Keep calm, My Friend, y actúa natural

Alégrate porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora

Frase atribuida al Buda

Querido amigo:

Primeramente, ¿cómo estás, My Friend? Quiero creer de corazón que muy bien, todo lo mejor que se pueda, pese a las noticias que tuve de tu mala salud. Lo sé, fui un canalla hace unos meses por no llamarte, pero ¿no te acordás cómo soy de penoso para esas cosas, sobre todo si tengo tanto tiempo de no hablar con alguien? Por si no has hecho la cuenta, tenemos cinco años de no vernos, aunque de vez en cuando nos escribamos por medio de las redes. Y ese de vez en cuando bien puede promediarse como una vez al año.

Supe, también, que publicaste por fin tu primer libro. No te imaginás cuánto me alegré por vos. De verdad, de todo corazón. Siempre fuiste más maduro que yo, por lo que cualquier cosa que venga a escribirte será como ponerme a inventar tonteras. Pero igual, espero que sepás que estos son tiempos en los que un libro puede cambiarlo todo, pero por puro azar también puede no significar nada: y que es más probable lo segundo que lo primero. Yo, como conversábamos en aquel entonces, jamás terminé de atreverme a publicar mis —como diría HCM— cuentos famélicos. Y he abandonado uno que otro proyecto de novela.

¿Te acordás de Dialoguemos, Pluma o Ruptura y Vanguardia? Nada de eso vio la luz jamás, más allá de su llamarada de tusa inicial. Pero fijate que hoy trabajo en una que solo es digital y que se llama Grafomaniacos. Presiento que alguna vez la has visto, aunque no podría saberlo, porque fuiste un experto para los silencios y guardarte siempre tu opinión con esta clase de cosas. A título personal puedo decirte que es lo que más se aproxima a lo que siempre quise hacer en una revista, pero que hay mucho por hacer… tanto, que a veces me desmotivo: pero. ¡hey!, nada es perfecto. Keep calm y actúa natural, My Friend. Siempre me lo dijiste.

¿Y cómo vas con la música? ¿Seguís tocando el trombón? ¿Cómo es la vida en Costa Rica? ¿Pertenecés a algún [sub]mundillo académico o cultural? ¿Qué ondas con los chambres sobre la historiadora que trabajaba en la UCR? No, mejor no me respondás. Pero dejo las preguntas en el aire, solo para que te des cuenta que bien o mal, por razones complejas de explicar, en Centroamérica uno se entera de lo impensable, incluso de forma involuntaria, como buenas culturas llenas de chismosos en todos los ámbitos, sobre todo quienes estamos en el triángulo norte.

¿Y de mí? Qué te puedo decir. No es que dude que te enterés sobre lo que pueda pasar en mi vida, más allá de lo que yo mismo pueda contarte: pero mi ventaja sobre la tuya es que yo no pertenezco ni he pertenecido a ningún [sub]mundillo. Es más, casi que podés considerar una casualidad, una entre miles, que vos y yo nos hayamos conocido. De todos modos con vos eran otros vaciles: éramos más de hablar de cualquier otro asunto, aunque al final involucráramos medianamente los asuntos personales.

Debo contarte que justo hace cinco años superé mi crisis alcohólica. Y no, por si me lo llegaras a preguntar, nunca volví a casarme ni nada: nunca he vuelto a tener ni siquiera una casualidad, como me lo decías. Vos me decías que el tiempo pasa y que tarde o temprano encontraría a alguien más… yo solo te dije que no estaba interesado en conocer a nadie más… dicho y hecho: sigo solo, a estas alturas de mi vida. Espero que un día podamos debatirlo, a la luz de lo que planteó Marie-France Hirigoyen en Las nuevas soledades. Por cierto, ¿te diste cuenta del nuevo libro que sacó? Es sobre los narcisistas. Espero encontrarlo un día, aunque sea pirata. Vos lo vas a hallar más rápido: allí donde estás los libros circulan mejor que acá.

De vez en cuando reviso tu perfil de Facebook para corroborar que sigue abierto. Veo que llevás años sin publicar nada. Nunca te he encontrado ni en Twitter ni en Instagram. Y es una pena que no nos tengamos de contacto en WhatsApp. Sé que nunca fuiste de redes sociales y que les restabas importancia. Yo era igual que vos, si te acordás, pero de un tiempo para acá tengo uno que otro perfil, a la espera de nuevos trabajitos —sí, ese rollo de la corrección de estilo por el que a veces me hacías burla—. ¿Te conté alguna vez que logré trabajar en uno que otro medio? Ahora que lo pienso, creo que es algo que nunca tocamos en nuestras conversaciones.

Siempre terminábamos hablando de cómo algún día nuestros contemporáneos reconocerían nuestro trabajo. Bueno, cada uno en su [sub]mundillo: vos como historiador y yo dizque como escritor. Vos ya publicaste tu primer libro, así que digamos que te me adelantaste. Yo, para qué te miento: de un tiempo para acá he dejado de tener interés en publicar. Los chicos de la revista con quienes trabajo habían logrado entusiasmarme, pero —acá entre nos— el orden de sus prioridades me ha dejado claro que jamás lo haremos. Al menos no juntos.

Pero fijate que los años me han enseñado también que uno nunca debe escribir pensando en sus contemporáneos. Eso sí, yo no estoy inventando nada: casi en todas las literaturas podés rastrear a uno que otro escritor o artista que bien lo sabía. De mi parte, que pasé años estudiando a Roquito, puedo decirte que él estuvo consciente del tamaño de su grandeza, pero creo que también sabía que si por sus contemporáneos fuera, una buena parte desaparecería todo rastro de su historia. Y vos sabés a qué me refiero, aunque sé que el tema es delicado.

Sé que en buena parte no estabas de acuerdo conmigo, pero considero que es probable que no llegués jamás al corazón de todos tus contemporáneos, o por lo menos a la inmensa mayoría. Ni a los inmediatos ni a los tangenciales. Incluso puede que ni a tu familia. Es más, podés llegar a convertirte en una persona muy poderosa y aún así ser desdeñado por tus pares, por tus congéneres generacionales. Siempre te mirarán con aquello de: “Tras esa bandera del éxito yo sé quién sos realmente”.

De todos modos vivimos en tiempos en que la fama dura apenas cinco minutos. Tanto en la red como en la vida real. No hay que emocionarse por esas cosas. Ya sé qué me dirías vos: que ya me resigné. Pueda ser, fijate… pueda ser…

Igual, desde mi punto de vista, me voy con menos clavos para el otro lado, si es que lo hay. Pero bueno, esto es solo el principio. Quiero pensar que algún día terminaremos de discutir este tema. Así que si estás vivo, My Friend, da señales de vida, porque hace ratos que no puedo localizarte por ninguna parte. Tampoco supe nada de Marroquín o de Olmedo: no sé si vos seguís en contacto con alguno de ellos.

Me da nostalgia pensar en aquellos años, en los que creíamos que convertirse en un intelectual orgánico no era imposible, sobre todo porque la ilusión de la izquierda seguía latente. Presiento que tu línea ahora es más anarco, pero dejaré mis reduccionismos para una futura conversación. ¿Y qué? ¿Al final te animaste con Gramsci? Yo nunca leí Orientalismo y el tema sigue sin atraerme. Para qué te doy paja. Pero eso sí, donde me hice el maje con Edward Said tuve más inquietudes con Homi Bhabha. Ahí te lo dejo.

Y bueno, My Friend, creo que me extendí demasiado. Pude hacerlo mejor, pero ya sabés, esto es lo que tengo. ¿Sabés qué? Cada vez son menos personas con quienes puedo tener una conversación más allá de lo cordial. No sé si te ha pasado. Y si no, claro, lo más seguro es que al final soy yo quien se terminó convirtiendo en un cretino.

Te mando un abrazo.

Atentamente,

Yo

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