Nada

Un día se levanta y no tiene nada que decir. Abre un libro, lee y nota que no asimiló nada, que tiene que retroceder la página, a veces hasta la misma oración, en el mismo párrafo. Y nada. Intenta escribir y lo mismo: salen palabras ripiosas, que no llevan a ninguna parte.

Pone un poco de música, pero esta no le estimula en nada. Busca algo en la televisión, solo para recordar las razones por las que hace años dejó de verla. Para no dar por agotadas las posibilidades, busca primero algo en cable, luego en Netflix, al final en Youtube y en la red en general. Nada: es solo un día vacío, sin sentido, que parece haberlo paralizado ahí donde está. Solo la triste condición de existir.

Realiza todas las tareas del hogar que se le ocurran, incluido en última instancia cocinar mucha comida, aunque en realidad sea solo para usted y que al final quizá se desperdicie. Quién sabe y quizá hasta se ponga a realizar una tarea meticulosa, alguna manualidad compleja, solo para matar el tiempo, para tratar de averiguar qué es lo que pasa en su cabeza.

Se baña con parsimonia, se viste, se prepara para salir. ¿A quién visitar? Es horrible no tener ganas de hablar con nadie y sin embargo tratar de huirle a la soledad, solo para no estar con uno mismo. Viene y toma una libreta, un lapicero pequeño.

Primero vaga por las calles de la ciudad, hasta que empieza a sudar. El verano aquí es implacable y aunque uno cargara una camisa sacada del congelador, ya a esta hora estaría empapada, pero de sudor. Al final se decide por el lugar más solo y que la música la mantenga a discresión.

Quiere comer algo, pero todas las opciones que ve le auguran un futuro dolor de colon: es por no cuidarse, por todos esos años de maltrato al cuerpo… ni modo… o come, o le caerá peor la primera cerveza que se atreva a ingerir. Al final solo escanea con rapidez el lugar y se decide por la mesa más discreta. No hay nadie, pero de todos modos es mejor esa clase de soledad: no es lo mismo estar solo en donde al menos hay un poco de gente, que estar encerrado en la cueva donde uno vive.

¿Qué es este maldito sentimiento? ¿Es ansiedad? ¿Ansiedad de qué? Es la realidad apabullante, el segundo a segundo que nos recuerda que es imposible escapar de esta miseria cargada de clichés. Como dijo el poeta: “Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa desde una tierra a otra tierra, desde una raza a otra raza, como pasan esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca”.

De repente solo dan ganas de escapar de la inevitable sensación del presente. O quisiera uno poder expresar esta sensación con las palabras. ¡Y qué cosa más terrible es el estar en la incapacidad de hacerlo!

Entonces uno intenta con calma visualizar algo del pasado, solo para conversar con uno mismo, autoabochornarse por deporte, solo por recordar los momentos más ridículos de la vida. Y sí que hay demasiados momentos así: resulta más fácil pensar en eso y es más reconfortante que este presente lleno de soledad.

Días, meses y años que podrían parecer una mala broma. Pero es lo que hay: hoy es hoy en todo el universo.

No existe la recompensa al final del camino, pero si nos soplaran temprano al oído esa verdad evidente es indudable que la humanidad no sería como la conocemos, con toda esta parafernalia. ¿Por qué no puede uno solo acostarse por horas, hasta que se termine esta sensación de estar en coma-en-vida? ¡Claro! Hay que ponerse a trabajar. ¿Y si ya no hay nada por hacer y no ha vencido esa monstruosa sensación? ¿Qué queda?

Si esto se lo hubiera contado a uno de mis amigos me habría dicho: “Ya te agarró la comemierda” (expresión vulgar para una gran cantidad indeterminada de estados humanos, que van desde la furia hasta las crisis existenciales o las ganas de matarse… es un comodín para demostrar de manera contundente que uno no está del todo bien).

Qué hermoso sería poder apagar esto con un botón y solo dedicarse a trabajar sin bloqueos, sin estorbos, sin sentir que la tranquilidad fue robada de forma gratuita. Pero quiero verlo por el lado positivo, por aquello del vasito medio lleno: ¿será que la imposibilidad de hacer nada es también una especie de estado de la conciencia?

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