Ese ridículo momento cuando te dan ganas de llorar

No sé por qué, pero ayer me pareció que era un buen título para algo, aunque ahora ya no lo sé y ni sé sobre qué quiero escribir para que lo ostente.

En fin…

Nos hacemos bola todo el tiempo. Como bien sabe la humanidad desde la Antigüedad, somos reacción más que acción. Siempre vivimos en acción el 1 % y preferimos ponernos a pensar en lo que sea, en ese 99 % que nos sobra. De nos ser por todas esas personas que son más acción que reacción (es decir, ese porcentaje de la humanidad que se dedica a ser profundamente pragmática), en realidad daríamos cuenta de muy poca cosa, aunque pensándolo bien creo que esto es un asunto de equilibrio, porque quienes se dedicaron más a pensar que actuar son quienes documentaron todo aquello de lo que ahora medianamente tenemos noticia.

Pero la verdad es que muy a nuestro pesar nos encanta más la vida dentro del gran relato, que la vida sin timón en medio de la acción. Nada logra reemplazar ese confort de encontrar la explicación justa de algo sin tener que vivirla en sí. Si no, mi estimado lector, ni siquiera leería los blogueros o los creadores de contenido que usted siga, en todas sus distintas vertientes y variantes, y mucho menos estaría aquí, en este humilde espacio: es por eso que cada tanto siempre agradezco que alguien se tome la molestia de pasar por aquí.

En ese relato interior está todo lo bueno y lo malo, la música y los recuerdos sin distinción, las personas que vienen y van de nuestras vidas, y por supuesto, todo el aprendizaje sólido y en bruto que nos ha convertido en lo que somos hasta el día de hoy. Y a esa madeja de hechos y cosas le damos coherencia interna, por lo que no hay nada más inexplicable para cada uno de nosotros que encontrarse con un elemento X que de repente provoque la reacción menos pensada y nos haga aflorar nuestros sentimientos. Nos pasa en el cine o en la intimidad de nuestra habitación al escuchar una canción: y de repente aparece ese ridículo y bochornoso segundo de conmoverse, ese escalofrío de microsegundo que nos avisa que por alguna razón tenemos que llorar.

El tono con el llevo esta reflexión no me gusta. Pero admito que el día de ayer el tema vino a mi mente cuando escuché una canción que tenía más de un año de no escuchar y que me dio esa sensación de alegría mezclada con melancolía, que me provocó la catarsis del día. Y ni modo, aquí me tiene, escribiendo otra vez un par de tonterías.

* * *

Uno de mis mejores amigos prefiere ver películas o series en compañía. Admito que es uno de esos placeres fantásticos poder compartir con alguien un buen contenido (por ejemplo, uno de los mejores recuerdos que tengo de los últimos cinco años es haber disfrutado en buena compañía El bueno, el malo y el feo), pero no sé si usted es de los míos y no me negará que eso tiene sus pro y sus contra.

En lo personal, cada vez me inclino más a ver series en soledad y las películas en compañía… pero esto último solo en ocasiones bien especiales, concretas. Y la principal razón es que a medida que quedo enganchado de algo utilizo toda mi concentración e involucro todas mis emociones, solo porque sí, por disfrute estético, lo cual es más complicado cuando se disfruta en compañía y a uno le da pena reaccionar con la emoción respectiva en el momento.

De hecho, en los últimos años, las poquísimas veces que nos hemos reunido con amigos a ver alguna película, hacemos que un filme de dos horas dure toda una tarde, porque de la nada ponemos pausa y comenzamos a discutir una cosa u otra (si hubiera grabado todas esas conversaciones me daría para varios post… ni modo, ahora solo es un recuerdo en mi memoria). A mí no me importan las pausas, aunque admito que resta la emoción natural que nos provoca un filme cuando lo vemos de continuo.

Y es que ese es el meollo del asunto. Después de varios años de vida de ermitaño ya me acostumbré a hablar solo, reírme de la nada, y ahora imagínese cuando veo series o películas: a veces hasta me he levantado con sorpresa por una escena, como le ocurre a quien disfruta en demasía un partido de fútbol.

Le voy a confesar algo: lloré casi a moco tendido con el final de Mad Men… mi piel se erizó con el final de Breaking Bad y también con el de Dr. House: con estas dos últimas me llevé las manos a la boca en posición de rezo, y esa fue una individual reacción meditabunda mezclada con asombro. Soy honesto al admitir que no hubiera vivido ni una sola de esas emociones si hubiera visto todos esos finales en compañía. Soy hijo y heredero de una timidez criminalmente vulgar, como dice la canción.

No fingiré ser poseedor de una dramática sensibilidad… lo mío es simple, bochornosa e innecesaria sensiblería. Lloro cuando escucho canciones de mi playlist prohibida y también casi-casi lloro de la emoción con casi cualquier escena que me agarre desprevenido y me impresione. Bueno, para decirle que lloré con la escena final de Whiplash, la cual [creo que] nada tiene que ver con esa clase de emoción. Así que para ahorrarme un puñado de vergüenzas, mejor adopté la costumbre de disfrutar en soledad todas estas cosas.

Y sí, también he llorado mientras leo un libro o cuando he llegado a una parte emocionante en un manga (cómo olvidar aquello de: «Lo siento, Sasuke, no habrá una próxima vez…»). He llorado a solas viendo escenas de anime que sé que me provocarán ese efecto, como la de Nico Robin de One Piece o la de la batalla de Kenshin con Shishio. Lugares comunes, como usted notará.

No sé si eso se convierte en la catarsis cotidiana de los solitarios o sencillamente es necesario para el mecanismo solitario de desestrés del ser humano promedio. No sé… es algo así, como quien dice, de ponerle emoción al día a día, que en su defecto quiere decir ponerse sensible una o dos veces a la semana, por pura rutina hormonal forzada.

Quisiera decir que no me avergüenza llorar frente a los demás, pero la verdad es que sí. Soy de los que no pueden evitar hacer una mueca desagradable cuando lloran. Mi rostro de por sí es medio histriónico y soy de ademanes exagerados, así que cuando expreso cualquier emoción del espectro humano las personas, si no me conocen, tienden a creer que estoy exagerando.

Foto que me tomaron desprevenido y que un amigo convirtió en meme de uso privado, para destacar mi tendencia a exagerar incluso en una conversación cotidiana.

Y como no existe un medidor que nos permita comparar unos con otros, suelo autorreprocharme o llego a sentir dudas sobre si vivo el espectro de emociones con más intensidad que la persona promedio. Es una tontería, por supuesto: es más que un hecho comprobado que existen personas más intensas que otras. Igual, siempre quiero pensar que soy normal como el resto y que lo único que ocurre es que nací con una buena dosis de empatía, por lo que con facilidad lloro con las situaciones ajenas. Eso sí, tal como he admitido en otras ocasiones, sé que en palabras simples soy un gran intenso. Mea culpa.

* * *

Cada vez que termino de escribir uno de estos post demasiado personales suelo sentirme culpable, por seguir hablando siempre de mí (como que no fuera suficiente con la existencia de cada uno). Si por lo menos tuviera la elegancia que tenía Francisco Umbral se justificaría un poco. Es como si tuviera mi diario público con tono íntimo, además del verdadero diario privado, en el que sí soy menos remilgado y pudoroso.

Pero, al mismo tiempo, sé que cuando hablo de emociones y todas esas cosas, los únicos ejemplos que se me ocurren, como hombre solitario y ermitaño que soy, son el de mis propias experiencias. Incluso para contar historias ajenas me atengo mejor solo a los hechos, porque no me gusta pecar de creer que comprendo a los demás en toda su dimensión, cuando la vida me ha demostrado que en rigor no he comprendido absolutamente nada de este mundo.

Creo que por eso son más tentadores los personajes de ficción, ya que a ellos podemos llegar a conocerlos mejor, a diferencia de la complejidad que ofrece cada ser humano.


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.