La destrucción de Nimrud es un espejo oscuro de la humanidad

Ahora lo de Nimrud nos parece un crimen y eso es un inequívoco signo de progreso humano. Pero hace menos de 500 años, en la mayoría de regiones del mundo, era la norma y probablemente en el pasado lejano era un imperativo, genocidio incluido. Hasta en el Antiguo Testamento de la Biblia (por mencionar un lugar común de la cultura occidental) se menciona en varias ocasiones eso de matar hasta los niños de pecho y destruirlo todo, cuando se trata de los pueblos enemigos.

(Este párrafo se lo puede saltar si sabe qué ocurrió en Nimrud en 2015. Lo coloqué de todos modos, por si algún lector, por mera casualidad, desconoce este evento)

Nimrud fue un importante patrimonio de la humanidad, por tratarse de uno de los primeros asentamientos humanos de los que se tuviera tanto material disponible, en buen estado de conservación y en un solo lugar. Pero durante los primeros meses de 2015, el Estado Islámico trabajó cada día, sistemáticamente, dinamitando, golpeando con almádenas y cualquier otro instrumento pesado, derribando y todo lo relacionado con la profanación y la destrucción. Fue así como Nimrud se convirtió en una de las más grandes pérdidas culturales de toda la historia humana reciente. El Estado Islámico, como sabemos, también ha destruido otros sitios arqueológicos importantes, como Palmira o Nínive.

Si bien se reconocen más de 7,000 idiomas y otros miles (más de 9,000) de dialectos e idiomas extintos, se cree con firmeza que hace más de 10,000 años había tantos idiomas que probablemente había lenguas distintas entre una y otra simple tribu vecina. Sumado al factor cultural, no es aventurado pensar que no existía una concepción madura de la otredad. Por consiguiente, no es ilógico creer que entre tribus vecinas podían colaborar y hasta llevar una coexistencia más o menos pacífica, al mismo tiempo que al caldearse los ánimos podían luchar de forma sangrienta y encarnizada hasta que una aniquilara a la otra. No es una exageración poética: la guerra por los recursos está ocurriendo incluso ahora mismo, en alguna parte del mundo, mientras usted lee estas líneas. Pero también por diferencias de creencias y por disentir políticamente, ahora mismo hay miles de seres humanos que están padeciendo lo peor de lo peor.

El ser humano, como bien sabemos todos, es una criatura frágil y temerosa, pero por esa misma fragilidad y por ese mismo temor es en extremo violenta. Piense cuando alguien reacciona y mata a la cucaracha por solo verla pasar, o cuando mata a una araña inofensiva, o toma un palo y mata a un ratoncito cuya primera reacción es huir. Y esto puede llegar más lejos y sobrepasar la cuestión de la violencia física: como cuando una persona se siente amenazada por otra —por superioridad intelectual, por experticia laboral— y busca serrucharle el piso de alguna manera.

Es triste pensar que la violencia —y sus derivados— sigue siendo el hilo conductor de la historia.

Lo que por tradición y cliché se nos ha mostrado como hombres de las cavernas, no vivían en cuevas propiamente. No en todos los casos y contextos, al menos. Eso que llamamos Edad de Piedra tendría que llamarse Edad de la Madera, como bien apuntan la mayoría de historiadores actuales: lo que ocurre es que la madera es más perecedera que la piedra, por lo que es imposible conservar utensilios y herramientas de esa época. Eran de la madera, eran tribales y poseían grandes crueldades, la mayoría inconscientes.

No me imagino cuántos vestigios fundamentales y de primer orden se perdieron por la falta de conciencia y de buen juicio. El encomiable papel de la historia y su paradójica inutilidad: si se destruye o censura la historia, quizá mañana todos olviden nuestras acciones más atroces. Lo sabían de un modo pragmático las tribus primitivas y también lo comprendieron españoles, portugueses, franceses e ingleses cuando vinieron a América y destruyeron miles de códices —y tantas otras cosas— que nos dejaron con un perpetuo silencio de tantas cosmogonías.

Ahora la historia se escribe en un tono más interesado y menos ingenuo, aunque también hay intentos más científicos. Al contrario de lo que se cree, en todas las épocas se le ha tenido pánico el poder de la historia, tanto por su poder liberador como por su carácter interesado: de ahí que sea inevitable el perspectivismo, aunque esto también es inherente a su naturaleza, porque los hechos siempre pueden estirarse, manipularse e interpretarse hasta límites insospechados. ¿Cuántos miles de libros más se escribirán sobre el pasado distante y reciente? ¿Cuántas ópticas de vencedores y vencidos? ¿Cuántos dedos acusadores levantaremos y el Estado Islámico —para el caso— seguirá sosteniendo su verdad?

Pienso ahora —se me ocurre— que suelo hacer reflexiones generalizadas y a veces distantes, y de golpe paso a mi lado chismoso y mezclo todo con alguna confidencia, o menciono ejemplos de carácter privado. Pues bien, ese defecto terrible se sigue repitiendo y esta ocasión no es la excepción.

Pienso en las anécdotas vergonzosas que a veces puede contar algún familiar o amigo en una reunión informal. Pienso en todas las cartas que alguna vez envié y que fueron tontas, caprichosas, patéticas y la mayoría de veces infantiles. Pienso en las veces que destruí mis propios escritos o todos los blogs anteriores a este que eliminé. Pienso en las veces que me equivoqué y pienso en las veces cuando me autoconsuelo y recreo hechos y circunstancias donde quedo mejor parado de como realmente pasó. Pienso en las horas bochornosas que me guardo para los golpes de pecho de consumo íntimo, sin necesidad de contarle a alguien —quién sabe si terapéuticamente— todo lo que me pasó, ha pasado o pasará.

Y pienso en todo eso que todos quisiéramos borrar, eso que usted desea que nunca hubiera ocurrido.

Aquellas culturas que pensaron en un dios de la destrucción no se equivocaron: eso forma parte de las características del alma humana y de uno de sus más extraños anhelos. Solo esperemos que algún día se termine el afán de la barbarie, que tan mal habla de nuestra naturaleza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .