aunque tal vez no tenga tanto éxito).

Y todo porque hace poco me enteré que un gran amigo se ha perdido y hundido en las drogas. Lo último que escuché es que por fin había conseguido un buen trabajo, y que todo indicaba que por fin iba a dejar de rebotar de sitio en sitio… pero me enteré que a la primera quincena, justo cuando le entregaron el cheque con medio sueldo, se fue a cambiarlo y se perdió otra vez. Lo más seguro es que se lo gastó todo, agregó una empresa más a su lista de trabajos abandonados y siguió de nuevo en su autodestrucción.

Pero ¿qué fue lo que pasó?

Hubo un tiempo en que él fue feliz. No abordaré innecesariamente su vida, aunque de todos modos estoy hablando de él sin comprometer su identidad. Su historia me ha resultado aleccionante y considero que podría servirle a alguien.

Él estuvo casado y tiene dos hijos. Tenía un buen trabajo y sé que amaba a su esposa, que vivían en una extraordinaria plenitud, sin demasiadas deudas y sin demasiados lujos: lo básico, lo que nos toca a todos para irla pasando, para sobrevivir. Pero todo eso, con una persona a quien amamos física y espiritualmente, viviendo bajo un mismo techo y ganando la felicidad de cada día, los hijos y el infinito etcétera… bueno, basta con decirle que cuando uno hablaba con él se evidenciaba su genuina felicidad. Es fácil saber cuando alguien finge, pero es increíble, totalmente increíble, cuando uno conoce a alguien que de verdad es feliz y siente que por fin lo alcanzó todo en la vida. El solo ser testigo es maravilloso y da envidia de la buena, sobre todo si uno nunca lo ha vivido.

Pero siempre ocurre algo y él no fue la excepción: por circunstancias de la violencia que se vive en el país perdió su trabajo. Pasó mucho tiempo en que no volvió a encontrar ninguno. No le salía nada de nada (ya he pasado por eso y es verdaderamente angustiante y horrible). En algún punto de todo comenzó a beber y rodearse de malas influencias. En algún punto conoció las drogas.

Lo que se viene es un obviedad: cayó en el vicio, comenzó a vender las cosas de su propia casa, su esposa lo echó a la calle, luego tuvo que ponerle una orden de restricción y él comenzó a rebotar y rebotar por la vida. Incluso lo hospedé en mi casa durante un año, hasta que él decidió marcharse. Muchos amigos intentamos ayudarlo, pero siempre volvía a reincidir. En algún momento se fue de la ciudad, y tengo entendido que ha vivido en diferentes partes del país y pasando por muchas experiencias. Nada funcionaba en él. Así ha pasado al menos cinco años.

En enero de este año, todos los amigos cercanos decidimos ponerle un límite, porque siempre nos buscaba para pedirnos dinero, o para tratar de sacarnos una ayuda, usando de alguna manera el cariño que todos le tenemos. Lo bloqueamos de todas las redes sociales y le hemos puesto un paro importante: o intenta arreglar su vida o mejor se olvida de todos nosotros, no porque no estimemos su amistad, sino porque no puede seguir viviendo a costillas de resto. Lo último que supe es lo que mencioné más arriba… así que de nuevo está perdido en las drogas.

Sé que pedirle la prueba de cambiar a la fuerza es solo la iniciación para obligarlo a reponerse. Pero eso quizá nunca ocurra.

Y saco su historia a colación, porque reconozco y veo mis errores e inmadureces. Es decir, si mañana mismo reapareciera la esposa de este amigo (la única mujer que él ha amado en toda su vida), si le ofreciera una vida con sus dos hijos, y al mismo tiempo alguien le consiguiera un trabajo de acuerdo con sus capacidades, sé que él JAMÁS volvería a tomar ni a buscar la autodestrucción. Lo que estoy diciendo es una soberana fantasía, además de que es una estupidez infantil, pero es que él NUNCA logró reponerse de todas sus pérdidas y tampoco hace el intento. Por eso sé que de algún modo lo hemos perdido.

Particularmente el caso de mi amigo es el peor que conozco en lo inmediato. Es el cuadro completo de un drogadicto que siguió buscando lo que jamás iba a encontrar. Quiere fantasiosamente alcanzar de nuevo una oportunidad de vida… el amor, pues… pero solo se ha dedicado a autodestruirse, porque hay algo en ello que nos consuela.

Toda su felicidad ahora perdida es solo el síntoma más grande del síndrome de abstinencia del amor. Y cuando no hay nada con lo que pueda recuperarse, las drogas, exponerse al peligro, mutilar el alma y la vida… creo que se entiende la idea y no hacen falta miles de palabras.

Es difícil de explicar, aunque lo comprendo perfectamente. Y creo que es difícil de explicar, porque en verdad no hay ninguna justificación ética y moral. Solo ocurre el efecto siguiente: cuando todo dentro de uno está destruido, solo se puede explosionar (hacer daño a los otros) o implosionar (hacerse daño a uno mismo). Tanto el caso de mi amigo como el mío son cuadros típicos de implosión.

Y pongo de ejemplo su historia, porque admito que si viviera en otra parte, y aunque no estuviera con mi hijo, si estuviera enamorado o saliendo con alguien, trataría por todos los medios ser una mejor persona, porque tomaría esa oportunidad de rehacer mi vida.

Pero al igual que ejemplo expuesto de mi amigo, lo mío es también una fantasía estúpida, un soberano acto de inmadurez. En la estoica manera de ver el mundo, uno solo debería de reponerse y ya. Es el síndrome de abstinencia jugándome la peor mala pasada de mi vida, aunque por el momento todo parece medianamente bajo control.

He pasado mucho tiempo meditándolo, casi que aplicándome el meme de “¿por qué eres así?”, pero es que a veces no puedo evitarlo. Incluso cuando he tratado de tener voluntad. Y no es que sea alcohólico. Cuando he pasado tiempo de calidad con mis amigos o con diferentes personas que estimo, ni por cerca busco la bebida. Pero ante la certeza de que vuelvo a mi realidad, mi primer deseo suele ser huir. Y si no fuera por la escritura, quizá hace tiempo todo se me hubiera salido de control. Al menos tengo esta logoterapia.

Me pasa que sigo necesitando la bebida de vez en cuando. No podría asegurarlo, pero mi búsqueda de la embriaguez la comparo con la búsqueda de la autodestrucción, como en el caso de mi amigo. También he tenido curiosidad intelectual por la comprensión del eleutherios, pero eso no puede ser una excusa para seguir incurriendo en el error. La única diferencia entre mi amigo y yo es que mi autodestrucción se encuentra en una escala menor y controlada, según voy comparando.

No tener a mi hijo a mi lado jamás me ha permitido reponerme, pero he sabido llevar el diablo dentro de mí, aunque admito que un par de veces se me ha salido de control, como cuando en algunas temporadas salía a beber todos los días. Pero al menos he tenido un poco más de consciencia y no he perdido del todo el control. Pero jamás hay que confiarse.

Perdí la oportunidad de ver crecer a mi lado a mi hijo. Algo dentro de mí quedó amputado de por vida. Pero si conociera a una nueva persona, tomaría la opción de tratar de ser feliz. Es lo que queda. O es la ilusión que me produce el síndrome de abstinencia, no sé…

Estoy perfectamente consciente de que jamás reemplazaré el amor de mi hijo. Con nadie ni con nada. Así como también estoy consciente de que jamás podría amar igual a la nueva persona que aparezca en mi vida, porque el amor que brindamos a cada ser humano es diferente: ni mejor ni peor, solo distinto. Y cuando la vida nos da oportunidades es lo que nos queda.

Hay que amar con locura porque la vida es breve, y si no lo hacemos cuando tenemos la oportunidad, no lo haremos nunca. Así que, como cualquier otro ser humano, extraño besar a alguien, vivir, salir, bailar, comer con una compañía especial… hacer el amor con ganas y poder decir te amo, porque me nace del corazón. Y quizá escribirlo es exponerse demasiado, como si estuviera autorridiculizándome, pero necesito hacerlo, porque no quiero terminar como mi amigo y creo que ver todo lo que ha pasado me ha abierto un poco los ojos. Nunca rehíce mi vida y me he quedado solo durante cuatro años, pero ya es hora de pasar página.

No quiere decir que me uniré con la primera persona que encuentre, pero quizá es el momento de abrir las puertas de mi vida, de no perder la perspectiva de las cosas, encerrándome innecesariamente en una cáscara de nuez.

El síndrome de abstinencia de mi amigo lo llevó a los peores niveles de autodestrucción. Quizá se acostumbró a su estilo de vida, quizá considera que necesita hacer todo lo que hace, como si se tratara de una pérfida forma de expiación. No pudo comprender que la vida no funciona así. Pero la bioquímica nos engaña todo el tiempo.

Y llega un momento en que tenemos que intentar con todas nuestras fuerzas sujetar un poco los sentimientos a la razón. Solo queda levantarse y seguir, aunque suene a estúpido cliché. Es lo que queda. Es lo que hay. Y no importa si eso parece o no tener sentido, porque el mundo es todo lo que acaece y no dejará de ser.

 

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