Chillout minimal e instrumental para reducir la espera

He pasado por días de sequedad. Estoy en una circunstancia en la que no se me ocurre absolutamente nada para escribir. Ya ni sé si a esto le puedo llamar bloqueo o es otra extraña forma de estrés. Si usted me está acompañando en esta ocasión, déjeme comentarle que este post nació a raíz del más simple de los ocios. Y solo eso podré ofrecer.

Cuando no puedo leer ni escribir trato de encontrar una actividad alternativa. No siempre funciona. Tengo una masa un poco grande de pura plastilina, con la cual me pongo a armar figuras perecederas. Cuando ya me duelen las manos de tanto moldear, de repente se me ocurre ponerme a dibujar: habilidad para la que fui negado, por supuesto, pero en el ámbito privado nadie puede decirnos nada. A veces también me pongo a realizar otro tipo de manualidades, de preferencia encuadernar, pero no siempre cuento con los materiales… ni modo…

Pero en última instancia, ante la imposibilidad de concentrarme en cualquier otra cosa y antes de que me gane la frustración, me pongo a escuchar música. Si me hace pensar, perfecto; pero si solo me lleva al vacío, a veces también me hace sentir bien. Esta es una de esas ocasiones.

Traigo para usted una lista de lo que considero buen chillout minimal. No sé si son las mejores, pero ya sabe lo que dicen: para los gustos…

Empezar una lista con Massive Attack puede ser un gran equívoco, pero ellos para mí son como ejercitar la mente para tratar de abrir las puertas de la imaginación. Weather Storm me permite pensar sin pesar, antes de obligar a mi cerebro a caer en estado de limbo.

Give it Away, de Zero 7 (que no evito asociar con All I Need, de Air), me obliga a pensarme sentado en un atardecer de playa, como bien oportunamente nos muestra este video. Es como tratar de encontrar un momento para relajarme. De seguro es otro equívoco al no ser del todo minimal, pero sin lugar a dudas trae miel a mi corazón.

Y ya que en mi mente llegué a sentarme en la playa, le daré la oportunidad a mi imaginación de zambullirme en el mar, explorar el fondo celeste como si pudiera vivir como un ser marino más. La versión instrumental de Slip Into Something More Comfortable, de Kinobe, siento que cumple con ese noble propósito. Aunque muchos me han dicho que les recuerda la música de ascensor o de espera en un banco, para mí es adentrarme en las profundidades más bondadosas del océano. 

Cuando por fin estoy listo para salir de las profundidades del océano, entonces salgo disparado a la superficie de cualquier ciudad. Volver a estar en medio de la gente es necesario para recordarme que no puedo negarme a formar parte de todo: ni muy único y detergente, y ni tan solitario tampoco. Estoy allí, caminando por la acera con todo el mundo, aunque la mayoría de las veces nos volvemos inconscientes de la existencia de los unos con los otros. Nada mejor que Hash Driven, de Timo Maas, para hacerme el recordatorio más fácil.

Caminaré todo el día entre tanta acera de la ciudad, hasta esperar que las farolas comiencen a iluminar la noche. Entonces podré ver el trajín y los afanes que todos tenemos a la hora de ir a encerrarnos. En algunas zonas comenzarán a surgir todas las criaturas nocturnas. Para vivir eso con mejor intensidad necesitaré de la canción Yachts, de A Man Called Adam. Eso sí, debo confesar que siempre que la termino de escuchar, en mi imaginación me imagino entrando a un barrio latino situado en algún país extranjero.

Pero la noche es caótica y es necesario observarlo todo con distancia. Para aumentar los niveles de frialdad necesaria, para ser reflexivo y emocional a la vez, nada mejor que el Clásico de Rob Dougan, Clubbed to Death: filosófica y épica; tierna y citadina; dueña de una melancólica contundencia.

Pero en la ciudad también hay algo de hermoso, aunque en principio la urbe riñe con la naturaleza salvaje. De todos modos no puedo evitar mi destino de peón de ciudad. Para atraer la calma a esa fusión de sentimientos caóticos me sirve mucho la tranquilidad que me ofrece Alone in Kyoto, de Air.

Y bueno… vuelvo a mi realidad, a mi asiento improvisado donde estoy tecleando. Al oír a Air pierdo un poco del encanto de mi imaginación prosaica y voladora, porque es un imperativo poner otra de ellos de corrido, por puro placer musical. Ni siquiera tengo palabras para definir lo que significa para mí La Femme d’Argent, la cual considero una de las grandes obras maestras de este dúo francés.

Pero si me dejo llevar por mis sentimentalismos perderé el objetivo mandálico de arrancarme con obligación este maldito bloqueo que me acecha. Polite Society, de Si-cut.db, creo que es lo suficiente minimal para forzarme a ver de nuevo las cosas en perspectiva, para hacer volver la imagen iniciática que necesito para encontrar mis respuestas.

Ahora me siento más cotidiano. ¿Qué debería hacer? Creo que ponerme a ordenar mi cuarto, cambiar algunas cosas de lugar y ver si completo otras tareas simples que son imposibles de evadir. Doop, de Manhead, creo que queda bien para esta circunstancia.

No sé si las energías están volviendo, pero al menos me estoy dando la oportunidad de teclear cualquier cosa y sin miedo. Latin Player, de Dr. Rubberfunk, me hace pensar que son las cuatro de la tarde y que ya basta de tanta conmiseración. Aún no sé qué debería de escribir o si tengo algo que decir, pero al menos del ripio algo podré rescatar.

Comienza a surgir de nuevo la desesperación. Las palabras acuden, pero solo estoy dando vueltas en torno a ideas simples. La ballade du Georges, de Sébastien Tellier, me impulsa a creer que siempre se comienza por algo y que no necesariamente debe ser sublime. ¿Y qué si no sale nada bueno de todo lo que tenga que decir? ¿No es este espacio precisamente un lugar anónimo donde alguien visita de repente para poder curiosear sobre cualquier cosa? Sigo siendo un incorregible, pero debo darme la oportunidad de ser un hedonista con esta canción que se me antoja color rosa.

Bueno, bueno… quizá debo ser severo y suave a la vez. No soy un ser frágil ni tampoco una roca endurecida. Mi alma es esa misma plastilina que me pongo a moldear, tratando de buscar con ella una figura de la que no tengo ni idea. Bajo esas mismas malformaciones debe haber algo con coherencia. Falcon Jab, de Ratatat, tiene la psicodelia suficiente que necesito para abrir las puertas de la percepción como mal melómano que creo ser.

Bueno, si no funciona la introspección hay que ir poco a poco hacia la imagen interna que tenga de mí, para verme al espejo aunque no tenga ninguno a mi alcance. En la canción HyperParadise, de Hermitude, me imagino procrastinando como ahora, pero con una sonrisa agradecida de mi yo a mi otro yo, porque al menos de vez en cuando me doy pequeños descansos para mis perpetuas obsesiones. Literatura, libros, escritura… ¡bah!… ars longa, vita brevis.

Y bueno… ya es hora de romper la regla. Esta no es minimal (quizá el 90% de esta lista no lo sean propiamente) y no sé si es chillout, pero tiene algo que me hace poner los pies en la tierra. Mylo encontró con esta peculiar pieza musical, Sunworshipper, el mal del esplín urbano que nuestra generación nacida fallida y agotada utiliza como escudo y puchero, y además en medio de su amargura nos muestra que desde nuestra condición lumpen podemos tomar la bicicleta y correr todo el camino que sea necesario hasta encontrar nuestro lugar. O al menos podemos soñar con eso, ¿por qué no?

La verdad es que no sé qué todo lo anterior… o bueno, sí lo sé… yo tiendo a escuchar listas de canciones en orden específico, puntual, para encontrar cosas concretas de mi mente.

Hoy no tenía nada para escribir y fue lo único que se me ocurrió hacer para tratar de desbloquearme. Gracias por pasar.

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