La circunstancia de irse y volver

Yo, que tiendo tanto al pesimismo, estaba convencido de que tendría una nueva computadora en mis manos hasta bien entrado 2021. Pero una vez más la realidad se me muestra impredecible, y en todo lo caótico que me vino de uno y de otro lado, al menos recuperé la posibilidad de seguir trabajando con la herramienta que dispongo ahora.

Antes de continuar, cometeré una indiscreción que espero no afecte ni ofenda a ninguna de las personas mencionadas: de ninguna manera pretendo violar sus respectivas privacidades, ni abusar del privilegio de la amistad. Pero siento el impulso de hacer esto, a como dé lugar. Sobre todo por mis particulares circunstancias. Agradezco, de todo corazón, a las siguientes personas:

  • Irma Rebeca Aguilar
  • Doña Irma Elena Aguilar Valdez
  • Guadalupe Avilés
  • Marcos Eduardo León
  • Norvi Williams Aguilar Castaneda

Gracias a todos ustedes ahora tengo una computadora, con la cual puedo seguir trabajando. Sencillamente no está en mis posibilidades hacerme con una nueva o usada, por lo que este gesto es para mí algo impagable. Mil millones de gracias.

En fin…

Desde que escribo en este espacio nunca había pasado demasiado tiempo sin publicar. También hace varios años me ocurrió una circunstancia similar. Con una diferencia, eso sí: entre agosto de 2014 y abril de 2015 pasé sin computadora, aunque yo estaba decidido a no volver a escribir, por lo que ese tiempo perdido no me importó. Mis planes habían cambiado. Pero pasaron muchas cosas, entre otras conocer gente con gustos y aficiones similares. Así que, bueno, aquí estoy…

Es por eso que esta ocasión sí la resentí muchísimo, porque cada día que pasó lo percibí como un tiempo irrecuperable. Desde 2015 hasta principios de 2020 me había acostumbrado a escribir todos los días. El disco duro de mi anterior computadora parece muerto (larga historia, pero no reacciona casi que con nada… me tocará pagar a una empresa profesional de recuperación de la información, para ver si tal vez se puede hacer algo), por lo que habría perdido un archivo personal amplísimo, que no podría volver a formar, ni con un esfuerzo personal bastante grande, en los siguientes 5 años. No tengo ya ni las energías ni el entusiasmo de aquel entonces.

Al ver que mi computadora no tenía salvación y que específicamente mi disco duro estaba colapsado, mi moral se erosionó bastante, según debo admitir. Sumado a las circunstancias propias de la pandemia —que todos hemos pasado, por supuesto—, creo que fueron para mí días bastante malos, al menos en relación con ese rollo de la escritura. No podía concentrarme para leer y como tenía años de no escribir a mano, no lograba cuajar mis ideas de forma apropiada.

Lo que más me afectaba era que daba por perdida una investigación que me había tomado varios años, además que TODOS mis ejercicios, borradores y trabajos de escritura podrían estar perdidos para siempre.

Pero no me excusaré en ello, aunque sé que así lo parece. Cuando alguien de verdad quiere escribir, lo hará pese a las circunstancias y con lo que tenga disponible. Yo supongo que mi espíritu derrotista se acentuó y solo me tiré al perro, como decimos de modo coloquial en algunos de nuestros países.

Quien haya tenido su grado de pesimismo lo entenderá, pero el resto lo verá como un sinsentido. Eso sí: yo siempre supe que no es correcto guardar todo en una sola parte. Pero tampoco es que tenga el suficiente dinero para costear discos duros externos y etcétera. Y eso me da un poco de chirria: ¿quién lo manda a uno de pobre a meterse a estas cosas que requieren una inversión que sobrepasa lo modesto, sobre todo en las áreas de investigación? ¿Por qué no puedo vencer esta mi persistencia con algo que no me llevará a ninguna parte y mejor me dedico a ser vendedor ambulante, como la mayoría de mi familia? Misterio. De hecho, ni yo entiendo por qué sigo escribiendo este bodrio aquí y ahora.

Sentado frente a esta nueva computadora pasé unas cinco horas sin poder escribir una sola línea. Es todo lo que puedo decir, porque por ahora no soy capaz ni de autoexplicármelo. Creo que de nuevo ya me había logrado matar las ganas de escribir, por fin estaba aceptando mi realidad y el hecho de que este aparato lo tenga ahora pulsando sus teclas me deja el ánimo con más incógnitas que respuestas.

Tengo la firme creencia de que uno debe saber cuándo marcharse, sobre todo si uno tiene su pudor o su sentido del ridículo. Yo debería de estar claro de que esto es un hobbie y que jamás será otra cosa. Jamás. Sé reconocer en qué punto de las cosas me tomé todo esto en serio, pero quizá me faltó la sensatez de comprender que hay un lugar y momento para todo, no por un gusto hacia el destino, sino por una lejana objetividad hacia la observación de los hechos. Pero bueno, ya basta de autoconmiseración.

Después de varias horas frente a la pantalla pensé que nada saldría. Bueno… técnicamente nada bueno salió. Me siento feliz y nostálgico de haber vuelto. Creo que en todas las horas que pasé sin escribir nada solo pensé en que esta es una buena oportunidad de marcharse y no volver. Luego pensé en que mi último post era demasiado estúpido como para que fuera el último y que no estaría mal escribir uno o dos más, hasta que aparezca uno decente, con el que yo diga: «Esta es una buena forma de cerrar ñamfistrofio».

Le haré una última confesión, acá entre nos.

Creo que me había entusiasmado, cual niño pequeño, con la creación de contenido. Inicié mi podcast y ese mismo podcast lo transformé en un canal de youtube. NADA de eso tiene ni seguidores, ni suscriptores, ni reproducciones. Y no me importó. Yo seguí creando… estaba trabajando muchísimo contenido, el cual publicaría ya con calendario y todo. Solo porque sí, por disfrute y ejercicio personal, por emoción y entusiasmo infantil. Y creo que sencillamente me dejé afectar por perder todo eso. También tenía toda clase de escritos personales, incluidas un par de investigaciones, que si se pierden se irían años de pesquisas, como si nada. Pero también estaba trabajando en un ensayo que enviaría a un concurso nacional de literatura, que se realiza en mi país El Salvador. La fecha límite de entrega es el 14 de agosto. Si usted ve la fecha de hoy, sabrá hacia dónde voy: es imposible que escriba algo decente en pocos días, a menos que participe solo porque sí, por quitarme las ganas de hacerlo. Me pareció hasta una broma macabra del destino: tener computadora disponible justo ahora, ni antes ni después, y que sobre todo estuvieran estas circunstancias de la pandemia, por lo que no podía contar con ayuda adicional. Usted dirá: «Bueno, ya vendrán otros concursos». O tal vez pensará: «Bueno, no hay nada que se pueda hacer. ¿Vas a seguir escribiendo o no? Eso es lo que importa. Eso y que estás vivo».

Y bien…

Cuando nos morimos no nos llevamos nada. Y si no existió ningún legado —por grande, pequeño o insignificante que fuera—, entonces no hay nada que podamos hacer. Creo que por autoexorcismo, un día debería de ponerme a escribir sobre la falacia del costo irrecuperable.

P. D.: Me alegra estar de regreso…

2 comentarios en “La circunstancia de irse y volver

  1. Hola Edwin, siempre es bueno leerte no importa qué. Estoy contenta de que estés de regreso (ya te lo dije en otra entrada que la escribiste por el celular pero nunca está de más volverlo a repetir) . Yo creo que los blogs son como un registro de nuestros gustos, pensamientos e ideas, un lugar donde expresarnos.
    Una amiga bloguera me dijo que para ella su blog es como su casa y un espejo, que los seguidores y demás le da igual. Así y todo tiene sus lectores y t´u los tuyos, que ambos sabemos que el número total es una mentira y que siempre nos leen 2 o 3 personas asiduamente, pero ¡qué buenas personas las que me siguen leyendo con mis divagues y todo! Me han enseñado mucho, aprendí mucho y les estoy agradecida por ello. Espero seguir aprendiendo tanto de ellos como de mí misma, y quizá para ti también es así: aprendes nuevas cosas sobre ti.
    Saludos 🙂

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    1. Es cierto… se vuelve un espacio personal muy confortable. A veces temo que esto se haya vuelto una suerte de adicción y siento que eso no me gusta. Pero uno también se deconstruye, poco a poco, y eso es maravilloso, nos lean o no. Y gracias por tus palabras. Las recibo con mucho aprecio.

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