Hacer por hacer

¡Cómo me encanta el contexto en el que se enmarca ese verso de la canción de Miguel Bosé! La verdad es que se llega a un punto de la vida donde no sabemos cuál camino deberíamos tomar. A unos les ocurre tarde, a otros temprano y a unos cuantos todo el tiempo. Yo pertenezco a este último grupo.

A veces quisiera tenerlo claro como muchas personas a quienes conozco a título personal, además de tantas historias de las que uno se entera, reales o ficticias, a medida que se camina por la vida.

De todos modos aunque uno quiera se hace lo que se puede, a menos que vayamos por la vida caminando con violencia, tomando por la fuerza lo que queremos, en un sentido metafórico. En El Salvador tenemos una expresión al respecto (y no sé si también se utiliza en otras latitudes una igual o equivalente): hacer la maldita. Hacer todo lo que esté a nuestro alcance, al límite de nuestras posibilidades, con tal de lograr lo que queremos: algunos incluso a través de métodos cuestionables.

El ejemplo más habitual que escuchará de un salvadoreño es hacer la maldita por una persona que nos gusta. Un comentario machista clásico: “¡Ah!, como no soy un culo al que le andás cayendo, no hacés lo posible para salir con las cosas. Si no, hicieras la maldita”. He pensado en todo ello, a propósito del orden personal de prioridades.

Quizá es solo un síndrome tardío de Año Nuevo o algo así, pero poco a poco me siento empujado a tomar acción en algunos —otra palabra guanaca que escuchará en el ámbito rural o la vieja escuela urbana informal— pendientillos, en un par de cosas sin resolver (en mi caso, como siempre), incluido el hecho de no tener un trabajo de verdad, como dirían mis amigos.

He pensado en volver a la encuadernación, pero tendría que invertir en materiales, además de conseguir un espacio para reabrir mi taller. Estoy fuera de forma, así que como mínimo tendría que volver a practicar, para ver qué tanto de técnica he perdido y cuánto me he oxidado.

A veces he sentido la tentación de volver al voluntariado, pero creo que ya no estoy para esos vuelos: mis energías debo dedicarlas a ganar dinero para sobrevivir y no puedo ya trabajar de gratis para nadie.

La corrección de estilo me aburrió tanto, que hasta llegué al punto de ni siquiera revisar mis propios escritos. De todos modos tengo más de un año de no recibir propuestas serias (como las tesis de grado o posgrado) y solo me salen personas que más o menos quieren escribir un libro, pero que en ese más o menos quieren que uno les ayude por precios básicamente ignominiosos, que solo denotan lo mucho que algunos de los colegas del gremio han minusvalidado el oficio. Pero si sigo con este ritmo, me tocará ceder y tomar cualquier trabajito de corrección que me salga, o será cuestión de ir a la caridad.

Durante más de un año he probado las plataformas de empleo que hay disponibles en la red y que publican ofertas para El Salvador, pero ha ocurrido lo que todos los mayores de 30 años ya sabemos: en mi país es pecado ser viejo y siempre buscan a los veinteañeros, incluso sin experiencia, de tal modo que la mayoría de treintañeros solo logran una oportunidad laboral a través de palancas, o como decimos los guanacos: conectes. Me han ofrecido en empleos como mudanza, carwash o incluso panadería, pero todo con periodos de prueba y pagos con los que prácticamente me están pidiendo que lo haga de gratis.

Varias personas me han pedido que no me queje al respecto, ya que es lo que hay y que debo conformarme. Y que por supuesto, uno puede ser feliz con lo poco que Dios da, porque la verdad de este mundo es que siempre hay alguien que está peor. Claro, yo prefiero no decir nada por respeto, pero usted y yo sabemos que bajo ese supuesto y esa lógica de las cosas, si no tengo derecho a sentirme miserable porque siempre hay alguien que está peor, tampoco debería de darme el derecho de ser feliz porque siempre hay alguien que está mejor. ¿En qué estamos entonces? La realidad, como siempre, es más compleja que solo basarla en apenas un par de filtros y parámetros.

Pero como decía, quizá debería volver a la encuadernación, que en mi caso es una especie de comodín o zona segura. He pensado también montar uno que otro taller sobre conocimientos que he acumulado por años y que siento que se están desperdiciando. Por ejemplo, he estudiado el estilo APA, Chicago y MLA por muchos años, como una forma de ofrecer un plus en el oficio de la corrección de estilo: si ya no me dedicaré a corregir, al menos debería de enseñarle a alguien lo que sé sobre esos estilos, aunque fuera de gratis, con tal de que ese conocimiento no se muera conmigo.

Estudié mucha literatura y mucha semiótica, pero siendo rigurosos, ni con todos esos años de quemar pestañas y de aprendizaje continuo a nadie le interesaría pagar: para eso están las universidades. Así que creo que ese conocimiento morirá conmigo. Lo del APA porque se lo piden a muchos en la etapa de estudiantes universitarios: así que con eso tengo más posibilidades, dentro de lo que cabe en este contexto y con las materias mencionadas.

Desde un punto de vista más implacable, la verdad es que desde un ángulo funcional sociológico guanaco la representación de mi vida es la de un completo inútil, me guste o no: ¿a quién le importa en este país la clase de conocimiento que he adquirido? Debí hacerle caso a mi familia y dedicarme —como ellos— al comercio informal. O estudiar Medicina o Derecho. Lo malo es que yo siempre fui malo en el trato directo y la persuasión, como vendedor, razón por la cual más temprano que tarde dejé de tomar empleos como dependiente de tienda y cosas así. Y ni qué decir con la ausencia de talento con mis manos… nunca fui bueno con la mayoría de oficios. De hecho, aprendí encuadernación por un proceso de persistencia de muchos años. Tanto así, que lo que yo tardé en aprender lo básico, conozco a otras personas que lo aprendieron en una semana o menos. Así de tonto.

Tampoco logré aprender ningún otro arte, como dibujar o tocar un instrumento, y con la escritura, pues, qué puedo decir: no logré mejorar después de cierto nivel de mediocridad. Así que, ¿qué hacer? Solo me queda hundirme en la tristeza o el optimismo del hacer por hacer. Al fin y al cabo, en esta vida siempre está la opción de aurea mediocritas, la verdad. Es lo que hay. Al menos para quienes estamos en la base de la pirámide.

La otra opción que queda es emigrar y buscar en otra parte ese cualquier cosa, con tal de sobrevivir. Igual, de todos modos, en el peor escenario, ¿qué más queda por hacer en El Salvador? O aplico también ese mismo cualquier cosa por apenas unos centavos, o busco una formación exprés para dedicarme a ofrecer un servicio como pieza de engranaje (maquila, call center, etc.). De nuevo viene a mi cabeza la posibilidad de una pequeña cafetería, como un ideal para hacer por hacer y pasar el tiempo, en lo que se me va el resto de mi vida. Pero incluso para ese sueño tan modesto se necesita una inversión inicial, que incluso lastimosamente en este país desesperanzado constituye un capital de riesgo, sin ninguna clase de garantía, por lo que ni los bancos y ni nadie da un solo centavo por algo así, sin las implicaturas y las garantías de seguridad que semejante riesgo conlleva, como hipotecar una propiedad o algo así. ¿Y cómo hacemos aquellas personas que no tenemos ni dónde caer muertas? Ni modo… algo se nos ocurrirá, algún día.

2 comentarios en “Hacer por hacer

  1. Hola, esta entrada se me había pasado por alto…una entrada pre-pandemia…que tiempos aquellos antes del cubrebocas, el alcohol en gel y con un poquito menos de incertidumbre y ansiedad que ya teníamos y que con la situación actual aumentó de forma colosal. Bueno, menos divagación voy a la entrada a una parte específica: “Varias personas me han pedido que no me queje al respecto, ya que es lo que hay y que debo conformarme. Y que por supuesto, uno puede ser feliz con lo poco que Dios da, porque la verdad de este mundo es que siempre hay alguien que está peor.” al igual que tú DETESTO esa frase y tu reflexión siguiente también la he hecho para mis adentros. Me alegra saber que no estoy sola 🙂
    Con respecto a que tus conocimientos de corrección de estilo no se muera contigo me recordó a los maestros artesanos y sus aprendices. No me engaño, la vida en épocas pasadas no era fácil tampoco pero da la impresión de que sostener un empleo hasta la vejez era más sencillo y había menos burocracia que ahora (eso es una pesadilla)
    En Latinoamérica, salvo un grupo puntual de personas, siento que estamos obligados, queramos o no, a aplicar el “Carpe diem”, a vivir el presente y nada más. No pretendo sonar pesimista ni generalizar, quizá el resto haga planes. No es mi caso, siento que no vale la pena porque nunca sé con qué buena nueva saldrá el gobierno de turno. Así y todo sé que hay países que están pasándola mucho mucho peor y me da impotencia. Yo quiero que todos los países de Latinoamérica estén bien y no es un cliché ni postureo. Asique lo nuestro es optimismo o tozudez o una combinación de ambas.
    Esto no creo que tenga nada que ver con el contenido de tu entrada o mi comentario pero se me ha venido a la mente esta canción cuando mencioné la burocracia: https://www.youtube.com/watch?v=eTdEmut8luM

    Saludos y me alegro que el Edwin del mes de diciembre, a pesar de la pandemia, tenga empleo 🙂

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    1. ¡Qué canción más genial! Y como siempre, tu opinión siempre va con las palabras justas, apuntando al centro de las cosas. Por otro lado, ahora que releo esta entrada me doy cuenta cuánto me repito en algunos temas jajajaja… definitivamente he mezclado los temas demasiado con mis asuntos personales. Me da un poquito de pena, pero ya no hay vuelta atrás.

      Qué complicado vivir en nuestros países. Por momentos es bastante desesperanzador. Al final nos queda hacer lo que está en nuestras manos y quizá de vez en cuando un poquito más, sobre todo para los nuestros, para quienes podemos darle un poco de lo mejor de nosotros. Ojalá no esté demasiado lejano en que nuestras sociedades vuelvan en sí, y que por lo menos se reduzca la brecha de hacerle la vida de puñetas al prójimo.

      Muchas gracias por tus palabras. Gracias por pasar. Saludos.

      Le gusta a 1 persona

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