Con el amor como fantasma… y lo demás es silencio

Cuando terminamos con alguien o cuando alguien nos dejar ir… o bien, cuando hemos recibido un rechazo, nos lo tomamos de distintas maneras. Admiro a quienes se lo pueden tomar a bien o quienes tienen la autoestima suficiente e impecable como para racionalizar el asunto: “Esa persona no me merece”, o cualquier frase equivalente que se pueda afirmar. La frase es 100% válida, ya que en el rigor más absoluto no merecemos ni desmerecemos del todo a nadie. A un ser humano, ya sea en su mejor estado o incluso en su forma más abyecta, execrable o ignominiosa, jamás llegamos a conocerlo del todo.

Y para vergüenza mía, en este espacio he contado demasiados fracasos personales. Jamás de forma directa, claro está, no porque tenga un pudor excesivo, sino porque considero que la discreción debe ser un valor fundamental en cualquier persona. Así que siempre cuento las cosas sin mencionar actores, circunstancias o lugares concretos. Pero… jamás he hablado del amor. Al menos no como protagonista de una historia. O bueno… sí y no.

En cierto modo nunca lo había hecho, porque tiendo a ser muy apasionado en casi todo lo que escribo y hago. Si se trata del amor, debo confesar, con toda seguridad perderé la de por sí escasa objetividad y perspectiva. Pero después de reflexionarlo, me decidí a hacerlo por dos razones (o quizá tres o más, quién sabe): esto puede ser un buen ejercicio de estilo personal, sobre todo como algo que el lector no notará si logro hacerlo bien, ya que la idea es que pueda mantener a raya todas mis tonterías, pucheros e inmadureces; aunque tengo amigos que pueden escucharme, usar este espacio es una forma de exhibicionismo terapéutico para eliminar ese asunto de mi cabeza; he escrito al menos 25 post donde doy opiniones razonadas sobre el amor, pero nunca me he involucrado de forma directa; me molesta para conmigo y me parece ególatra mencionarme, pero la verdad es que no hay nada de malo en ello, por lo que solo incurriría en la megalomaniaca contradicción y doble moral, y un largo etc.

Hay personas que sienten que su historia de amor es interesante. Yo pertenezco al otro grupo: los que saben que sus historias son tóxicas y aburridas, y que es preferible contarlas a un desconocido en la barra del bar, de preferencia cuando ya ha llegado la embriaguez, para que al día siguiente esté olvidado lo contado.

En fin… el alargamiento y los excesivos preámbulos solo prueban que no me equivoqué al elegir el tema de este día: me cuesta mucho, mucho… pero estoy trabajando en un escrito personal e importante, y necesito sacarme todo lo que estorbe en mi cabeza.

* * *

No tuve muchas relaciones en mi vida. De hecho, solo podría contar tres, y de esas solo una realmente formal. Fui el clásico friki, hundido en su pequeño mundo circundante. Pero no todo es cliché: temprano descubrí que soy dueño de una timidez que intenté sobrellevar sin mucho éxito. Como si fuera un personaje sacado de una película de Adam Sandler o Ben Stiller, se me da mejor la comunicación indirecta que abordar con valentía una buena confesión… ¡oh!, bochornos de la juventud…

Cuando descubrí que una niña me gustaba (aquella sensación en las tripas, inexplicable, parecida al miedo, pero más gratificante), de inmediato le huí como quien escapa del peligro. Jamás pude hablarle, ni siquiera con un “¡hola!”. Incluso terminé la escuela y me llevé ese pequeño secreto.

Luego vienen la adolescencia y las primeras confesiones… y los primeros rechazos también. Así, de repente estaba en la universidad. Había crecido con la idea trágica de no encontrar a nadie. Pero a todos nos llega la hora, incluso cuando creemos que es imposible. Me enamoré con pasión, con una locura que desconocía que podía emanar de mi interior. Amé sin freno a trescientos kilómetros por hora, sin importar las curvas donde podría estrellarme.

Si esa primera historia terminó bien o mal, ahora me resulta irrelevante. Pesa demasiado la capacidad de entrega que descubrí. Y también lo mucho que puede cambiarme el amor en sí. Nunca en mi vida (como en aquel entonces) había leído tanto, escrito y estudiado tanto. Sin saberlo, ese amor me había llevado a un punto de equilibrio que se contradecía con todo lo que me habían contado sobre enamorarse sin reservas.

Las historias de amigos y viejos de aquel entonces me hacían ver (casi que me querían obligar a aceptar su visión de mundo) que quien se enamora demasiado descuida otros aspectos de su vida. No sé cómo será la experiencia suya, estimado lector, pero en mi caso solo quería vivir con intensidad, como si estuviera en un estado permanente (y quizá asqueante, en muchos sentidos) de positividad. Ella me hizo mejor persona. Eso es todo. Es la manera prosaica y simple de afirmarlo.

Cuando esa relación terminó entonces sí me desequilibré, y por un buen tiempo. Pero había adquirido demasiados hábitos positivos en mi vida. Así que no descuidé lo más esencial de ese momento, que eran mis estudios. Lo que lamento de aquel tiempo es haber destruido tantas cartas, poemas y escritos personales. Pero esa purga fue decisiva en su momento, para sanarme. No pudo ser de otra manera.

Descubrí también que daba demasiado de mí. No, no pretendo engañarle afirmando que soy demasiado bueno o demasiado malo. Lo que sí puedo comentarle es que la intensidad ahoga a las personas. Y yo tuve tendencia a exagerar. Me volví un adicto al amor. Pero de eso ya hablé demasiado en un fárrago de cinco entregas.

Con la siguiente chica que apareció en mi camino descubrí con prontitud que no hablábamos el mismo lenguaje. Cometí el error de alargar innecesariamente nuestra relación, porque albergaba la esperanza de un futuro entendimiento. Pero me equivoqué: no hay que buscar donde no vamos a encontrar. Con ella descubrí que no a todos les gusta ni la poesía ni las cartas. O al menos no las patéticas que escribía (aquí es donde debo poner el “jajajaja” para matizar que no lo recuerdo mal todo aquello).

Entonces conocí a la madre de mi hijo. La única relación seria en mi vida, la única persona a quien presenté como novia y luego terminamos viviendo juntos durante seis años. Fue una relación hermosa, incluso con todas las dificultades que nos tocaron vivir. Al menos mantenemos comunicación y al menos ella tiene la cortesía de tenerme comunicado con mi hijo, quien apenas tiene 9 años.

Ella lo sabe y yo lo sé, y creo que llegará el momento en que mi hijo tenga que saberlo: tampoco hablamos jamás el mismo lenguaje. Alargamos innecesariamente nuestra relación y pudimos evitarnos reveses, discusiones tontas. Pero pesan muchísimo las cosas buenas. De hecho, ahora podemos reírnos recordando cada cosa por la que pasamos.

Pero eso no resta que cuando se fue tardé demasiado en reponerme. Casi que tiro todo por la borda. No por ella, sino por mi hijo. Separarme de él me lanzó a la autodestrucción. Pero paso balanza, toco madera y ahora eso ya pasó. Entonces vuelvo al presente y me preguntó por qué no puedo funcionar como una persona normal.

Haré lo posible por matizar, tratando de no sonar como un cretino.

De las tres mencionadas, ninguna se parece entre sí. Por extraño que parezca, de alguna manera terminaba enamorándome de una persona totalmente diferente. No hay patrones, ni siquiera de belleza física, estilo de vida ni nada. Así como me gusta toda clase de literatura, música, películas y etc., me gustan toda clase de personas.

Pero las tres tuvieron algo en común y fue el repelús a mi intensidad. Eso y la constante afirmación de no “entenderme” o no “comprenderme”. No, no soy tan raro y no soy especial en nada. Creo que la afirmación aparecía por esa mi extraña capacidad de adaptarme, y al mismo tiempo una forma peculiar de intransigencia.

La intransigencia es un pecado grave. Una enseñanza que aprendí a golpes y martillazos en el cerebro es que es preferible llevar la fiesta en paz que tener la razón. Aunque (y sí, es necesario decirlo) soy de los que arruinan un platillo de comida probando nuevos ingredientes, de los que viven el prueba y error por deporte y resolver miles de variables, hasta alcanzar la respuesta correcta. Soy de quienes emborronan la página hasta casi transparentarla de tanto corregir. Leí las 800 páginas de la Ortografía y las casi 5000 páginas de la Gramática, solo para saber las reglas básicas de la escritura. Así que mi intransigencia no partía del simple orgullo o las ganas de pelear. Pero eso ya no importa. Siempre sonará a excusa.

Esa intransigencia suena contradictoria con mi adaptabilidad. Para mí es simple, porque soy yo. Pero para el resto es algo problemático. En la cama o en el suelo. Con hambre o con buena comida. En condiciones deplorables o en mejores circunstancias. Jamás me quejé por esas cosas. Para mí la buena compañía cubre las demás faltas.

Y creo que esa filosofía de vida me atrajo demasiados problemas. No se puede ni se debe decir sí a todo, incluso si uno más o menos se siente bien con todo. Se deben tener parámetros, mostrar desagrados de vez en cuando, porque a la mayoría de personas así les agrada funcionar, para no sentirse perdidas.

Lo que la gente no comprende, por lo general le teme. Y ser de una exagerada devoción  y dedicación no ayuda en nada. Lo usual es que eso se asocie con baja autoestima, o que en el mejor de los casos se entre a una insana competencia de quién da más. Ahora sé eso, claro está. Hace años ni siquiera estaba consciente de ello.

En esas pocas oportunidades en mi vida, cuando amé me entregué con esa exagerada versión dieciochesca y decimonónica. Me siento ridículo al solo pensarlo. Con toda mi energía, dedicación, con una disciplina de artista marcial, lo daba todo, sin darme cuenta que a nadie le interesaba eso. Por eso lo veo como una adicción. Y es tan difícil renunciar a ello…

Se lo pondré así, estimado lector, para que se haga la idea de las razones válidas que provocan rechazo y con las que cualquier persona debería de tener cuidado, para no cometer los mismos errores.

No soy celoso: ¡grave error! Se debe ser celoso, al menos un poquito. Si uno no cela, piensan que uno no ama.

No se puede ser ni demasiado cariñoso y mieloso, ni demasiado frío. Y si uno se muestra demasiado enamorado creen que uno está obsesionado y que uno saldrá herido. Y lo peor de todo, más de alguna persona podría sentirse culpable por no amar en la misma medida. Así que, total, que alguien encuentre el medidor correcto, porque jamás supe cómo hacer que la persona dejara de dudar tanto. Pero en este caso me echo la culpa. Los tres fallos son el indicador de que soy malísimo leyendo personas.

Como me gusta de todo, lo usual es que piensan que miento, que intento ser complaciente al compartir gustos por la comida, los libros, las películas, etc. Si me piden que no dedique demasiado tiempo, callo y espero. Si me piden demasiado tiempo, jamás digo que no. Y esa doble posibilidad resulta chocante. Lo sé por experiencia. En todo lo mencionado tengo una filosofía de vida y no actúo de forma arbitraria, a lo loco. Pero de nada ha servido dialogarlo.

Me da igual vestir bien o mal: ¡grave error! En mi experiencia, parece que importa que al menos uno tenga un poco de vanidad. De hecho, asocian la vanidad con el aseo y el amor propio (cosa que no comprendo, porque alguien puede verse bien en público y ser sucio en lo privado; o verse bien y estar destruido por dentro), por lo que a la fuerza uno debe renunciar a la afición de comprar cosas durables o de segunda mano.

En fin… esto comienza a salirse de control y creo que ya me desahogué lo suficiente.

* * *

Hay una amiga psicóloga a quien nunca le di las gracias, cuando me escuchó más o menos todas estas tonterías que ahora están aquí escritas. Solo que me tuvo más paciencia, porque conoció la versión full y aburrida (¡más, todavía!) de este asunto.

Y digo que nunca le di las gracias, porque hace tres años todavía estaba en mi etapa más tóxica, cuando había llegado a la conclusión de que toda la vida era una mierda (perdone mi mal francés) y que sin mi hijo nada valía la pena. Me encerré en una cajita y alejé de mi vida a muchas personas. Este año pasé por una transición similar, aunque menos trágica, porque he hecho muchos cambios en mi vida, y el síndrome de abstinencia por mi adicción al amor me ha hecho sentir muy acentuada la soledad.

Han sido meses muy duros, pero creo que dentro de mí ya pasó lo peor. Me gusta lo que veo ahora. Aunque presiento que esto es como cuando uno aguanta hambre. Duelen las tripas por mucho tiempo, pero llega un momento cuando el cuerpo elimina el dolor, como si olvidara la carencia por un rato. Y varias horas después el dolor vuelve, como una alarma y recordatorio. Presiento que esta crisis volverá de nuevo, en su momento. Pero por ahora el hambre ya pasó.

Nuestro mundo contemporáneo nos clava en el alma la idea de felicidad. Da para otro tema y miles de reflexiones, la verdad o falsedad de tan sospechosa palabra.

Me pregunté durante mucho tiempo por qué no se me permitía la oportunidad de amar sin reservas o por qué las personas huyen de mi intensidad. Y por qué también la felicidad me había sido negada durante toda la vida (sí, fui así de melodramático y trágico). Estaba viendo el lado equivocado de las cosas. Sin importar la energía y dedicación, todo tiene un equilibrio. Ese ir hacia la desmesura pertenece a otro siglo, y con toda probabilidad sea solo una simple recreación, alejada de la realidad. La verdad es que está bien sentir, porque eso es inevitable, y está bien demostrar, porque eso es necesario. Pero la intensidad se debe ver en la mirada y nuestras acciones deben ser equilibradas, aunque escribirlo así de simple suene tan ambiguo.


Post scriptum: Releo todo y no dejo de sentir que suena a autojustificación. Pero nada más lejos de la realidad. En realidad, si me lee bien, le ofrecí en este fárrago cómo soy y cómo esto me dio siempre problemas. Así nada más. Y creo que los seguirá dando.  Es casi un pseudotestimonio personal sobre por qué hasta este tiempo mejor me quedé solo (sí, lo sé, es una historia inútil… pero a lo mejor le sirve a otro solitario que esté pasando por lo mismo).

Vivimos en tiempos en los que la gente teme llegar hasta el final, y eso es comprensible. Quien menos siente se percibe más racional y se le considera (creo que muy erróneamente) que todo lo puede manejar. Interesante el mundo que me tocó. Ni modo.

Pude haber ampliado en otras cosas, pero cada quién funciona distinto. En mi caso, de por sí, uno de mis primeros filtros pasan por una personal filosofía de vida. Pero sobre eso ya he escrito en otra ocasión.

2 comentarios en “Con el amor como fantasma… y lo demás es silencio

  1. Esperaré por tu reflexión sobre la felicidad, que de seguro será interesante y porque dejaste caer sobre ella la frase “la verdad o falsedad de tan sospechosa palabra” ya es un aliciente.
    No quiero sonar irrespetuosa, tu historia amorosa es muy muy personal y ni yo ni nadie somos quienes para juzgarte. Pero al leerte no pude evitar relacionar tu historia con esta canción (quizá ya la escuchaste) y pensé que nadie está solo en sus penas y alegrías. Que siempre hay una canción: https://www.youtube.com/watch?v=_uq651zoYF4
    Saludos 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Es una canción hermosa. La había escuchado, pero jamás se me había ocurrido buscar la letra.

      Al escribir de esos asuntos en este espacio sé que me expongo y que metafóricamente decido desnudarme. Y por alguna extraña razón después de hacerlo me siento bien. Incluso asumiendo que podría ser bochornoso. Así que no hay problema. De hecho, gracias por leer y gracias por opinar.

      He pensado desde hace tiempo escribir sobre lo que creo de la felicidad. Me ha sido un tema esquivo, porque siento que soy muy radical con algunas de mis ideas. Y creo que necesito un poco más de perspectiva. Pero es un tema maravilloso. Gracias por la sugerencia.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .