Lecciones de 2018

Este fue un año que comenzó mal y terminó mal para mí (lo que me resultó inesperado y sorprendente). Viví también abundancia de sucesos desagradables, que me llevaron a picos de estrés que deterioraron grandemente mi salud. Por todo eso debería de decir que 2018 fue un año malo, al menos para mí. Pero en realidad no lo fue: es un año del que extraje una gran cantidad de lecciones, algunas que ni siquiera podré compartir en este post, por tratarse de asuntos demasiado personales.

Descubrí que sigo emocionándome por cosas como si fuera un niño, y que por eso mismo también sigo cayendo en cosas sin importancia como un idiota supino. Descubrí que todavía existen cosas que parecen pequeñas, pero que pueden afectarme. Mejoré en paciencia, pero una vez más volví a caer en mi propio limbo de ser alguien que toma grandes resoluciones o sigue en lo mismo. Y también descubrí que incluso con mis mejores intenciones y acciones puedo cometer errores.

10- Ya sabemos que no hay que sacar conclusiones precipitadas. Lo que olvidamos es que también incurrimos en ese error cuando medimos el tiempo antes de que ocurran los hechos, con base en nuestras mediciones personales. Eso sí: aprender a dilucidar cuándo se está siendo prejuicioso y cuándo no es un secreto del universo por el que con gusto pagaría.

9- Qué horrible es renunciar a la amistad de alguien. Pero ¿y si eso beneficiará a la persona a quien estoy renunciando?

8- Mi persistencia en seguir leyendo y escribiendo es una desfachatez que raya en lo ridículo. Pero la curiosidad es una adicción.

7- Ahora estoy más consciente de que solo pueden herirme las personas que me importan y las que me causan indignación, porque estas últimas no aprenden a respetar los límites que uno quiere prefijar a toda costa.

6- Cuando uno pasa años caminando en el desierto, corre muchos riesgos. Entre esos está ver espejismos en el día y fantasmas en la noche. O también que la soledad prolongada distorsione la percepción de la realidad. En ese caso, la culpa es de quien está solo y no de los agentes externos que intervengan. Es uno quien se crea el desierto de lo real, en el decir de Žižek. Algo similar ocurre cuando tenemos hambre. Si tenemos dos o tres días de no comer, de repente ver una papa sancochada es el manjar más delicioso que uno pueda probar. Por eso es triste encontrarse con falsas últimas Coca-Colas en el desierto.

5- Después de todos estos años de conciencia, autoconciencia, vivencias, experiencias ganadas y todo lo demás, jamás creí que podría seguir sintiéndome defraudado hasta el punto de arrastre. Creí como un idiota que había un límite para eso. Nunca se es lo suficientemente fuerte, supongo.

4- Sin quererlo y sin esperarlo por fin pude verlo en todas las esferas. Lo he visto en ricos, pobres, gente preparada, gente con limitaciones, y podría ampliar la lista: somos lo mismo, con la misma infelicidad, inconformismos y estupideces. Pero se siente el peso, cierto nivel de indignación, cuando uno ve a alguien que tuvo más ventajas en la vida y aun así decidió ser negligente. Creí que jamás llegaría a sentir eso. Se siente lástima por el otro y desolación hacia uno, por la relativa suerte que a uno le tocó. Claro, lo sé: es un asunto estúpido e infantil que uno debe tratar de superar, porque al final de la vida todo eso es vanidad y carece de importancia.

3- El silencio es una peculiar forma de perder el rumbo.

2- Sin importar lo que haga o lo que diga, ni con todas las buenas intenciones del mundo ni con dar pruebas ni muestras serias de todo lo bueno imaginable que pudiera favorecerle… si alguien ha decidido algo sobre usted, ni con el mejor esfuerzo le hará cambiar de parecer. Sea como sea, solo necesitará de la más mínima excusa y se aferrará a ella para legitimar y justificar su punto de vista. Si suena como una lección confusa, se lo explicaré con un ejemplo: imagine que lo despiden de su trabajo, en el cual fue profesional, hizo lo que le correspondía e incluso más de lo que le tocaba, con una labor que fue impecable y buscando la excelencia. Pero que incluso así, a la menor oportunidad y sin tomar en cuenta todos los logros y aportes, lo despidan bajo la excusa más inmediata. Que el resultado provenga de un par de conspiradores o conspiradoras, ya le da salsa para una buena historia.

1- Mejor cabeza de ratón que cola de león.

* * *

En el camino de la vida que me tocó al parecer siempre hay grandes cambios y movimientos. En algún momento, cuando era adolescente y me permitía fantasear, soñaba con vivir en una casa pequeña, quizá tener una familia así, con todo lo cliché, y un pequeño estudio con mis libros. Igual, tener trabajo formal o independiente… pero estable. Jamás creí que la vida que me tocaría lo más estable sería nada más el suelo donde caer.

Creo que tampoco me imaginé toparme con gente tan malintencionada. La he conocido a lo largo de mi vida (y aunque no lo crea, estimado lector, he conocido gente que me odia de verdad y que se preocupa porque en verdad algún día me pudra y me vaya mal… pero no se crea, no soy nadie en especial. Lo que ocurre es que culturalmente en mi país la gente rencorosa suele serlo con todo el peso de la voluntad) y he visto a mucha actuar de mala fe. Pero no imaginé que en mi camino me encontraría con gente que lo haría sin motivo, solo porque sí. No puedo evitar el deseo tentador de no volver a confiar en nadie.

Pero creo que por el momento solo completaré algunas de mis metas personales. Y eso me lo tomaré como una gesta personal. Mi frase de toda la vida, repetida hasta el hartazgo: es lo que queda, es lo que hay.

Hay mucha gente a quien hubiera querido abrazar y besar. Creo que me estoy acordando de eso, por mi actual vida de ermitaño. En fin… iré a tomarme un chocolate. Hay mucho por hacer y este año apenas acaba de comenzar.

2 comentarios en “Lecciones de 2018

  1. Que tengas un bue 2019, sin hacerme eco de tus circunstancias, ni es una burla quiero decir lo siguiente: ¡Rápido Edwin escribí un libro sobre la situación del punto 2! Saludos y de verdad espero que tengas un año mejor 🙂

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