¿Te acordás, Pecheta?

Querido y muy estimado amigo Chepe Luis:

Sé que siempre odiaste el apodo Pecheta, y que los pocos que se atrevieron a decirte Cheta (que de paso iba con un dejo de crueldad) les hiciste comprender con energía que no se los dejarías pasar, pero ¿de qué otra forma podría llamar tu atención, por si entre las más ínfimas probabilidades terminaras leyendo esto vos o alguno de nuestros conocidos? Ni modo, fue por una buena causa.

Ya perdí la cuenta de los años que tengo de no verte. ¿Serán unos 15 o 16, tal vez? Deben ser menos, porque recuerdo que ya estaba en la universidad cuando te encontré una vez en el parque San Martín. Pero eso igual, debió ser hace al menos 9 años.

En fin… creo que solo estoy atorado con las palabras, porque no encuentro manera de expresarme después de tantos años. Eso sí, deseaba hacer esto, así que miralo como algo que fue creado con la mejor de las intenciones.

La mayoría de personas recuerdan con idilio su infancia. No sé si a vos te pasará también, pero debo confesarte que a mí no. Recuerdo que tenía más optimismo hacia la vida, pero nada más. Vos fuiste de las cosas buenas que recuerdo de la infancia. Eso no lo dudés. Y fuiste amable, cuando la norma era joder al que más se descuidara. Bullying guanaco y de choto, solo por la mera gana de chingar.

Me imagino que en aquel entonces pocos lo notaron, pero llegó un momento en que esa dinámica me hartó. Por eso dejé de salir a jugar con los demás del pasaje. Y bueno, estaba atrapado, porque en mi casa nunca me llevé bien con mi mamá. Vos sabés qué modo más terrible se manejó siempre. Es paradójico que ahora soy el único hijo que se lleva mejor con ella, aunque tampoco es que mis hermanos se lleven mal. Ha cambiado como no te imaginás.

La cosa es que en el pasaje era de joder al prójimo y mi casa me parecía un infierno. ¿Qué me quedaba? Exacto: esos son los años en los que me refugié en la iglesia.

Fijate que si no fuera porque la mayoría de católicos que conocí en la escuela eran malas personas conmigo, quizá me habría inclinado por esa religión. Lo digo en serio. En aquel entonces pensé que Dios había trazado mi camino hacia la verdad, pero la verdad de las cosas es que solo era un muchachito que se sentía perdido, vacío y con una crisis existencial propia de esa edad e impropia en el contexto en el que me tocó vivirla.

Dicho eso, creo que nunca te agradecí que me hicieras barra en la iglesia y en todas las tonteras en las que de repente me involucré. Sé que sos una persona creyente y te respeto por eso. Yo ahora no formo parte de ninguna institución religiosa. Así que debo admitir, con la lectura de mi yo actual, que en realidad lo único que quería era un amigo, un apoyo moral, lograr de alguna forma vencer la sensación de perenne soledad que me estaba ahogando en aquel entonces. Así que si por mí fuera habríamos ido a la misma escuela, de ser posible compañeros de clase. Pero ya ves, ni modo. Al menos fuimos relativamente vecinos y por supuesto, muy buenos amigos.

Siete años me quedé en esa iglesia, y luego de un periodo de culpa y escepticismo por fin acepté que ya no quería seguir formando parte de…

Mi excusa fue que quería alcanzar la excelencia en los estudios. Y bueno, procuré que así fuera. Cuando comencé a llevar buenas calificaciones a la casa, mis papás comenzaron a tomarme en serio y hasta a tratarme con admiración. Eso nunca lo entendí, y de hecho siempre me ha resultado molesto, pero ya ves, vivimos en un mundo donde una persona se escuda en la institución que representa, te pone un número, y resulta que con eso el mundo te valida y te pesa. En fin…

Quisiera contarte de toda la gente en común que conocimos, pero eso no sería justo para nadie. Eso sí, debo decirte que Daniel, Rubén, y Norvi siguen siendo grandes amigos míos. Solo que Daniel ya no vive en El Salvador, por lo que paso largos periodos sin verlo. Yo lo tengo en gran consideración, al igual que a vos, a pesar de los años que pasen. Rubén ha tenido la cortesía de preguntarme por vos un par de veces, pero nunca he sabido qué responder…

Con vos descubrí que era un parlanchín incorregible, y que era un inaguantable de cuantas tonterías y ocurrencias se vinieran a mi cabeza. Soy de la clase de bobos que se asombran por el agua azucarada y que se dedica a hablar de obviedades. Y me tuviste toda la paciencia del mundo. Claro, éramos niños… pero como habrás de recordar, yo no era en cierto modo un niño normal. Era una mezcla extraña de optimismo, curiosidad y un modo temático, testarudo. Y eso daba pie a que los demás tuvieran con qué chingarme, y peor para mí, que con facilidad insultan mi inteligencia. Menos vos. Vos no lo hacías. Confieso que sigo siendo intransigente, pero no como me conociste. Ya le bajé a las malas mañas. Al menos trato. Eso sí, a veces los estigmas te persiguen toda la vida y en mi caso la gente piensa que soy un intratable. De seguro lo soy, aunque no es para tanto.

Así que te acordarás que ese mal me persiguió incluso en la iglesia. Algunos llegaron a ser francos y decirme que les caía mal… ya te imaginarás… Entonces estaba en todos esos contextos donde no era tan bienvenido que se diga: escuela, iglesia, pasaje. Si vos no hubieras estado quizá me habría sobrevivido, pero es indudable que jamás habría sido igual.

El grupito que nos reuníamos los sábados es algo que a veces recuerdo con frecuencia. No sé si supiste que Manuel murió en el terremoto. Ya no recuerdo si para entonces ya no ibas conmigo a la iglesia. Debo añadir que ese mismo día, casi a la hora en que ocurrió la tragedia, pensaba ir a visitar a José Josué. Pero me salvó que uno de mis hermanos se tardara en bañarse. Ni modo… no me tocaba todavía.

Vi morir muchos sueños y nacer otros, como a todos. Desearía en su oportunidad actualizarte con todo. Hubo una vez un sueño llamado MCNG, ¿te acordás? Lo viví con entusiasmo cuando tocaba y quizá eso me libró de otras cosas, aunque en esta vida nunca se sabe. Ahora estoy en la etapa más ermitaña de mi vida. Hay amigos a quienes veo literalmente solo una vez al año y hay otros que casi que al mes.

En fin… espero que tu familia esté bien. Espero que vos estés bien también. Si existe la más remota posibilidad de que leás esto, por favor contactame. Al menos tomarse un café no vendría a mal. Y si no, por lo menos un café virtual bastará. Será justo y necesario.

Un abrazo rompecostillas, mi gran amigo y hermano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .