Animal World o cómo sacarle jugo a una idea central sencilla

En las normas de cortesía del bloguero ya se convirtió en un estándar hacer la respectiva alerta de spoiler: así que ya sabe, si no ha visto este filme y los spoilers le vienen a mal, entonces puede evitarse el disgusto de leer esto. Hecha la presente, continuemos.

Vi esta película con unos amigos el 25 de diciembre de 2018. No sé cuánto tiempo tiene de existir y no he querido googlear o buscar en Wikipedia el dato. De repente me acordé del filme y sencillamente decidí que algo quiero comentar sobre ello, solo porque sí.

Primero la obviedad: si no conoce la película debo decirle que se ha perdido de una gran historia. Como bien me dice un amigo, esta es una película palomitera, para ver un día libre por la tarde y con buena compañía: pero es la clase de película palomitera que da gusto, que deja la clásica buena recompensa que hace que al ver los créditos nos sonriamos unos a otros o para con nosotros mismos, y sintamos que para nada hemos perdido el tiempo. Solo imagínese mi caso: después de ya varios meses no he logrado olvidarla y aquí me tiene, recomendándola con encarecimiento.

La segunda obviedad es que esto es una opinión personal, por lo que no aspiro a dar razones sesudas y bien fundamentadas. Es solo un comentario subjetivo y creo que la advertencia es justa y necesaria, para no dar lugar al equívoco de pretender poseer una palabra autorizada en algo.

* * *

La película trata de un joven que tiene un empleo pésimo y su madre está enferma. Por varias circunstancias se ve metido en un problema tan grave, que básicamente su vida y la de los suyos está en peligro. Es la clásica de la delicada balanza, donde un error de desequilibrio y se caerá todo, irremediablemente y sin solución.

Hay miles de películas así, pero lo que la hace interesante es el siguiente elemento: imagínese que usted está jugando con alguien a tirar una moneda… es cierto que solo existen 2 posibilidades, por lo que la única forma de volver el juego más complejo es hacer las 2 de 3, o un 3 de 5 y etc. ¿O podría volverse más complejo si se le añaden algunas reglas?

Digamos que Animal World le tira a esa apuesta. El juego más universal y sencillo de todos, con el que solo se necesitan nuestras manos, pero maximizado 100 veces, estirado hasta el extremo y sacándole el jugo como nunca antes me imaginé que podía ser posible con tan inocuo juego para niños.

Al terminar de ver el filme, lo primero que me pregunté fue: «¿Aplicará de alguna forma directa o indirecta el dilema del prisionero? ¿Será alguna clase de reflexión que rodea o trata de dar una vuelta de tuerca a dicha proposición filosófica?».

Eso si, la primera impresión que me quedó es que con este filme es válido reflexionar sobre la naturaleza de la traición, con esa abundancia de los Judas Iscariote y cómo, en perspectiva, en realidad nuestro miedo revela nuestra capacidad de egoísmo y supervivencia, lo cual sería reflejar nuestra genuina naturaleza, con la cual regresamos al estado natural, a la realidad que ocultamos con la invención de la ética y la moral: en ese juego a muerte es que formamos parte del mundo animal, como la especie Homo que somos, cuya cooperación flexible permite que en nuestro código aparezca el lugar posible de depredarnos entre nosotros mismos, en lugar de crear lazos férreos que permitan salvarnos.

La película tiene un buen inicio, un enganche básico pero eficaz. O bueno, al menos ha funcionado en los últimos 25 a 30 años, gracias a malacostumbrarnos al derroche visual y la narrativa unidireccional.

Desde el principio nos va dejando pistas sutiles, de esas que ahora tanto disfrutamos tanto gracias al orgullo friki y sus pequeñas recompensas referenciales. Y bueno, hay que decirlo: esas micropistas es una marca de estilo en el cine asiático de los últimos 40 años, y suelen ser guiños que agradecen los espectadores, y que los occidentales apenas nos hemos enviciado con eso gracias a la exportación masiva de material audiovisual en el presente milenio.

En fin, el asunto es que en esta historia su protagonista, Kai-si Zheng, es un prodigio de las matemáticas, o por lo menos tiene una afición que sobrepasa el nivel de las habilidades promedio de cualquier ser humano. Al mismo tiempo que tiene un rasgo introspectivo, lo suficiente como para que por momentos no sea fácil distinguir entre lo que él imagina con lo que es real. O por lo menos es algo que ocurre en los aproximadamente primeros 45 minutos del filme.

La estructura de la historia tiene algo de clásica, pero no por eso es menos efectiva. Vemos su mundo y sus circunstancias, y sabemos que su situación es indeseable, adversa. El empuje de las circunstancias provoca que el llamado a la aventura se haga obligatorio, ineludible. Y funciona, como siempre, porque este llamado es esa una moneda en el aire con el destino: o se gana o se pierde todo, y eso afectará a los seres amados de manera irremediable, ya sea para buena ventura o para tragedia absoluta.

La película se halla solamente en mandarín, con subtítulos en inglés, pero desde el principio uno no deja de sentir de que fue hecha y diseñada para que la disfrutáramos en occidente. Es ese algo, ese no sé qué, que incluye algunos estilos de actuación en varios personajes, la banda sonora, el sentimiento que provoca el endurecido ambiente urbano, que si bien no es exclusivo de un hemisferio del mundo, sí que es una marca cinematográfica que se recalca en el cine occidental desde hace por lo menos 80 años. O bien, está la opción de que Animal World esté influenciada directamente por Hollywood, lo cual explicaría muchas cosas.

Aunque el filme no lo explica (lo cual está bien), el protagonista tiene una suerte de enfermedad que parece empujarlo a la locura y al deseo irrefrenable de provocar caos. Decir que es esquizofrenia sería la salida fácil, aunque no por ello hay que descartarlo. De hecho, él se imagina a sí mismo como una especie de payaso malévolo, asesino. La ansiedad, los sentimientos encontrados (lo que llamaría en este espacio momento cráter), parecen ser el desencadenante. Pero eso sí, si él como personaje logra entrar en estado de flujo, no habrá en su universo de historia una mente más prodigiosa.

Le seré honesto: una vez terminado el filme, lo primero que pensé es que se podría prescindir de al menos 20 minutos de metraje. Pero eso solo se puede percibir al terminar de ver la película. No antes. Y lo digo en serio. Mientras se está disfrutando uno no puede saber a dónde irá a parar y reconectar cada hilo argumental.

Hasta la primera mitad de la película es imposible no pensar en Sucker Punch. Y decirlo es un asunto importante, para quien le desagradan los excesos visuales. Pero para quienes amen esa ralentización a lo Zack Snyder o a lo Tim Miller (y no a lo Nolan, que sería un estilo distinto), que redobla la intensidad de la acción porque permite contemplar su contundencia, entonces solo en eso ya será ganancia audiovisual esta película.

Ahora bien, estimado lector, debo hacerle una [no sé si buena o mala] advertencia, por si ama las películas con efectos especiales por encima de la intriga: cuando se haya enganchado a la trama, al meollo de la situación dramática, estoy totalmente seguro de que lo demás no le importará. Es más, la situación dramática puede llegar a ser tan poderosa, que bien habría sido una película de bajísimo presupuesto y podría haber sido eficaz, cautivante. Su intensidad dramática se equipara a las buenas virtudes que nos dejó el cine italiano de los setenta.

Sobre el sorpresivo empoderamiento de la situación dramática es, en rigor, creo yo, el único spoiler que le daré. Si le cuento algo más detallado, sencillamente se la voy a arruinar, porque esta es la clase de filme del que no se pueden contar muchos detalles, o casi ninguno, como The Usual Suspects o Shutter Island (de las que queda prohibido ver incluso un tráiler o leer una reseña, si uno no quiere arruinárselas), porque se sabotea cualquier posibilidad de sorpresa, y por consiguiente, el disfrute genuino que nos hace sentir como niños asombrados ante una buena historia.

Pero nada cuesta lanzar elementos al azar, que se convertirán en algo parecido a un spoiler solo si ve la película y no significarán nada si solo lo lee aquí. Por ejemplo, me fascinó la simplicidad didáctica con la que presentan una praxis de la teoría de juegos. Me pareció innecesario aunque audaz el uso de las referencias culturales con algunas canciones icónicas de occidente y el motivo recurrente de 2 Timoteo 4:7, y cómo todo esto sirve para matizar los niveles de locura, que al final solo pueden percibirse si se pone suficiente atención: alimento para la trama, pero premio para el buen observador… y nada para quien solo ve el filme de manera superficial. Y cómo olvidar esa peculiar dedicatoria, puesta en los créditos con ese estilo de reverencia muy de los asiáticos: «Esta película está dedicada a todos ustedes que mantuvieron la fe durante los altos y bajos».

* * *

Releo todo lo anterior y me doy cuenta que no le logrado hacerle justicia al título de este post. De todos modos solo queda añadir que si por alguna razón se quedó sin nada para ver, y a lo mejor está de ánimo para ver alguna película, créame que puede darle a Animal World la respectiva oportunidad y no se arrepentirá. Eso sí, prefiero aclarar que mi recomendación es para un día X y no demasiado especial, porque estaría mintiendo si afirmara que el filme es lo suficientemente trascendental, como para dedicarle un cita preparada con anticipación, como cuando nos creamos expectativas con algo de lo que esperamos mucho.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.