Los 7 pecados capitales de leer

Me animé a realizar este tag gracias a Noctua Nival, quien me lo mencionó en un comentario. Su nombre de por sí es atractivo y en su sencillez, con toda seguridad, atrae para querer resolverlo. De hecho, al googlearlo me encontré hasta con videos de booktubers. Sería la de nunca acabar. Así que lo resolveré “a la brava”, como decimos en mi país.

Déjeme y le comento antes. Yo creé mi propio tag y uno de mis mayores temores es que se pareciera a otro. El mío se llama Pecadillos pretenciosos… y aunque en rigor no se parecen, en lo esencial quizá sí un poco. Ni modo, no hay nada nuevo bajo el sol.

Y bueno, ya ni qué: a resolverlo.

1- Avaricia: ¿Cuál es tu libro más caro y el más barato?

Mi libro más caro es la Nueva gramática de la lengua española, que me costó USD 135 y que en algunas librerías de mi país (si es que se halla algún ejemplar) incluso cuesta más. Si no tuviera la gramática, mi libro más caro sería Las mil y una noches, en edición de Atalanta, por la que pagué USD 125. Mi libro más barato es Don Álvaro o la fuerza del sino, de Duque de Rivas, en edición Cátedra (sí, tal como lo lee), por el que pagué la increíble cantidad de USD 0.35.

2- Ira: ¿Con cuál autor tienes una relación de amor-odio?

Interesante pregunta. Antes de leerla en este tag creo que jamás me la había planteado. Quizá porque desde los 15 años de edad quise escribir poesía y cuento “en serio”, más temprano que tarde creé admiración por los escritores, en general. Supongo que se debió a la frustración, a la conciencia latente de que jamás podría escribir como muchos de los grandes que admiro.

Sí recuerdo que en algún momento de mi vida (entre los 18 a 21 años de edad) tuve una especie de relación amor-odio con el escritor salvadoreño Alberto Masferrer. Me fascinaba lo que leía, incluso sus ideas morales: pero me indignaba, me corroía en el alma, saber que cuando él tuvo la oportunidad de estar en un puesto tan importante y privilegiado en el gobierno de mi país, como ser el asesor directo del presidente de la República en ese momento, se mantuvo tibio ante el genocidio del 32 e incluso tuvo un papel pasivo. Ahora me he reconciliado con sus escritos, aunque honestamente me resulta imposible identificarme.

3- Gula: ¿Qué libro te devoras una vez tras otra?

Aquí la tengo más difícil. Soy un lector un poco obsesivo. Muchas veces cuesta que un libro salga de mi cabeza, sobre todo si me ha impactado. Tengo conciencia de que he leído 11 veces Cien años de soledad. He leído unas 14 o 15 veces (no tengo certeza total) El túnel, de Ernesto Sabato. He leído unas 4 veces (diferentes ediciones, eso sí) Las mil y una noches. He perdido la cuenta de las veces que he leído Pobrecito poeta que era yo…, de Roque Dalton, pero es muy probable que llegue a las 20 veces (no, no estoy exagerando).

Hay varios cuentos que he leído cientos de veces. Sí, en serio… hay cuentos que los leo turnados una vez por semana y es una costumbre que he mantenido en los últimos 12 años. Pero como solo hablamos de libros, lo dejaré hasta ahí.

4- Pereza: ¿Qué libro no has leído por flojera?

Compré hace un par de años la Obra poética (1935-1998), de Octavio Paz, en edición de Galaxia Gutenberg, pero hasta el día de hoy no he tomado la decisión, la resolución absoluta, de comenzar a leerlo de verdad. Así que lo tengo como un pendiente personal.

5- Orgullo: ¿De qué libro hablas para sonar intelectual?

En los últimos años caí bajo la influencia de Yuval Noah Harari y su De animales a dioses: breve historia de la humanidad. La tentación es grande, porque es un libro que se puede compartir casi con cualquier persona y lo más frecuente es que da pie para hablar de historia en general. Pero antes de que ese libro llegara a mi vida tenía dos comodines: Vigilar y castigar, de Michel Foucault, y La estética como ideología, de Terry Eagleton: claro, si se daban las condiciones. Lo usual es que he tenido mala suerte y son pocas las personas con quienes he tenido oportunidad de compartir mis lecturas. De hecho, esa es una de las razones por las que comencé mis monólogos en este blog.

6- Lujuria: ¿Qué encuentras atractivo en los personajes femeninos o masculinos?

Es una pregunta fascinante. Durante años me obsesionó el misterio detrás de María Iribarne, la coprotagonista de El túnel. Creo que me atraía lo incomprensible en ella. Pero eso fue en mis años de transición entre el adolescente y el adulto. Amé la libertad absoluta de Lisbeth Salander; el estoicismo, valentía, energía y vitalidad de la mayoría de personajes femeninos de Las mil y una noches; la inquebrantable virtud de Justine, que Marqués de Sade trazó perfectamente, solo para darse el lujo de hacerla sufrir; y cómo olvidar la audacia infinita de Arya Stark y las acciones memorables de otros personajes femeninos de Canción de Hielo y Fuego; y bueno, para cerrar, amé a Elizabeth Rousset, su entrega y resignación, y me dolió ver su final en Bola de Sebo.

En cuanto a los masculinos, nada como un personaje bien detallado con todo y sus contradicciones, y sin embargo, los personajes planos, inflexibles, suelen ser los que más me sorprenden: hablo de personajes como Rorschach, de Watchmen, o Gutts, de Berserk: poseen su propia evolución, pero sus ideales son tan inflexibles, que me resultan superhumanos. Un buen ejemplo literario sería Jefferson Hope, de Estudio en escarlata. Pero solo eso es el atractivo, para el caso… por lo general prefiero personajes más complejos.

7- Envidia: ¿Qué libro te gustaría recibir como regalo?

Esta pregunta es un pecado capital con todo su derecho. ¿Cuántos libros tendremos usted y yo en el tintero, y que ya quisiéramos tener el dinero para comprar o la fortuna de que alguien nos regale ejemplares a granel? Quisiera algunos libros SUMO o XXL de la colección Taschen (como Génesis, de Sebastião Salgado, o el National Geographic. Around the World in 125 Years), varios de la colección Memoria Mundi de Atalanta (como Jin Ping Mei, de Xiaoxiaosheng, o Historia de mi vida, de Casanova), y bueno, desde hace tiempo le he puesto ojo a algunas traducciones que publica Acantilado (como la Comedia, de Dante, Kafka, de Reiner Stach, Gente, años, vida, de Iliá Ehrenburg, o Reportajes de la Historia, de los Riquer). Pero ni modo, por el momento solo se vale soñar.

* * *

Libros, libros, libros… ¡maldita sea! Son la adicción perfecta. Nos convierten en ermitaños, nos consuelan creyendo que nos hacen mejores personas, pero es como decía Marco Aurelio: “Ten presente que los hombres, hagan lo que hagan, siempre serán los mismos”. En lo esencial nunca cambiamos. Pero algo en el interior crece y se refuerza, y por eso no podemos evitar emprender un nuevo viaje, leer nuevas líneas.

En fin… así pasa con esto de los pecados capitales de leer.

Un comentario en “Los 7 pecados capitales de leer

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