Gym

Mis amigos tienen el lindo gesto de regañarme por haber descuidado tanto mi cuerpo. Y quienes más confianza me tienen suelen decirme que por qué no hago ejercicio, teniendo el gimnasio prácticamente a la par. Y bueno, ni qué decirle: de niño fui gordito (hasta los 6 o 7 años), luego flaquísimo y escuálido como una ranita, y ya pasados los 25 años dejé de ser delgado para pasar a mi figura actual, que anda entre fofisano y regordete, si me atengo a que soy moreno y chaparrito, como dice la canción del chapín. Si me atengo a las clasificaciones médicas, ando como pasado de 30 libras, según la conveniencia de mi estatura y salud.

He sido un descuidado y estoy bien consciente de eso. De hecho, no me extrañaría que si llego a viejo me toque pagar la factura de los achaques por culpa de todos los excesos de mi juventud y mis años de universidad: sesiones maratónicas de estudio (que sigo pagando al día de hoy con mi desorden del sueño), comer y dormir poco, horas kamikaze de lectoescritura, trabajar y estudiar, y luego trabajar-y-estudiar-y-ser-papá, y en fin, luego de mi separación caí en los excesos más propios de la adolescencia que de alguien de mi edad, incluidas las trasnochadas para evadir mi realidad del momento.

Y bueno, aquí me tiene, decidiendo una de mis metas para 2020, que será tratar de arreglar al pobre estuche que me ha acompañado toda la vida y que he descuidado con profunda insensatez: mi propio cuerpo.

Mi rango de cuerpo anda entre el número 3 y el número 4, contando de izquierda a derecha. Aunque me acepto tal como soy, alguna vez fui como el número 1 no por esbelto, sino por delgado, de esos a quienes se les saltan las costillas.

No me voy a engañar con que en un año me pondré guapote o algo así. Ya soy feo de por sí y no tengo reparos en admitirlo. Ni en mi adolescencia ni en mi juventud, ni flaquito, ni con buen cuerpo y menos en mi estado actual: nada de nada cambió jamás mi suerte en la vida afectiva, que, por otra parte, todos sabemos que está más relacionada más con otros aspectos que con la sola percepción de la belleza.

Así que en realidad la meta radica en que trataré de iniciar un régimen de ejercicios para mejorar mi cuerpo, sí, pero también para no seguir descuidando mi salud. El ejercicio es algo necesario para gozar de una salud fisica más plena, y eso lo han sabido en todas las épocas de la existencia humana, ya que somos tan frágiles como que somos susceptibles de deteriorarnos con rapidez si no realizamos algunas cosas básicas, que entre ellas está el ejercicio físico.

Y no lo haré porque me sienta presionado, sino que por fin he caído en la cuenta que una rutina con una hora diaria de ejercicios me podría ayudar a distraerme de mis propios demonios cotidianos. De hecho, he estado pensando en que sería una buena oportunidad para escuchar algunos de mis podcast favoritos en lo que realizo alguna actividad fisica. Es más, tuve la fortuna en que hace unos días me regalaron unos pants estirables, para que no se vayan a romper por si hago algunas sentadillas.

Los vi, me los probé y con honestidad admito que sentí vergüenza. Creo que no me los pondría para ir al gimnasio, a menos que entrene en las horas en que el lugar esté más solitario. Y no, aunque no me lo crea, no lo digo por mi mal cuerpo: me daría pena aunque tuviera un cuerpo escultural, porque da la maldita casualidad de que soy pudoroso y bastante tímido. Así que tendré que hacer un esfuerzo personal con eso.

No me lo está preguntando, pero conozco bastante de calentamientos, calistenia, ejercicios aeróbicos y derivados, porque tuve curiosidad intelectual con el tema en alguna etapa de mi vida. Tengo incluso una colección de libros al respecto. De hecho, ahora que lo pienso, me doy cuenta que en todos estos años de bloguero jamás he escrito sobre eso, que es de un tema periférico relacionado con mi infinita curiosidad hacia las artes marciales. Pero eso, por el momento, da para otra cosa.

Y ahora que lo pienso, hace unos seis o siete años fue la última vez que tuve un par de zapatos deportivos. Dejé de usarlos porque siempre sentí que me duraban poco… de hecho, mi calzado promedio son botas, ya que estas pueden durar varios años, además de que me siento cómodo con ellas a la hora de elegir mi ropa de uso más cotidiano.

Pero bueno, lo importante no son los zapatos, sino encontrar las rutinas ideales para comenzar a hacer ejercicios.

De entrada me tocará un régimen de ejercicios de cintura, además de llevar un par de calentamientos básicos para comenzar a adaptar mi cuerpo al ejercicio físico. Como todos sabemos, si de entrada comenzara con las pesas, mi cuerpo lo resentiría no solo con un dolor injusto, sino que además me creará resistencia energética.

Luego sigue el cambio de dieta, pero eso será un proceso paulatino, ya que si hace de golpe nos crea un efecto rebote de inmediato, cuando dejamos de realizar actividad física. Basta ver los casos de actores que adelgazan en tres meses y luego de terminar un filme el efecto rebote les pasa factura y a los meses los vemos con increíble sobrepeso. Y debo admitir que esto de la comida será lo más difícil para mí, aunque tampoco es que sea débil de voluntad con ella: en realidad pertenezco al grupo de personas que comen lo que pueden y para lo que les alcanza.

Y en fin… comenzaré a formar parte de la lista de personas que se hacen la promesa de hacer ejercicios. Solo espero que no sea de quienes caen en las primeras de cambio. Trataré, por esta vez, tratar de pensar positivo y creo que pegaré en la pared alguna que otra frase de motivación para no desfallecer. De todos modos, el ejercicio es como la lectura y la escritura: un día a la vez.

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