Post N.º 200: Sobrestimando de manera infantil las virtudes del sistema decimal

Como buen occidental que pertenece a este siglo y a esta época, las conmemoraciones me agradan cuando vienen en número exactos, aunque paradójicamente mis números preferidos sean dos números primos.

No sé qué tan importante sea sentirse orgulloso de haber escrito estos 200 post, aunque como no tengo nada para publicar este día, supongo que es cosa del destino ponerme a reflexionar en estos asuntos como un ejercicio personal, al menos para no dejar otro domingo más sin publicar nada.

En en el rigor más absoluto, no he escrito 200 entradas. Al menos no en este espacio: he compartido cuentos, playlists, tests, tops y eh… creo que eso, y bueno, lo demás es más o menos de mi autoría, en lo que cabe tan tenebrosa palabra. Para terminar de tirarme flores yo solito (ya me imagino sentado en una banca de un parque de colonia solitaria, con un muffin brownie sostenido con ambas manos y que en lugar de una velita tenga un cigarrillo de a $0.05), enlistaré lo que para WordPress son las 10 entradas más visitadas en este espacio (me reservo el número de visitas… ¡por favor, no deje que me humille tanto!), desde que fue creado hasta el día de hoy (12 de mayo de 2019, 1:30 a. m.):

10- Los preciosos regalos del tiempo
9- ¿Por qué muchos están en contra de la excesiva inteligencia?
8- Estoicismo y resiliencia
7- Lo femenino eterno
6- Siempre el poeta
5- TOP 10: Personajes femeninos extraordinarios de "Canción de Hielo y Fuego"
4- Claudia Lars: Amor, intensidad y poesía
3- Hablemos del Eros - parte II
2- TOP 10: Libros prohibidos
1- ¿Por qué dicen que William Shakespeare realmente nunca existió?

Bueno, bueno, no me culpe por hacerle perder su tiempo. ¿Para qué sirven los post conmemorativos, si no es para plagar de autopublicidad y links que puedan redirigirlo?

Podría enumerar algún momento fundamental o algo así, pero fallaría a la verdad. Lo verdadero y real es que hay varias personas que siguen este espacio y eso lo agradezco de corazón. Hay también varios forasteros que llegan desde Google, cosa que no termino de entender, ya que el tratamiento de mis temas carecen de un buen uso del SEO y de todas esas convenciones actuales. Supongo que es solo un preciso algoritmo azaroso y puramente matemático: probabilidad y coincidencia, pues.

Y pensar que me terminaría enganchando de esta plataforma

Hace tiempo había decidido encerrarme en mis monólogos. Si alguno de mis amigos más cercanos leen esto podrían creer erróneamente que perdí la confianza en contar mis tonterías, pero en realidad los tiros van por otro lado. Quizá si tuviera a la mano un terapeuta lo atosigaría dejando salir con ingenuidad todas mis ideas tontas, aunque al final se perdieran en el vacío de una sesión.

Pero no tuve esa facilidad y tampoco la busqué, así que decidí seguir tecleando. Y aquí estoy, sin saber si quien me lee comprende del todo el talante con el que me expreso.

Al principio de todo este largo rollo pasé meses sin ver las estadísticas e incluso tuve la excentricidad de bloquear la opción de los comentarios durante más de un año. No quería saber si alguien me leía, solo quería contar algo, aunque esto careciera de la menor importancia.

A veces, de todos modos, paso preguntándome por qué hago todo esto, o qué clase de terapia o ejercicio simboliza esto para mi vida. A veces no quiero volver a escribir una línea en este espacio y otras me veo urgido por la necesidad de expresar algo en esta ensalada caótica de cosas.

Y muy a mi pesar sigo aquí. Pero soy honesto al reconocer que no me abandona la sensación de que un día debería eliminar este espacio, o a lo mejor llegado el momento no me halle en valor y solo lo abandone, como quizá en su contexto, llegado el momento, me resulte lo más conveniente. Pero eso sí, no soy de cabos sueltos. Alguna decisión tomaré llegada la hora, como suele ocurrirme.

Podcast, audiopoemas y audiolibros

En una publicación de diciembre del año pasado conté más o menos los motivos personales y los dilemas, que de todos modos me han dejado la inquietud de comenzar a grabar audios, como parte de un proyecto personal. He pensado en hacer audiopost, o por ser optimista con el término, llamarlo podcast, en el sentido más irresponsable de su significado. De ahí se me ocurrió que también algunos audiopoemas (ya publiqué un par) y deseo hacer un audiolibro, no sé con qué despropósito personal, aunque asumo que como un mecanismo de autodesestrés.

Eso sí, eventualmente, si logro alcanzar una calidad decente con el nivel de audio y mi dicción, todo esto irá a parar a Grafomaniacos, que es el lugar donde estoy escribiendo mis sesgadas opiniones sobre literatura. Incluso hay post personales de este espacio que pienso rehacer y que quizá los reenvíe a la revista (sí, pretenciosamente me encanta llamarle revista, aunque le falte mucho todavía para alcanzar su verdadero estatus y carácter).

En fin, en mi proyecto personal está meterme un poco más a esta piscina virtual, en la que he tardado años de pasar de la orilla… dudo que algún día termine haciendo videos, aunque no lo descarto. Este rollo es medio adictivo, como lo he comentado en otras circunstancias, y uno siente bien expresar sus ideas, por muy equivocadas que muchas veces puedan parecer estas.

Coda

No tengo la intención de alejarme de este espacio, aunque quizá lo descuide un poco en los próximos meses. Eso se debe a que dedicaré más tiempo a Grafomaniacos, además que debo ocuparme de unos asuntos personales que me quitarán suficiente tiempo: ni modo, no puedo vivir de aire y debo ganarme el pan, que ya de por sí es escaso y me ha tocado vivir como faquir durante varios meses.

He programado publicaciones como para un mes y medio, que es el tiempo en el que calculo resolver ese par de asuntos personales. Así que si de casualidad quien me esté leyendo logro despertarle el deseo de comentar, no vaya a creer que lo estoy ignorando. Sencillamente estaré un poco alejado de este espacio… pero solo será por unos días. Y bueno, creo que puedo hacer el esfuerzo de conectarme una vez por semana, al menos para ver cómo marchan las cosas y ver al menos de reojo qué están haciendo los blogueros a quienes más sigo.

Quién diría… ver el número 200 es algo que nunca esperé ni imaginaba, en ningún contexto de mi vida. No dejo de pensar que todo esto es un asunto inútil, pero al mismo tiempo nada me cuesta celebrar a mi manera, en mi zona de ermitaño, como debe ser. Como alguien inconstante que siempre acostumbré a ser, esto me deja cierta nostalgia y alegría, porque (como decimos en mi país) de paja en paja he ido construyendo mi propia casa, con sus pasillos oscuros y telarañas por aquí y allá, pero que al fin y al cabo es mi espacio, y no me avergüenzo de él.

A quienes me han seguido la pista desde los primeros post, de verdad, muchas gracias. Es un gesto finísimo, impagable, que es el de regalarme unos minutos de su tiempo cada semana.

¡Un abrazo y gracias por acompañarme!

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