Aquella incertidumbre de un día de 2015

En el año 2015, para tratar de disciplinarme me autoimpuse la tarea de escribir mil palabras por día, durante 60 días. Si mis primeros post tienen una redacción medio vergonzosa, ahora imagínese lo atroz que debe estar la redacción de algún ejercicio de esos. Y con ser así ya me he encontrado con algunos que yo digo: “Hey, el enfoque del tema en este lo puedo rescatar”. Y como he estado de vacas flacas (ya casi-casi me doy por vencido con este bloqueo absurdo), decidí rescatar uno de esos escritos, al menos solo por ser este domingo random.

Según el pie del documento, lo escribí el jueves 8 de octubre de 2015 durante la madrugada. Es bastante ilegible y patético, además que hay cosas íntimas imposibles de compartir, por lo que tuve que retocarlo al menos un poquito… y de ahí, dentro de lo que cabe, traté de respetar su integridad, con la sola finalidad de mostrarme tal cual era en ese momento.

Me da penita ajena y siento hasta un poco de compasión hacia mi yo de 2015, pero en ese momento y bajo esas circunstancias (no lo digo como excusa, sino porque en verdad es un hecho) tuve la mala suerte de dejarme afectar por una narcisista que solo quería jugar conmigo (terrible… tanta era mi soledad y necesidad de amor), además que seguía jugando a la autodestrucción, ya que para entonces apenas tenía una año de estar recién separado de mi hijo… en fin…

Mejor que el escrito hable por sí mismo: la suerte está echada:

* * *

Cuando me pongo a pensar en el ejercicio de las mil palabras por día, todavía me encuentro en la etapa forzada, donde las ideas no están fluyendo, sino que son el resultado de todas las preconcepciones, tanto de ideas, dudas, recuerdos y reflexiones personales. En ese sentido, no estoy dejando que “las idean fluyan”, tal y como el verdadero ejercicio propone. No estoy como el personaje de Finding Forrester, quien solo mueve los dedos en las teclas, mientras que al mismo tiempo está conversando con Jamal Wallace. Yo aún estoy trabadísimo. Aún estoy pensando en lo que escribiré en el siguiente renglón.

Qué bueno que más temprano que tarde me di cuenta que ser escritor requiere una voluntad y un esfuerzo de primer orden. No es solo desearlo por desearlo. Es una cosa de dura disciplina. No hay tales de ser el mejor de los talentos, o haber nacido con ese “algo especial”. Simple y llanamente se escribe o no. C███, como auténtico charlatán, nos engañó por mucho tiempo. Quizá lo único que nos enseñó fue a amar la literatura como se ama a una religión. Quizá su propósito, en el fondo, fue como lo que habla Ricardo Roque Baldovinos en Salarrué y la religión del arte. Mi arte crece, porque mi amor por el arte crece… o algo así, no lo recuerdo.

Ahora bien, cuando digo más temprano que tarde hago referencia a que nunca he publicado nada. Uno de mis yo desea permanecer así por el resto de mi vida, y que de esta manera no tenga nada permanente de lo cual arrepentirme… es decir, tengo mil y un cosas de las cuales me arrepiento, pero de ellas en la mayoría de casos no existen pruebas de nada: solo están en mi cabeza. Mientras que un libro, del cual podría arrepentirme de su publicación al mes siguiente, no es solo que lo desaparecería y ya… es algo que podría permanecer por mucho tiempo y podrían haber rondando copias por ahí. A tiempo me di cuenta de que hay cosas que todavía no debería de intentar.

Pero también sé lo siguiente: no intentarlo sería quedarme en la zona de confort por el resto de mi vida. ¿Es eso lo que realmente quiero?

Todavía no lo sé.

No es porque tenga o no miedo al bochorno: es porque siempre he sido hedonista y quiero vivir una vida hedonista. Quizá en el fondo no quiera enfrentarme a la posibilidad de ser escritor, porque simplemente tendría que vivir con esa disciplina y el estigma de lo que publique el resto de mi vida. Mi familia, mis amigos, todos emitirán una opinión que quizá no me gustará o simplemente ignorarán lo que escriba, porque para todos ellos simplemente será una basura inútil, aunque jamás lo expresen. Pero, ¿por qué me preocupa todo eso? Aún no lo sé y eso de verdad me molesta. Y cuando digo que tendría que vivir con esa disciplina, me refiero a que comenzaría a ver la literatura como una obligación, y no como ese algo que siempre he disfrutado.

Tengo el gran presentimiento de que cuando me convierta en escritor, mi concepción de la amistad y la intensidad de la amistad con mis amigos cambiará en lo que me resta de vida. ¿Es eso lo que realmente quiero?

Pero también me he cansado de dudar de mí mismo. Si siento que “a tiempo” me di cuenta de que ser escritor no es cosa fácil, también muy tarde he abierto los ojos a esa realidad. Y cuando digo tarde, me refiero a que casi llego a los 30 años y he perdido una cantidad valiosa de tiempo. Y lo peor es que lo he perdido en todas las estupideces posibles, menos en algo bueno. Y por eso creo que es bueno que no haya publicado: no estoy a la altura de las circunstancias, ni siquiera para una entrevista de simulación… si he sido mal escritor, he sido mucho peor lector de lo que podría recordar. He leído muchos libros, pero realmente he leído con rigor muy poco y no he entendido casi nada, porque soy un idiota supino y de primera clase, un tonto que no entiende absolutamente nada y que duda de todo. Soy de las personas que necesitan que le expliquen más de una vez… pero bueno: mi único punto a favor es que cuento con mi pasión, la cual no sirve absolutamente de nada, excepto que me permite crear empatía o resistencia en algunas personas. Sobre todo resistencia.

En algún punto siempre extraño aquellos hermosos días del Círculo del S█ N███. Noches graciosas con C████, M██ J██, A███, G█████ y M███… haber amado como amé a M███… haberme divertido como me divertí con ellos… hacer todas las estupideces infantiles que hice.

No me arrepiento de nada de eso. Al contrario, siempre lo extraño y lo recuerdo de forma idealizada, cosa que no fue tan perfecta, como uno querría pensar —evidentemente—. En aquellos días era tan infeliz como ahora, pero tenía una clase especial de amigos… y no amigos como los hermosos amigos que tengo ahora (a quienes he aprendido a amar con sus virtudes y defectos), sino amigos que perseguían los mismos sueños y metas: la idea de no estar solo en este camino siempre me reconfonrtó y me mantuvo con un sentimiento de seguridad que jamás volveré a conocer. En ese sentido, y bajo esa lógica implacable, si perteneciera a un club de lectura, probablemente sería menos lector; y si perteneciera a una Círculo de escritores, probablemente sería menos escritor, porque mi destino es ser el Joker, el charlatán, el ingenuo-sabelotodo-idiota-mentiroso.

Quizá por eso es mejor que siga este camino solo. Quizá solo necesito un compañero o dos como máximo en este camino de la literatura. Quizá no necesite a nadie y solo deba seguir mi camino, y vivir la vida hedonista que deseo, donde seré un paria en lo que me reste de vida y donde habrá cerveza, falsas amistades, peligros, cigarros, muerte temprana.

A todo esto, solo sé que debo de tomar una decisión determinante con respecto a mi amistad con █████.

* * *

Releo todo esto y me dan ganas de borrarlo. En algunas partes que me leo pienso en el Edwin de ese momento y me digo: “Coshita… tan necesitado de cariño estabas… tanta era tu desolación, que estas eran tus dudas”. Me siento infantil e iluso. Asumía con arrogancia infantil que eventualmente me convertiría en escritor, lo cual es un rasgo graciosísimo de mi parte, aunque sé que para la mayoría será un rasgo de inmadurez con el que alguien podría decir: “Ok, veo que tenés problemas graves”.

No sé si hago bien en compartir esto. Supongo que solo no puedo dejar de publicar en este espacio virtual. Y también percibo que es poca la diferencia entre el yo de ese momento con el yo de ahora, aunque en verdad he mejorado en algunos puntos. ¡Diablos! En esta vida a veces uno avanza apenas unos centímetros. Pero algo es algo.

Por ejemplo, el día que abrí un blog con mi nombre propio fue cuando decidí vencer el miedo a que en mis círculos más cercanos no me leyeran. De hecho, uno de mis mejores amigos (21 años de amistad sólidos) no ha leído el 99% de lo escrito aquí y ya aprendí a no preguntarle jamás si alguna vez me leerá. Mis hermanos, por ejemplo, solo saben que tengo blog pero jamás me han leído. Lo mismo mis padres.

Y también después de varios años logré superar el hecho de llevar una carga en mi interior, un agujero negro que no deja escapar la luz y que jamás será llenado con nada. Simplemente hay que vivir las etapas que correspondan y salir de ese hoyo: no mortificarse cada día a cada momento con ello. Eso es todo.

Y en fin… no hay mucha diferencia entre el inmaduro de aquel momento y el inmaduro de ahora. Solo sé que sigue persistiendo ese maldito deseo de seguir escribiendo.

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