Apéndice: Los proyectos inconclusos de Stanley Kubrick

De un artista o creador se aprende tanto de su opera prima como de su magnum opus. Ya sea que se trate del recorrido histórico, evolución o desarrollo, o incluso de los cambios estilísticos, pero también se aprende mucho cuando se conocen los proyectos inconclusos, las búsquedas de aquello que quisieron abordar y quedó en intentos que nunca pudieron ser.

Stanley Kubrick, como creador ambicioso, forma parte de esa lista de soñadores que dejaron mucho en el tintero. No pudo evitarlo, dada la minuciosidad con la que trabajaba y la resistencia que creaba en los productores de su tiempo, quienes en la mayoría de ocasiones renegaban por sus propuestas que parecían sacadas de las más hermosas fantasías presupuestarias. Quién diría que ahora se producirían películas 10 veces más caras, aunque posiblemente con una calidad que se presta a la discusión.

Así que conocer las inquietudes temáticas será la finalidad importante, al tratar de conocer un poco dichos sueños de tinta y ambiciones. Sin pretender ser exhaustivo, a continuación comentaré algunos de esos proyectos inconclusos.

Pero antes de todo, las aclaraciones innecesarias: esta es una entrega extra, que nació hace apenas unos días pero que forma parte de una serie de entregas cortitas que realicé el año pasado acerca de la vida y la obra de este gran cineasta. Si desea darse un paseo le dejaré el link de esa primera entrega. Dicho esto, pasamos a lo nuestro.

Guiones como ejercicios

Entre 1954 y 1957 Stanley Kubrick pasó por un proceso de escribir muchos guiones. Todo indica que estaba a la caza de una buena historia, por lo que no descartaba ningún material que se le ocurriera. Mucho de ese material fue destruido, pero también unos cuantos sobrevivieron a la punición sanitaria, gracias a olvidos o simples almacenamientos, si nos es dado especular sobre su posible afición a acumular material escrito “para después” (esos después que nunca llegan).

Para 1954 ya tenía experiencia cinematográfica, aunque le faltaba mucho para jugar en las grandes ligas. Por lo mismo son años clave que cambiaron su vida y que fueron determinantes para dar el salto. Ese año se divorcia de Toba Metz y se casa con Ruth Sobotka, con quien tampoco tendría una vida marital exitosa. Pero como creador le quedan tres guiones ahora recuperados (no se sabe si completos), quizá otros destruidos y uno que se llegó a convertir en película, que es Killer’s Kiss. Ya tenía a su espalda Fear and Desire y otros trabajos menores.

Los tres guiones rescatados en su archivo se titulan: Married Man, The Perfect Marriage y Jealousy, los cuales fueron escritos, según se han datado, entre 1954 y 1956. Los tres tratan sobre temas domésticos y vaivenes matrimoniales, como si Kubrick estuviera muy interesado en exorcizar el tema, si nos apegamos a la posibilidad de que estuvieran influenciados por sus relaciones tormentosas de ese momento.

Y aunque esta posibilidad es la que parece más plausible, es posible que el tema fuera un motivo en verdad importante para el director. Tal vez no el matrimonio en sí, directamente, sino el tema del amor, que aunque no lo parece lo materializó en varias ocasiones (destacando como motivos secundarios en Lolita y Barry Lyndon), aunque solo como tema cuasicentral hasta la aparición de Eyes Wide Shut.

Ardiente secreto

Ya para 1956 Kubrick logró estrenar su segundo largometraje, que tuvo un éxito modesto con el público aunque positivo con la crítica: The Killing. Así que las circunstancias le brindaron el entusiasmo suficiente para embarcarse en una nueva producción. Ya tenía en mente, para entonces, la posibilidad de realizar Paths of Glory, pero a sabiendas de que los estudios tenían cierta resistencia al guion, tenía como plan B completar y realizar el guion de Burning Secret.

Si me permite la acotación personal, me parece que Ardiente secreto es una novela extraordinaria, una buena forma de introducirse al universo narrativo de Stefan Zweig. No me quiero imaginar en qué película se habría convertido si el director hubiera logrado realizarla. Para no hacer demasiados spoilers, he de decirle que la novela está contada con un narrador en tercera persona, pero solo desde la óptica de un niño, quien tiene ligeras sospechas de que su madre está cometiendo algo incorrecto con alguien que no es su padre: es decir, la intriga radica en que tendremos que caminar toda la novela con el niño, hasta descubrir junto con él lo que tenga que descubrir, incluidas aquellas emociones que a esa edad nos toman por sorpresa, como los celos, el odio y la sospecha.

Otros de los años cincuenta

En el mismo 1957 Kubrick intenta afianzar un contrato para realizar una serie de televisión, que estaría basada en Operation Mad Ball, película que ese mismo año había estrenado Richard Quene y que básicamente era una especie de comedia militar. También ideó la posible realización de I Stole $16,000,000 que se basaba en la autobiografía de Herbert Emerson Wilson, un expresidiario de San Quintín.

En 1958 tuvo la posibilidad trabajar con Marlon Brando en la película The Authentic Death of Hendry Jones, pero al final nada pudo materializarse. Al menos para Kubrick. Huelga decir que de haberla dirigido hubiera sido el único western de su carrera.

Napoleon

Este es con toda seguridad el filme jamás realizado del que más páginas se han escrito. Desde los comentarios y anécdotas interesantes que reúnen Gene D. Phillips, Rodney Hill y Frederic Raphael en sus diferentes trabajos, con algunas reflexiones no solo sesudas sino también impresionantes, hasta las casi mil páginas de material que reunió Alison Castle, por no hablar de una preciosa colección de lujo que reunió Taschen en un solo volumen, más la ingente cantidad de artículos escritos por especialistas. Visto así, mis líneas no quedarán más que como un burdo chiste o comentario de bar. Pero es lo que hay, estimado lector.

En síntesis —o reduccionismo, si quiere— puede decirse que si esta película se hubiera realizado sería una de las grandes epopeyas cinematográficas de todos los tiempos, además de la posibilidad de convertirse en el filme de época más preciso y mejor logrado, muy por encima de cualquier otro intento. Y estas afirmaciones pueden sostenerse por lo siguiente…

Lo más importante, el primer punto esencial, es que Stanley Kubrick, desde su juventud, desde que quiso ser cineasta, siempre quiso realizar un filme sobre la vida de Napoleón. Eso, por supuesto, no es garantía de nada, pero es un parámetro para hacerse una idea de por qué tantos años de estudio, investigación y todo lo demás.

De hecho, Kubrick llegó a reunir una cantidad de bibliografía impresionante sobre todos los aspectos de la vida de Napoleón, que cualquier especialista de las más grandes universidades del mundo podría envidiar. Y no es una exageración, ya que se convirtió por derecho propio en uno de los grandes especialistas en el estadista francés.

Después del éxito de 2001: A Space Odyssey se animó a tocar puertas, pero su proyecto era demasiado ambicioso. Su presupuesto era de nivel prohibitivo para cualquier estudio en el mundo, además que con los años eso solo aumentaría. De todos modos en principio, allá por 1969, no se desanimó.

Estudió todos los filmes que existían sobre Napoleón, además de los filmes de época relacionados con el tema. Leyó toda la bibliografía que encontró a su alcance, además de hacerse con la tutoría de Felix Markham, uno de los mejores expertos en Napoleón a nivel mundial. El primer guion, de hecho, nació a partir de la biografía escrita por Markham, la cual era el fruto de 35 años de investigación.

Visitó —con el permiso expreso del Gobierno francés— todos los lugares históricos que pudo, reuniendo un acervo de varios miles de fotografías, que fue clasificando en un archivo rabelesiano, propio de un acumulador. Contrató a 20 de los mejores estudiantes de Oxford especializados en el tema, para que le ayudaran a investigar en el mar de libros que había reunido, y así saciar dudas puntuales para depurar lo que se convertiría en el guion final. Crearon, además, un archivo biográfico y documental de unas 50 figuras históricas que aparecerían en el filme.

Pagó por rastrear lo último en tecnología de filmación, investigación y desarrollo en óptica, cámaras y objetivos. Cuando logró hacerse con unos objetivos fotográficos especiales, algunos extremadamente sensibles y que estaban diseñados para la industria aeroespacial, con los cuales podría filmar en exteriores e incluso hasta bien entrada la noche, de tal manera que poseían la sensibilidad suficiente a la luz como para filmar en interiores con solo iluminar con velas, Kubrick decidió que en su película de época filmaría, hasta donde resultara posible, con luz natural y con lo mejor en fotografía que pudiera realizarse.

Al no lograrlo, por supuesto, uso mucho de ese material para realizar —como para no quedarse con las ganas— Barry Lyndon, por lo cual considero que ese filme fue algo así como un premio de consuelo, como un ejercicio de estilo. Eso sí, puede llamarme exagerado, pero considero que en su área es el mejor ejercicio de estilo de la historia.

En el escenario ideal, Jack Nicholson habría sido Napoleón y Audrey Hepburn Josefina. Del resto de personajes dejó poca constancia, por lo que sería inútil especular. En cuanto a la historia, bueno, además del guion rigurosamente apegado a la historia contaría con la colaboración de Anthony Burguess (para condimentar la historia con ligeros toques estéticos), quien al no ver claridad en la posible realización decidió publicar su propia versión de la historia, la cual titularía Sinfonía napoleónica.

Todo apuntaba a que, con todo y el rigor histórico, Kubrick realizaría una historia muy suya, muy fiel a sus típicos contrastes: personas que en el tramado de sus situaciones, por mucha inteligencia o buen talante que contengan, pueden cometer errores que se pagan caro, o que a pesar de un trayecto que en principio parece brillante pueden caer en las trampas de siempre como los celos, la impulsividad, el miedo o la corrupción. De todos modos, si usted tiene curiosidad por esta historia y se encuentra con el guion (que puede encontrarse con solo googlear) debería de darse la oportunidad de leerlo, para al menos darse la oportunidad de tener un mejor parámetro.

Aryan Papers

Al poseer una vasta experiencia cinematográfica en el cine bélico, además de que sus primeras experiencias están relacionadas con el cine negro, era natural que un posible filme sobre el Holocausto estuviera entre sus ambiciones. Su mayor problema radicaba en cómo encontrar una buena historia que condensara, ya sea por telón de fondo o por densidad dramática de alguna historia individual, la complejidad de uno de los sucesos más terribles de toda nuestra historia.

La inquietud por este acontecimiento histórico se puede rastrear en Kubrick desde 1976, cuando estableció contacto con el escritor Isaac Bashevis Singer, a quien le pidió que escribiera un guion con el Holocausto como tema central, pero del cual este último declinó cortésmente, alegando desconocer el tema a profundidad.

Pero el cineasta pasó años buscando sobre el tema y fue en 1991 cuando su entusiasmo se reavivó, al encontrarse con la novela de Louis Begley, titulada (en nuestro idioma) Mentiras en tiempos de guerra. La novela tiene la siguiente sinopsis básica (y perdóneme que en esta ocasión acuda a Wikipedia): “Ubicada en Polonia durante los años de la ocupación nazi, trata sobre dos miembros de una familia judía de clase media alta, una joven y su sobrino, que evitan la persecución como judíos asumiendo identidades católicas”. Al igual que en el caso de Ardiente secreto, esta historia está narrada desde el punto de vista de un niño, pero que no por eso le resta lo escalofriante e incluso terrorífico.

Varios factores fueron determinantes para que Kubrick no realizará jamás este filme. Lo primero fue que era —si lo piensa con detenimiento— técnicamente imposible, quizá hasta impensable, filmar una película de esa temática en Reino Unido. Eso implicaba salir de ese país, en el que tan cómodamente se encontraba, lo que provocó en parte que postergara el proyecto, en aras de encontrar una solución.

Lo segundo es que si bien tenía la noción total de la historia, con él nunca existía la seguridad y firmeza de un guion. No, por lo menos, mientras él no le hubiera dado punto y final, lo cual, con el paso de los años, jamás concretó.

Lo tercero es que en 1993 apareció La lista de Schindler, de Steven Spielberg, cuya huella dejó una impronta difícil de superar, no para Kubrick como director, sino por la percepción que el público o la crítica tuvieran sobre la temática. El tiempo no estuvo de su parte: justo le habría ocurrido lo mismo que pasó con Full Metal Jacket, que en 1987 fue un fracaso de taquilla, en cierto modo por culpa de Platoon, que en 1986 fue el paradigma del género bélico en Hollywood.

Si bien Kubrick lamentó todo el trabajo de fondo realizado (que fue un asunto de años), solo para no haber filmado nada, en realidad lo que más le afectó fue no trabajar con Johanna ter Steege, actriz francesa que él admiraba mucho y que sería protagonista del filme, y de quien convencimiento pleno de poder impulsar su carrera, ya que creía con mucha firmeza en su talento, el cual hasta el día de hoy sigue siendo desconocido entre el gran público.

Artificial Intelligence

En 1982 Stanley Kubrick logra hacerse con los derechos para realización cinematográfica del relato Super-Toys Last All Summer Long (que en nuestro idioma se ha traducido como Los superjuguetes duran todo el verano), publicado en 1969 por el escritor Brian Aldiss. De hecho, contrata al autor mismo para convertir su relato en guion, pero desisten a los meses por diferencias creativas.

Kubrick quería incluir en la historia el mismo planteamiento central de Pinocho, que es el deseo de convertirse en un niño, pero con una apuesta futurista, con inteligencia artificial incluida, además de un trasfondo aledaño bastante esotérico, filosófico, incluso endurecido, que —lo crea o no— se aproxima mucho más a la maravillosa propuesta que nos ofrece Black Mirror en sus primeras temporadas, en lugar del resultado que alcanzó en las manos de Steven Spielberg, que no tiene nada de malo, por supuesto.

Aunque se trajo este proyecto entre manos desde 1982, Kubrick se decantó, con realismo implacable, por hacer Full Metal Jacket y esperar a que la tecnología avanzara un poco más, porque estaba seguro de que con los efectos especiales de ese momento no podía lograr lo que quería.

Pero llegaron los años noventa y el proyecto lo siguió postergando. De hecho, al menos hasta 1994 todavía siguió trabajando junto con otros colaboradores en los pormenores, pero sin atreverse todavía a comprometerse de lleno con la realización. Y como todos sabemos, lo alcanzó la muerte en 1999 y decidió mejor dejar el guion para la posteridad. De hecho, en el documental The Last Movie: Stanley Kubrick & Eyes Wide Shut aparece una interesante declaración: “Creo que el director ideal de esta película es Steven Spielberg. Si la hago yo, el resultado podría ser demasiado rígido, puesto que podría enfatizar en exceso el aspecto filosófico”.

Fue, pues, un caso más donde el director tuvo la humildad de reconocer que una de sus buenas ideas se le escapaba de las manos, aunque —y eso hay que decirlo, sin importar la innecesaria reiteración— no era la primera vez que le ocurría, dados todos los casos anteriores mencionados, de los cuales aparentemente nos dejaron esperando por más obras maestras, que habría sido maravilloso ver realizadas de la mano de este extraordinario y visionario cineasta.

* * *

Entiendo que hubo muchos proyectos en los que Stanley Kubrick se inmiscuyó. Su curiosidad era impresionante, la cual comprendemos muchos de los actuales adictos al conocimientos. Quiso participar en series, documentales e incluso producciones para radio. En unas al final desistió por pudor y en otras no pudo concretar su respectiva participación. En la mayoría de casos no llegó a buen puerto con los términos y condiciones respectivas. Pero en todas, eso sí, participaba en ese juego un poco autoritario de tratar de imponer su estilo y punto de vista, lo que de seguro fue un lastre para los posibles rechazos.

Kubrick me deja la impresión de que quería probarse en cada tema, en cada género, siempre y cuando sintiera que el proyecto valía la pena o le daba algún tipo de satisfacción inicial, una suerte de viaje al país de las maravillas. Ahora se sabe por chismes que incluso fue tentado a realizar westerns o películas de terror (aunque al final logró filmar esa peculiaridad del género, The Shining). En cierto modo era como volverse a probar a sí mismo, aunque en el fondo nadie puede escaparse de su propio estilo, ni siquiera él.

De todos modos Kubrick es esa clase de cineasta que despierta una curiosidad inmensa más allá de solo ver sus filmes más de una vez. En lo personal, le profeso una admiración profunda, de la que no he logrado desembarazarme y que no sé si alguna vez desearé hacerlo.

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