Mi experiencia con la deep web

Escribir sobre este tema cuando está más que recontra pasadísimo de moda es algo que no deja de darme un poco de vergüenza, pero al mismo tiempo es algo que me parece natural en un mes como este, donde parece oportuno contarlo, como cuando nos dan el turno de contar un chiste viejo en una fogata.

De hecho, sé que cuando compartí hace ya unos tres años una entrada sobre este mismo tema, el rollo de la deep web ya era agua pasada, de la que incluso todos los curiosos ya se habían aburrido, porque técnicamente en la red profunda no pasa nada, o por lo menos esa es la impresión superficial que a cualquiera le puede dar. Y no hay mucho equívoco en ello: hay tan pocos usuarios en relación con la web común que todos utilizamos, que si uno no sabe dónde moverse es sencillamente una suerte de red vieja, sin muchos recursos, casi inútil para la mayoría de actividades cotidianas.

En mi caso, como conté en aquella vieja publicación, yo rastreaba información por dinero, y más o menos estaba enterado de algunos foros, sitios estilo imageboard y páginas html en formato directorio. Debo admitir que incluso encontré información que fue útil para mí y que de paso me enteré de cosas que preferiría jamás haber conocido. Nada de lo cual enorgullecerme, por supuesto, y dudo que sea algo más fuerte de lo que un usuario más experimentado podría alardear.

Pasé por la popular Hidden Wiki (bueno… ni qué tan popular… yo me topé con unas cuatro o cinco versiones de la dichosa wiki. Quién sabe cuántas versiones existirán ahora). Utilicé el típico correo electrónico que se autodestruye después de 24 horas de ser creado (al menos hace años así funcionaba el Mail2Tor y el Squirrel Mail), solo para poder crear usuarios en los sitios web que lo demandaban, como la red social Connect (una especie de Facebook primitivo) y los típicos imageboard (espero que del infame OnionChan ya no exista ni la más remota leyenda, aunque debo admitir que tenía usuarios inteligentes que de vez en cuando compartían material interesante)que no dejan ingresar en algunos directorios sin haber registrado previamente un usuario.

Alcancé a utilizar Tor Library, a la que le agradezco varios PDF que en aquellos tiempos eran un poco difíciles de hallar. No fue en vano que tumbaran la página: así como tenía buenos libros de las más variadas artes y ciencias, también tenía bastante material cuestionable. De hecho, mi conocimiento de libros prohibidos aumentó exponencialmente gracias a esa página, al igual que con la legendaria Parazite, la propia (y no las actuales imitaciones), la inabarcable, la que prácticamente era imposible de terminar de navegar en sus infinitos directorios, con miles de archivos de toda clase y que para lo bueno servía de verdadero portal de noticias internacionales (al igual que varios sitios de la Freenet), ya que quienes compartían ahí eran verdaderos periodistas independientes no alineados (yo ahí supe más de Wikileaks o de Medio Oriente, que en cualquier medio prestigioso), asi como para lo malo era digna de la más caótica repugnancia, por su abundancia de manuales bélicos, de tortura, de fraudes y de cualquier otro material cuestionable que prefiero no abordar.

Y cómo olvidar el viejo TorDex, en aquella versión que solo traía el botón de I’m Feeling Lucky, cual Google en versión siniestra, que era básicamente como jugar a la ruleta rusa, porque uno escribía cualquier cosa y no sabía adónde iría a parar. Y aunque ahora suene exagerado decirlo daba un poquito de miedo, porque asi es como uno de repente se topaba con material ilegal, algún audiovisual traumático, etc. Y luego uno venía y decia: “¡Mierda! ¿Qué acabo de ver? Suficiente internet por hoy…”, y así, según la experiencia extrema —sí, aunque suene dramático— que cualquier curioso anduviera buscando.

Claro, tanta era la probabilidad de encontrar algo fuerte en la deep web, asi como también en aquellos programas peer-to-peer (el famoso Ares, Limewire, Vuze, BitTorrent, eMule, etc., etc., usted me entiende), pero la abismal diferencia radica en la experiencia de usuario, en el encuentro de interfaz directo, y no en el rango de despersonalización del software peer-to-peer instalado (excepto si utilizaba los FTP o los IRC, lo cual es otro nivel de experiencia), en el cual la más de las veces eran accidentes o travesuras que, eso si, se podían pagar caras si uno no estaba preparado con un buen antivirus.

Eso sí, hay que decirlo, uno de los grandes atractivos de la deep web es que recuerda mucho a como era el viejo internet, antes de la era de la ultraindexación de Google. Ahora principalmente nos basamos en su maliciosa lista de resultados, en lugar de aprender a navegar por nuestra cuenta o de utilizar otras alternativas. Pero el viejo internet es un equivalente a hablar del Viejo Oeste gringo: había de todo y había que aprender a sobrevivir en él, porque las sorpresas estaban a la orden del día. Es cierto que estaban las famosas cadenitas de power point, pero también se hallaba material ilegal con una pasmosa facilidad, casi de forma accidental y —otra vez… pero se debe reiterar ad infinitum— traumática.

De no ser por el negocio que los datos representan, uno creería que las regulaciones en verdad son una de las más grandes conveniencias de nuestros tiempos, aunque también la centralización es un tema amplio, necesario de discutir y que por el momento se nos escapa de las manos a quienes no somos expertos en esto.

Releo todo lo anterior y creo que me pasé de cotidiano y aburrido. Veo que hasta el día de hoy ya no tengo nada importante que decir respecto a este tema. Quizá porque aunque vi mucho material cuestionable (y no pierdo la maña de autocensurarme, al ponerme reacio a ser más explícito en mis descripciones), en realidad no me llevé un susto más grave, como que alguien me hackeara o algo sí. La mayor ironía de todas es que he cachado uno que otro virus o me han hackeado estúpida y vergonzosamente en lo que llamamos surface, en lugar de que me ocurriera en la deep web. Y resulta tan irónico, como el hecho de formar parte de la infinita estadística de esta clase de eventualidades, cual lotería que nos toca de vez en cuando. La suerte, como siempre, es el más interesante de los azares, en cualquiera de sus sentidos.

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